Las redes sociales se han vuelto en una compañía constante para todos nosotros: nos despiertan, nos informan y están presentes en cada momento del día. En medio de esa presencia ininterrumpida, es fácil perder el equilibrio entre ficción y realidad, debido a que las mismas afectan al cerebro de manera cognitiva y emocional.
Varios estudios señalan que el uso de las redes sociales afectan al cerebro debido a que fragmenta nuestra atención, dificultando la capacidad para concentrarnos en distintitas tareas.
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Se cree que la manera en que las redes sociales afectan al cerebro sucede porque las plataformas sociales están diseñadas para acaparar nuestra atención y, cuando se usan en exceso se hace más y más difícil ignorar la distracción. Esto conduce a un rendimiento cognitivo inferior y, de hecho, reduce la parte del cerebro encargada de mantener la atención.
Investigaciones demuestran que cada «like» o comentario positivo que recibimos en nuestras publicaciones hace que el cerebro libere dopamina, una hormona asociada al placer, que tiende a aumentar cuando buscamos algún tipo de recompensa.
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Esa dinámica nos mantiene en una especie de búsqueda en redes sociales; sin embargo, en el caso de los «likes» en redes, recibimos una gratificación instantánea por la que casi no debemos esforzarnos. Este tipo de recompensas resulta sumamente adictivo.
Cuando no necesitamos esforzarnos ni esperar para obtener recompensas, nos volvemos dependientes, buscando una dosis tras otra para volver a experimentar placer.
Esto no solamente vuelve a los usuarios dependientes a estos medios sociales, sino que, además, altera el sistema de recompensa, puesto que requiere cada vez más «likes» para generar la misma cantidad de dopamina, mientras que la ausencia de reacciones positivas suele dar pie a emociones negativas como tristeza, vacío, ansiedad o incluso depresión.
Dentro de los efectos que el uso de las aplicaciones sociales puede tener en nuestras capacidades cognitivas, resaltan las consecuencias para nuestra memoria.
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Por ejemplo, si en medio de una experiencia que estamos viviendo hacemos una pausa para documentarla, es decir, tomamos una foto o grabamos una «story» para las redes sociales, el recuerdo de lo vivido puede verse inhibido.
Investigadores han demostrado que las redes sociales no solo afectan al cerebro de manera cognitiva también pueden influir en nuestra autoestima y aumentar la ansiedad por perdernos algo, los sentimientos de inferioridad, la insatisfacción e incluso la sensación de soledad.
En conjunto, esto puede afectar cómo nos sentimos y empeorar los síntomas de estrés, ansiedad y depresión.
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Fuente: RT
Ciudad Valencia/LB/MG













