No conforme con lo vivido en Venezuela tras el doblete sísmico, ¡ahora estamos asustados con el fulano fenómeno del Súper Niño! La enseñanza que nos dejaron los terremotos del 26 de junio es que debemos estar preparados para cualquier contingencia, venga de donde venga. Así que ahora nos toca tomar previsiones antes de que ese niño malcriado llegue a azotar nuestro territorio.
Hay un dicho que reza: “Cuando veas las bardas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo”. En estos momentos, distintos países están siendo asediados por altas temperaturas que provocan incendios; las personas aprovechan cualquier fuente de agua para refrescarse y el líquido vital tiende a escasear por las mismas condiciones climatológicas. Es por eso que me puse a hacer la tarea e indagué quién es ese fulano “Súper Niño”.
Pero primero debemos entender de qué se trata este fenómeno y por qué a alguien se le ocurrió bautizar con el nombre de “El Niño”:
DE LA MISMA AUTORA: LA DAMA CENTENARIA DE NEGRO PRIMERO
- Los pescadores de la costa de Perú notaron que las aguas del mar se calentaban de forma extraña justo en la época de Navidad, por lo que decidieron bautizar el fenómeno en honor al Niño Jesús.
- Ausencia de peces: al subir la temperatura del agua, los cardúmenes desaparecían de la superficie, lo que afectaba gravemente la actividad pesquera.
- El Niño no tiene otra causa o explicación fundamental distinta a la interacción entre el océano y la atmósfera en el Pacífico tropical, pero sí existen variantes extremas (como el «Súper Niño») y factores de amplificación (como el cambio climático) que alteran la manera en que se entiende y se manifiesta este evento.
- El Niño no viaja solo: forma parte de un ciclo mayor llamado ENOS (El Niño-Oscilación del Sur).
- La parte de «El Niño» corresponde al cambio en la temperatura del agua del mar.
- La parte de la «Oscilación del Sur» representa la variación en la presión del aire entre el este y el oeste del Pacífico.
- Ambos fenómenos ocurren simultáneamente y se alimentan mutuamente.
- El Súper Niño: cuando el calentamiento del agua del Pacífico central supera los 2 °C por encima del promedio, se le llama informalmente Súper Niño. Este transfiere un volumen enorme de calor a la atmósfera y modifica de manera drástica las corrientes de aire de todo el planeta.
- Las altas temperaturas en Europa se deben principalmente a la formación de «domos de calor» o cúpulas de alta presión que atrapan el aire caliente, combinadas con un calentamiento regional que ocurre al doble de la velocidad del promedio mundial, según datos del Servicio de Cambio Climático de Copernicus.
- Domo de calor: sistema de alta presión estancado que actúa como una tapa, bloqueando los frentes fríos y calentando la superficie de forma contínua mediante una intensa radiación solar.
- Los domos de calor o cúpulas de alta presión también afectan a América del Sur. Aunque a menudo se habla de ellos cuando golpean a Norteamérica o Europa, este fenómeno atmosférico se registra con frecuencia en el subcontinente sudamericano.

¿Cómo afecta a Sudamérica?
- Olas de calor extremo: se han documentado intensas burbujas cálidas estacionarias sobre los países del Cono Sur, afectando con temperaturas extremas a regiones de Argentina, Uruguay y Brasil.
- Bloqueo climático: estos sistemas de alta presión actúan como una tapa que frena el paso de los frentes frescos y las lluvias, prolongando la sequía y agravando la crisis hídrica en regiones agrícolas clave.
- Interacción regional: en ocasiones, se combinan patrones de alta presión locales con fenómenos como la alta presión de Bolivia o variaciones en la temperatura oceánica, intensificando el calor en gran parte del territorio sudamericano. (*)
No es que este fenómeno no lo hayamos vivido antes en Venezuela; lo que pasa es que ahora lo llaman “Súper Niño” y en mi mundo, cual “semilla de ajonjolí”, puede ser devastador. Las entidades del Gobierno, conjuntamente con el pueblo, debemos ponernos las pilas para hacerle frente a esta amenaza, a pesar del duro trabajo que nos dejó la reciente sacudida de la tierra.
Ya los efectos climáticos se están sintiendo con días de mucho calor, tardes de un sol inclemente y nubosidades que desde lejos parecen tormentas que vendrán a refrescar el ambiente; pero resulta que, como en las vías de un tren, alguien cambia la trayectoria y todo se vuelve un espejismo.
En otras oportunidades da la impresión de que “los duendes juegan bowling allá arriba” (rayos y truenos) —cualquier parecido con otra parte de Venezuela no es coincidencia— y, finalmente, llovizna o cae un soberano “palo de agua”.

