A 59 años del terremoto de 1967, recordamos el evento sísmico que sacudió la capital venezolana la noche del 29 de julio, el cual, con una magnitud de 6.6 en la escala de Richter, conmocionó al centro del país durante 35 devastadores segundos.

Casi seis décadas después, el destructivo doblete sísmico del 24 de junio de 2026 reabrió y profundizó los peores miedos del pueblo venezolano, al repetirse la historia en el eje Caracas – La Guaira.

Aquel desastre de 1967 ya había demostrado, de forma trágica, que la capital se asienta sobre un valle con una geología altamente vulnerable; una realidad que el doblete sísmico del presente año volvió a evidenciar al confirmar que dicho eje interactúa a través de la misma falla geológica, lo que amplifica las ondas sísmicas por medio de sus sedimentos aluviales.

 

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Más allá de la tragedia, el terremoto de 1967 marcó un antes y un después en la ingeniería y la prevención en Venezuela. La catástrofe dejó en evidencia la imperiosa necesidad de estudiar los suelos de la región central y su comportamiento ante ondas sísmicas de gran magnitud.

 

Terremoto de 1967
Labores de rescate tras el terremoto de 1967.

 

El colapso de edificaciones construidas bajo normas consideradas seguras para la época obligó a los expertos a replantear por completo los criterios de diseño estructural.

Como respuesta directa a esta vulnerabilidad, el gobierno nacional fundó en 1972 la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis).

 

Ingeniería sismorresistente tras el terremoto de 1967.

 

Desde entonces, la institución se convirtió en el pilar científico del país, encargada de monitorear la actividad tectónica y dictar las pautas de construcción sismorresistente.

 

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Ingeniería sismorresistente tras el terremoto de 1967

El terremoto de Caracas de 1967 dejó de ser solo una catástrofe humana para convertirse en un enorme laboratorio de ingeniería a cielo abierto.

El colapso total de modernas estructuras de concreto armado en Altamira y Los Palos Grandes expuso vacíos normativos globales e impulsó profundas transformaciones técnicas en la ingeniería sismorresistente del país.

Antes de 1967, los códigos de construcción en Venezuela asumían el subsuelo de Caracas de manera uniforme; sin embargo, la destrucción selectiva en las estructuras demostró el fenómeno de interacción suelo-estructura.

 

Terremoto de 1967
La Guaira tras el terremoto de 1967.

 

Los ingenieros descubrieron que los profundos depósitos de sedimentos aluviales del valle de Caracas actuaban como un amplificador de las ondas sísmicas. Las vibraciones del suelo entraron en resonancia específica con edificios de entre 10 y 12 pisos de altura, provocando fallas catastróficas que terminaron súbitamente con la vida de 283 personas e hirieron a unas 2 mil más.

Las antiguas normativas de construcción antisísmica de 1955 demostraron ser completamente insuficientes. Pocos meses después del desastre, el Ministerio de Obras Públicas promulgó la Norma Provisional para Construcciones Antisísmicas de 1967.

 

La Guaira tras el doble terremoto de 2026.

 

Si bien el terremoto de 1967 obligó a crear regulaciones modernas, que dieron paso a las Normas COVENIN, el desastre de 2026 reavivó el debate sobre la necesidad de seguir trabajando por construir estructuras sismorresistentes bajo estrictos estándares internacionales.

 

Del laboratorio del 67 al doblete sísmico

El terremoto de 1967 trascendió la tragedia humana para consolidarse como el gran catalizador científico de la Venezuela del siglo XX.

Su legado más importante fue la transformación de la ingeniería civil y las geociencias en el país, lo que impulsó el descubrimiento de la amplificación sísmica en suelos aluviales. El sismo del 67 enseñó a la nación que la prevención no es una opción arquitectónica, sino una necesidad geológica estricta.

 

terremoto
Desastre del 67.

 

Mientras el sismo de 1967 obligó a redactar las normas sismorresistentes, el doblete de 2026 deja en evidencia que la ciencia ha avanzado; pero el verdadero desafío radica en la fiscalización rigurosa, el refuerzo de las estructuras antiguas y el control de la construcción informal para que el conocimiento acumulado salve vidas en el futuro.

Tras 59 años, el devastador doble terremoto de 2026 y la selectividad destructiva del eje Caracas – La Guaira, ha funcionado como un crudo espejo de esa primera lección. Las similitudes entre ambos eventos confirman que la geografía no olvida.

 

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Fuentes: MINCYT/Funvisis

Ciudad Valencia/Ernesto Cañizalez/ER

Fotos: Cortesía