Tirso Alvarado nació en la Guacara rural, entre samanes majestuosos y tradiciones folclóricas que marcaron su sensibilidad desde la infancia. Criado junto a su madre y familia, aprendió desde pequeño el valor del trabajo, ayudando a vender los productos que sustentaban el hogar. A los 15 años se trasladó a Valencia, donde comenzó una larga trayectoria en la industria de la construcción. Aunque solo cursó estudios primarios, la vida se convirtió en su verdadera universidad.
El despertar creativo tras los años de oficio
Tras décadas de labor en empresas constructoras, a los 60 años fue despedido luego de 15 años de servicio. Ese momento, lejos de ser un final, fue el inicio de una nueva etapa. Tirso montó una bodega en su casa y, con el tiempo libre, comenzó a explorar la pintura, la poesía y la escritura. Lo que antes era intuición se convirtió en expresión: letras, colores y reflexiones que brotaban como cascadas internas.

Un día, al pasar frente al Museo de Arte de Valencia (MUVA), se sintió atraído por un conversatorio de poesía. Entró por curiosidad y terminó revelando su alma de poeta. Al recitar su emblemática obra —“La soledad no es estar solo…”—, una señora exclamó: “¡Usted es un poeta!” Desde entonces, su presencia en el museo se volvió constante, y sus obras —realizadas con materiales reciclados— comenzaron a ser expuestas, transformando lo desechado en belleza.
LEE TAMBIÉN: ARS POÉTICA: UNA LECTURA | LUIS ALBERTO ANGULO
Hoy en día, Alvarado tiene un exposición en la sala Galia del MUVA con mas de 20 piezas su arte, el cual fue reconocido por figuras como el maestro José La Rosa, quien identificó en sus piezas influencias del arte cinético y el automatismo psíquico, todo desde una práctica empírica. En el ámbito literario, el maestro Armando Jiménez destacó la mística y la pureza de sus textos. El director del MUVA, Luis Salvador Feo La Cruz, recomendó que sus obras permanecieran expuestas de forma permanente.
La edad no existe, el alma no envejece
Hoy, a sus 80 años, Tirso Alvarado se siente como un adolescente. Agradecido con el Museo de Arte de Valencia y el Diario Ciudad Valencia, afirma que la edad no limita, que los adultos mayores no son mayores, y que el tiempo es solo una ilusión cuando se vive con pasión. “Soy sin límites”, dice con convicción, entendiendo que esa frase exige conocerse, trascender y desapegarse.
Su historia es testimonio de que la belleza puede surgir en cualquier etapa de la vida, que el arte no necesita títulos, y que la inspiración habita en los árboles, la lluvia, la luna llena y en cada rincón de la memoria. Tirso Alvarado no solo pinta y escribe: transforma, inspira y demuestra que vivir también es un acto creativo.
Ciudad Valencia / Diego A. Trejo










