Durante la exposición de arte que organizamos en homenaje a Oswaldo Vigas, varios artistas y personas amantes del arte se han acercado a mi para dar sus opiniones sobre el gran pintor valenciano. He escuchado apreciaciones y argumentos sobre la temática de su obra, su técnica y especialmente (es inevitable) conversar y reflexionar sobre sus influencias.
Gracias a eso decidí adentrarme con mayor profundidad al trabajo, legado y formación de nuestro Maestro. Esto me permitió comprender y apropiarme un poco más del universo Vigasiano, este que sin duda alguna esta inmerso en nuestra autenticidad, nuestros símbolos, signos y códigos culturales.

Y es que el trabajo de Oswaldo nos acerca a su juventud, donde conoce los petroglifos de Vigirima y las estatuillas de cerámica desenterradas en las riberas del lago de Tacarigua y de Valencia. Fue de esta manera como nuestra cultura ancestral se fue convirtiendo en su inspiración inagotable y como en su paleta viven colores vibrantes del trópico, esos que permean sus lienzos.
Tiempo y contexto
Si hacemos una retrospectiva nos encontramos que los años 40 en Venezuela fueron de rigurosa formalidad. Lo figurativo aun domina la escena de las artes plásticas, especialmente la pintura. Mientras, en la escena mundial, la década se inaugura con el Guernica de Picasso, tras el cual hay un cubismo, un expresionismo y un surrealismo ya “institucionalizado” socialmente.

Esta década culmina con en el informalismo y el expresionismo (geometrización) abstracto. En esos años Oswaldo Vigas explora con su pincel los íconos que su intuición le ha revelado y trae a la realidad material del lienzo, imágenes que convocan magias ancestrales que lo harán dialogar con las esencias profundas de la cultura Venezolana, por ello el escándalo, en el año 1952, cuando recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas con su obra La Gran Bruja; un cuadro inspirado en la Venus de Tacarigua, cuya propuesta plástica esta fuera del orden visual que dominaba la museística del momento.
En ese cuadro ya está el trazo, el color, la pincelada y el gesto, que definirá a Vigas el resto de su vida, y está también la mancha con la que dialogará y debatirá con la pintura internacional, tras sus viajes por Europa y su larga estadía en Francia.
Sincronicidad o influencias
Ahora nos preguntamos ¿es original la propuesta de Vigas o es producto de la asimilación de otros creadores? Él mismo reconocía la influencia que ejerció en su trabajo Pablo Picasso de quien en 1949, en el Taller Libre de Arte, expuso seis obras, como también expresó su estrecha cercanía con Wifredo Lam quien participó en la Exhibición Panamericana de Pintura Moderna organizada por el Museo de Bellas Artes de Caracas en 1948. El primero lo superaba en edad por 44 años y el segundo por 21.
Vigas asistió a las dos exposiciones y apreció las obras de estos dos pintores. Es obvio que cuando Oswaldo decidió enfrentarse al lienzo, ya habían seducido su visión, las máscaras y líneas de Picasso, visibles también en lo impetuoso caribeño de Lam, quien, casualmente, fuera su ayudante de taller. Hablamos entonces, de una línea comunicante entre los tres creadores, una sincronicidad que los encuentra en una perspectiva mítica de trazar y rellenar la forma en el cuadro. Pero especialmente, de un motivo impulsor de una exploración plástica: el símbolo ancestral, que en el caso de Vigas definió una temática y muy especialmente, una sintaxis estética con la que elaboró nuevas figuraciones.
Comprendiendo al maestro
¿Podríamos decir que vigas tiene más influencia de Lam que de Picasso, o más de Picasso que de Lam? Bueno, la verdad considero que todo creador de manera consciente o inconsciente es influenciado por otro u otros artistas, sería negar su esencia, que no es mas que su existencia. Y es que todos de alguna manera nos sentimos atraídos ya sea por una vanguardia, un movimiento artístico, el manejo de la técnica, color o simplemente por la fuerza emotiva que impregna dicho creador o creadora en su obra, alguna de estas sin lugar a dudas siempre irrumpe de manera descarada nuestra visión, nuestro sentir y hacer creativo.

Sin embargo, si consideramos que Vigas tiene mayor influencia de Lam, deberíamos preguntarnos, pero ¿quién influencio a Lam? Al responder de manera evidente que por ser pupilo de Pablo, Lam lleva en su trabajo la impronta picassiana debemos afirmar que la influencia de Vigas claramente es la Picassiana.
Si, Vigas tiene entonces lo dominante, lo irruptivo y lo visionario de la obra Picasso, y claro ¿cómo no puede ser así? Si fue muy amigo del genio de la pintura. Pero más allá de lo anecdótico como dice mi querido y admirado Cheo Hernández. La diferencia entre Lam, Picasso y Vigas, es que nuestro Oswaldo logró crear y dejar nuestra propia huella en el mundo del arte. Oswaldo logró que cada venezolano viva y sienta en su trazo, su mancha y pincelada esa percepción permeada por la danza de signos visuales únicamente nuestros que se mueven al compás de trazos brujos que suscitan una nueva sensibilidad, nuestra sensibilidad ancestral que solo él logró retomar, refundir, revivir y honrar.
Dijo el maestro en su alta madurez “Cada día estoy más convencido de que la adquisición más importante en el arte contemporáneo es el habernos abierto el camino hacia el pasado arcaico… Nos remontamos a miles de años atrás, y eso es presente, no pasado. Cada gesto pictórico es una repetición de un acto arcaico, y eso es anterior al lenguaje hablado. La mano sabe más que la razón.»
Quizás esta sea la clave de lo perdurable de su obra, lo arcaico, eso que somos, por eso sus cuadros son tan impactantes y hablan desde lo profundo en colectivo y lo profundo de nosotros.
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En definitiva, Oswaldo Vigas nos transciende, nos eleva, nos trae y nos lleva una y otra vez a lo que somos, a nuestros orígenes más primitivos, sin ataduras, ni ofertismos occidentales impuestos. Vigas nos ha demostrado como los artistas venezolanos podemos permanecer en tiempo y espacio mientras sigamos en defensa de lo nuestro, de lo que somos y nunca dejaremos de ser, cual llama ardiente diluida en nuestra sangre desde siempre y para siempre.
“Nunca he sido rigurosamente abstracto ni rigurosamente figurativo, lo que he intentado ser es rigurosamente Vigas”.
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Penélope Tovar, artista plástica, egresada de la Escuela de Artes Plásticas “Arturo Michelena”; es también licenciada en Pedagogía Alternativa, mención Desarrollo Artístico, por la Universidad Nacional Experimental “Simón Rodríguez” (UNESR). Ha participado en exposiciones colectivas a nivel nacional (Galería de Arte) e internacional (Canadá, EEUU, Reino Unido, Portugal y España). Exposiciones individuales: Museo de Bellas Artes de Caracas y Museo de Arte Valencia (MUVA). Reconocimientos: Artista Joven del mes de Noviembre 2021 por el Museo de Bellas Artes, Caracas, Venezuela.
Actualmente es facilitadora en Arte-terapia en el Centro de Neuro-desarrollo “KOKIGYM”, apoyando en la rehabilitación de niños y niñas con discapacidad.
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