Una dama comía y bebía alegremente y tenía cuanto puede anhelar el corazón, y deseó vivir para siempre. En los primeros cien años todo fue bien, pero después empezó a encogerse y a arrugarse, hasta que no pudo andar, ni estar de pie, ni comer, ni beber.
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Pero tampoco podía morir. Al principio la alimentaban como si fuera una niñita, pero llegó a ser tan diminuta que la metieron en una botella de vidrio y la colgaron en una iglesia.
Todavía está allí, en la iglesia de Santa María. Es del tamaño de una rata y una vez al año se mueve.
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Relato de la tradición folklórica europea.
Tomado de ciudadseva.com