Una mariposa azul nos recibe en el río Vigirima
Es por eso que una amiga y yo nos fuimos a disfrutar de las aguas del río Vigirima antes de que estas mermen. A pesar de que ha llovido, el caudal es bajo, sin embargo, aún mantiene su corriente con bastante fuerza.

Cuando llegas a los predios de Vigirima, la temperatura cambia por completo, aun en estos días de calor: el frío nos recibe antes de cruzar el puente, confirmando que hemos llegado a la tierra de los petroglifos. Será un lugar perfecto para estar frescos en esos de calor extremo.
Arribamos temprano al lugar. En ese momento no había personas en el agua, estas van llegando a punto de las once cargados de sillas, mesa, música, puede que un cuatro o una guitarra y demás implementos necesarios para un buen sancocho.
También se ve a los ciclistas hacer su parada de rigor en la plaza de Vigirima. Allí está un señor que acostumbra a vender arepas, pastelitos y huevos sancochados; si no tiene café, va y busca en el negocio de al lado. Lo importante para él es que su clientela —que regularmente son los conductores de los autobuses— quede satisfecha y bien alimentada para comenzar la jornada del día.
Siempre que voy a ese sitio, una mariposa azul aparece. Mi amigo Norberto, que en paz descanse, nos decía que teníamos que pedir la aprobación de las deidades que protegían y hacían vida en la montaña para poder subir y disfrutar de sus aguas cristalinas.

Era en ese momento cuando veíamos revolotear, entre la copa de los árboles, a varias mariposas azules que se acercaban a los visitantes como señal de que se nos había otorgado el permiso. Cosas de la fe, mitos y leyendas de nuestro pueblo.
Ya mis pasos no llegan hasta la parte alta de la montaña; el devenir del tiempo es inclemente y debemos acatar su mandato. Así que disfruto de lo que nos ofrece en su falda: esos pozos fríos y profundos que despiertan los recuerdos. Contenta, hoy puedo decir: “Yo subí bien alto por sus laderas y disfruté hasta de una que otra caída”.
Con la inquietud de la llegada de ese tal “Súper Niño” me senté sobre una de las tantas piedras grandes que vienen rodando desde la cabecera del río y recordé que oía a lo lejos el aullar del mono araguato por los predios del Rancho de Mareo. Sonrío al recordar a gente maravillosa que ofrece lo poco que tiene con mucho amor.
En mi cámara tengo plasmada la esencia del que vive en la montaña, del conuquero, del que trabaja con el cacao y la de ese lugar tan querido como es el “Rancho de Flores” y al amigo Mareo, que vivirá siempre en mis relatos como senderista y guía turística. Hoy tengo la oportunidad de contar mis experiencias sobre la gran montaña de Vigirima a quien quiera oírlas.
*Información meteorológica sobre el fenómeno de El Niño documentada con apoyo tecnológico y de IA.
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Carmen Beatriz Pacheco (Caracas, 1951) es cronista, dibujante y aficionada al haikú y al microrrelato.
Ha participado en el Taller de Lectura y Escritura Creativa del Museo de Arte Valencia (MUVA) con el Prof. Ramón Núñez.
También formó parte del grupo CEINFOLEIM, dirigido por el escritor José Luis Troconis Barazarte.
Integra el Laboratorio Narrativo Zuaas en cuyo libro colectivo «Relatos de lluvia (historias que caen del cielo)» (2025) interviene con tres relatos breves.
Asimismo integra la Escuela Virtual «Historias en Yo Mayor» de la Fundación FahrenHeit 451 (Colombia).
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