1. Yo he visto la poesía dividirse.

No por forma.
No por rima.
No por escuela ni por siglo.

La he visto partirse como se parte la luz en un prisma:
negra, blanca, y —más tarde lo entendí— gris.

René Daumal en clase con El Prof. Arnaldo Jiménez me enseñó a mirar los extremos.
La poesía negra:
esa que se adueña del don,
lo convierte en espectáculo,
lo usa como máscara sin saber que invoca.

La poesía blanca:
esa que se despoja,
que sirve al misterio,
que no escribe para brillar
sino para callar más hondo.

Yo he sentido ambas.
He sido ambas.
Pero no me quedé allí.

 

  1. Yo habito el gris.

No como síntesis.
No como conciliación.
Sino como zona de tránsito.

La poesía gris es mi casa.
Allí el artificio no es vanidad,
sino herramienta ritual.
Allí el silencio no es pureza,
sino pausa que respira.

Yo no me esclavizo al don,
pero tampoco lo niego.
Lo interrogo.
Lo someto a gesto, a cuerpo, a escena.

La poesía gris es consciente de su máscara,
pero la lleva como quien sabe que el rostro
no es lo único que habla.

 

III. Yo escribo desde el umbral.

Entre el vértigo y la claridad.
Entre el rito y la ruptura.
Entre el yo que se expone
y el otro que me habita.

No quiero elevarme.
No quiero hundirme.
Quiero sostener el fuego sin quemarme.
Quiero que el poema sea espacio de negociación,
no de dogma.

La poesía gris no busca sentido:
lo construye en el acto.
Lo negocia con el cuerpo,
con la pausa,
con la convulsión.

 

  1. Yo no afirmo, yo palpito.

Negra, blanca, gris —
no son colores.
Son temperaturas del alma.

La negra arde.
La blanca purifica.
La gris sostiene.

Y en ese sostener,
hay ética.
Hay estética.
Hay riesgo.

Yo no escribo para decir.
Escribo para exponerme.
Para que el poema me revele
lo que aún no sé de mí.

 

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René Daumal-firma-poesía gris

 

Manifiesto de la poesía gris

por José Luis Troconis Barazarte

 

Yo no escribo para iluminar ni para oscurecer.
Escribo para sostener la agitación.
La poesía gris es mi territorio:
ni blanca como la renuncia,
ni negra como el artificio sin alma.
Es gris como la niebla que respira,
como el gesto que duda,
como el silencio que se atreve a hablar.
No busco claridad.
Busco resonancia.
No afirmo.
Me expongo.
El poema no es respuesta.
Es cuerpo en negociación.
Es máscara consciente.
Es rito que no promete salvación,
pero sí presencia.

 

***

 

José Luis Troconis Barazarte 1

José Luis Troconis Barazarte es artista, narrador, docente y sembrador de lenguajes. Licenciado y Magíster en Artes Visuales y Escénicas por Strayer College (Washington D.C.), doctor en Historia del Arte por Bircham International University y la Universidad de Salamanca (España), ha hecho de la interdisciplina su firma y de la cultura su morada.

Fue director de Cultura de la Universidad Arturo Michelena y coordinador cultural de la Alianza Francesa de Valencia. Fundó y dirige CEINFOLEIM, un espacio de creación y formación artística donde enseña siete idiomas, música y literatura creativa. Desde allí impulsa movimientos como Cacao Tekisuto, centrados en el mestizaje simbólico y la maduración lenta del arte.

Ha sido premiado en certámenes de relato breve en España, ganador de la Bienal Internacional de Literatura Vicente Gerbasi (2017) y ha publicado los libros Empáticos y Cartas a la Soledad (2025). Su obra circula en más de 30 antologías digitales. 

Interprete de lengua de señas, diseñador digital, guionista, director coral y fundador de FUNDÁCRO, su travesía creativa se nutre de la danza, el relato, la música y como médico de la sanación. 

 

Escribe como quien borda, con barro en los pies

cielo en la lengua, fuego en la voz,

con oído de calle y pulso de viento. 

Poeta que escucha lo que otros callan 

y traduce silencios en tinta viva.

(Reseña de Antonio V. Díaz B.)

 

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