El corazón de la capital carabobeña se transformó este Viernes Santo en un escenario de profunda introspección y devoción. La feligresía valenciana salió a las calles para cumplir con la tradición milenaria de acompañar a Jesús en su entrega máxima, marcando una jornada donde el silencio se convirtió en la oración más resonante.
Desde tempranas horas de la mañana, el centro histórico de la ciudad vio transitar a miles de devotos que, movidos por la gratitud y la penitencia, iniciaron el recorrido de los Siete Templos.
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Recordemos que esta ruta, que simboliza el peregrinaje de Jesús desde el Huerto de los Olivos hasta el Calvario, unió a familias enteras en un mismo sentimiento de comunión e identidad cristiana.
El misticismo de las Siete Estaciones
La Catedral de Valencia es un baluarte de la fe regional y sirve como epicentro de esta jornada de duelo sagrado. Allí, frente a los monumentos preparados para la ocasión, los fieles depositaron sus intenciones en un ambiente de respetuoso recogimiento.
«No es solo caminar de una iglesia a otra; es reconocer que en cada estación Jesús cargó con nuestras debilidades», comentaba una de las asistentes mientras recorría las naves laterales del templo, evidenciando el sentimiento general de una ciudad que se detiene para mirar la Cruz.
Valencia acompaña al «Cristo en el Silencio»
A diferencia de otros días del año, el bullicio comercial de Valencia cedió su espacio a la solemnidad. La liturgia de la Pasión del Señor marca el punto álgido de la tarde, donde la Iglesia —despojada de adornos y en señal de luto— invita a los creyentes a la adoración de la Santa Cruz.
Este Viernes Santo no es simplemente una fecha en el calendario litúrgico; el silencio que hoy impera en los templos valencianos no es de vacío, sino de espera activa, acompañando al Redentor en el misterio de su muerte para, muy pronto, celebrar el triunfo de la vida.
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La ciudad que se inclina ante el silencio | José Luis Troconis Barazarte
Nota y Fotos: Lourdes Henriquez
Ciudad Valencia/MG





















