La práctica del tickling trabaja las caricias de tal manera que causan cosquillas en paralelo a la sensación de placer ya que estimular la piel es un medio genial para alcanzar una excitación plena. Esto es efectivo debido a las terminaciones nerviosas presentes a lo largo de este extenso órgano.
Para ponerlo en práctica, hay que pasar las manos, la lengua o incluso una pluma por el cuerpo de la pareja, que sentirá una sensación de «hormigueo» o cosquillas que liberan endorfinas, serotonina y dopamina, que son conocidas como las hormonas de la felicidad.
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La clave está en hacer las caricias de forma muy sensual, para despertar la sensibilidad de las zonas erógenas. «El resultado puede ser un orgasmo o no, pero en la sexualidad lo importante es divertirse. Es una forma de conectar con el otro», plantea la sexóloga.
Existen ciertas zonas que son más sensibles a esta clase de estímulos. Por ejemplo, la planta de los pies, los costados, la zona del cuello, el vientre, la espalda y detrás de las orejas son ideales para efectuar esta práctica.
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Cuando las cosquillas de placer se realizan en mutuo acuerdo con la pareja, se genera un nivel de éxtasis muy fuerte y más aún si van acompañadas de gemidos y gritos.
Una de las innovaciones en tickling es el uso de vibradores líquidos. Este invento que parece sacado del futuro consiste en geles especiales que, en contacto con la piel, tienen un efecto vibrador muy singular, y se puede usar en pareja (también con uno mismo) para aumentar esa sensación de cosquilleo.
El Shallowing: Penetración superficial para explotar de placer
Fuente: TN
Ciudad Valencia / LA / DG













