Hace cuatro meses, la tierra bajo los pies de miles en Venezuela quebró no solo el concreto, sino la frágil cotidianidad de miles de hogares. Aquel 24 de junio, la geografía nacional mutó en cuestión de segundos, dejando una marca indeleble en la memoria colectiva. Sin embargo, en medio del colapso, el país descubrió una certeza soterrada bajo los escombros: que la solidaridad mueve, toca las fibras más íntimas y vuelve infinitamente más fuerte a un país cuando la adversidad lo acorrala.
El trauma, sin embargo, no entiende de cronogramas ni de estadísticas. En las laderas de La Guaira y los sectores afectados de Caracas, el proceso de duelo ha sido una tarea minuciosa y dolorosa.
Es el intento diario por recomponer una existencia fracturada. «mi alma desgarrada está hecha pedazos, parece un rompecabezas: pedazos por todos lados que tú ni siquiera sabes cómo armarlos y por dónde empezar», relató a la agencia Viory Adriana Velasco, una de las sobrevivientes.
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Homenajes por los que ya no están
El recuerdo de quienes perecieron, durante el sismo, 6.509 según cifras oficiales, es perenne. Se palpa en las esquinas, en los altares improvisados con flores secas, velas consumidas y peluches depositados entre las ruinas en honor a los niños que ya no están. La atmósfera en las calles afectadas no es la de antes; la algarabía caribeña permanece interrumpida desde el 24 de junio. Vigilias, oraciones y liturgias comunitarias intentan dar consuelo a quienes perdieron familias enteras.
«Cada momento duele, sabiendo que ya no están con nosotros«, murmuraba un transeúnte frente a un altar memorial levantado en el Litoral durante uno de los tantos días de cobertura casi ininterrumpida. Cada ocaso es un punto de quiebre para los que se muestran firmes a lo largo del día; es la batuta emocional que ha inspirado estoicidad a lo largo de estos días.

El retorno a las raíces y el calor de un techo propio
Con el paso de las semanas, la crudeza del desastre dio paso a un complejo proceso de reorganización territorial y familiar. El dolor fue abriendo camino al retorno. En medio del despliegue logístico, se han producido reencuentros cargados de dramatismo: abrazos apretados tras semanas de incertidumbre y miradas que han vuelto a conectar.
Para cientos de familias que habían preferido migrar a la zona baluarte en economía, el sismo significó el quiebre definitivo de su estadía. Ahora comienzan de cero en sus lugares de origen, lo hacen con los suyos, de la mano del arraigo que les reconecta con sus raíces.
Han pasado 122 días desde los dos terremotos y el país se encamina gradualmente hacia su recomposición. Detrás de la narrativa oficial del Plan Venezuela Renace, laten historias concretas: cerca de 2.500 familias han recuperado la tranquilidad al habitar viviendas que fueron estructuralmente rehabilitadas y más de 700 viviendas completamente nuevas han sido entregadas a núcleos familiares que sufrieron la pérdida total de sus inmuebles, permitiéndoles recomenzar sobre terreno firme.

Venezuela: respuesta del Ejecutivo
Para las familias beneficiadas, la entrega de una llave representa el cese de un estado de incertidumbre. «Se siente un poquito raro, porque duré casi cuatro meses viviendo en una carpa y estar aquí.
Siento que ahora descanso bastante» relata con evidente alegría Sonimar Figuera, una estudiante de 22 años que, junto a su madre, ha recibido una de las más de 700 viviendas transitorias, entregadas por el ejecutivo esta misma semana en Ciudad Caribia, un eje montañoso que conecta a La Guaira con Caracas.
Su historia se refleja en las más de 2.400 familias que han recibido sus viviendas rehabilitadas o en las cerca de 700 nuevas casas de la Misión Vivienda, también otorgadas por el estado.
Venezuela enfrenta sigue ahora en la fase, tal vez, más prolongada del desastre: limpiar y transformar cada vestigio de la tragedia física y superar el impacto emocional desde la resiliencia de su tejido social.
Transcurridos cuatro meses de la prueba más dura de su historia reciente, la población confirma que, cuando la emergencia lo exige, los ciudadanos son capaces de reaccionar al unísono y para la muestra de ello, el trabajo que no cesa en la zona cero junto a funcionarios de diferentes dependencias, porque la reconstrucción de La Guiara avanza sin cesar, han dicho las autoridades.
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Fuente: Extra Mundo News
Ciduad Valencia/M.Ll










