Tulo Rivero en la Selección Nacional de Baloncesto

​Antes de las gestas continentales y del brillo de los criollos en las ligas del mundo, existió un pionero que enseñó al baloncesto venezolano a mirar más allá de sus fronteras. Hablar de Ramón Rosendo «Tulo» Rivero Álvarez es evocar la estirpe de los colosos que sentaron las bases del deporte de la canasta en el país.

¿Tulo?

​Nacido en Caracas el 16 de octubre de 1953, debe su célebre apodo a un afectuoso homenaje al segundo nombre de su madre, Tula.

Sus primeros pasos deportivos no fueron sobre el tabloncillo, sino en el diamante de béisbol, donde llegó a representar al Distrito Federal en torneos nacionales. Sin embargo, con sus imponentes 2,09 metros de estatura, el destino sobre la madera era inevitable. A los 15 años comenzó su formación organizada en la disciplina y, para 1970, con apenas 17 años, se proclamó campeón nacional vistiendo la camiseta capitalina. Su salto al profesionalismo no tardó: a los 21 debutó como pívot estelar de Ahorristas del Caracas, alzándose de inmediato con el título.

Tulo Rivero (Foto de Cancha Latina)

​El año 1975 marcó un hito histórico para el deporte nacional. Rivero se convirtió en el primer basquetbolista venezolano en firmar un contrato profesional en el extranjero al incorporarse al histórico club Gimnasia y Esgrima de La Plata en Argentina, donde militó durante dos campañas.

​En 1976 firmó su consagración definitiva en suelo patrio. Vistiendo los colores de Panteras del Táchira, conquistó el campeonato de la Liga Especial y se adueñó de la ansiada Triple Corona individual tras liderar el circuito en puntos (627), rebotes (322) y tiros libres encestados (95).

​Su recorrido internacional lo convirtió en un auténtico trotamundos del baloncesto:

  • Sudamérica: Defendió la camiseta del Fluminense en Brasil (1977 y 1980), el Club Atlético Cordón en Uruguay (1977) y Lotería del Valle en Colombia (1978-1979).
  • Europa: Abrió senda en el Viejo Continente al jugar en las segundas divisiones del Olimpia Milano de Italia (1979) y el FC Barcelona de España (1980).

​De vuelta a Venezuela, complementó su trayectoria con equipos emblemáticos como Anzoátegui, Lara, Zulia y Trotamundos de Carabobo. Además, ostentó con orgullo el brazalete de capitán de la Selección Nacional de Venezuela durante 17 años. En reconocimiento a su legado, el 11 de marzo de 1992 su nombre quedó inmortalizado en el Paseo de las Estrellas del Fórum de Valencia.

​En 1995, buscando el sosiego tras décadas de batalla en la pintura, se trasladó a Tinaquillo, estado Cojedes, para asumir la dirección técnica de Industriales. Allí fijó su residencia y fundó su propia escuela de baloncesto, donde aún transmite a las nuevas generaciones los fundamentos y valores que lo convirtieron en una leyenda inmortal de los tableros.

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Fuente: Jaime Macías

Ciudad Valencia/LSFLC