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Es curioso verificar constantemente la deformación que los modelos sufren al comparárseles con la materialización de los mismos en la llamada realidad. Los modelos se conciben como estructuras ideales. Ya el cielo aristotélico contenía las posibilidades de desarrollo del mundo de las ideas de Platón. El topus uranus, lugar donde viven los modelos eternos, las ideas que encarnan en la tierra y son deformadas por el mundo de nuestra percepción, de nuestros sentidos y nuestras emociones, por la corrupción de lo perecedero.

El ser humano desanda esta tierra, habita sus moradas siempre con un ideal por alcanzar, una tendencia a ser otro que no tiene carne, otro que aún no existe; este ideal, en muchas ocasiones, es un peso que termina hundiendo a su portador en frustraciones o lo conduce al suicidio pretendiendo salir del otro en él. También lo puede arrastrar hacia las alturas de lo sublime y transformarlo en un santo o en un guía espiritual. Freud lo llamó ideal del yo. A veces me es pedante la paranoica paterna en el psicoanálisis, pero en esos ideales late un fondo de espejo donde el padre nos mira fijo con sus profundos ojos llenos de nada. Los guías espirituales tienen la capacidad de destruir el modelo y habitarlo, por tanto, quedan huérfanos de referentes internos y pueden ser concebidos como “no seres humanos” o como sobre humanos. Me gustaría, sin embargo, que nos olvidáramos de Freud, ese hombre que descubrió el planeta platónico en el interior de la psique.

Hay tantos modelos como caprichos y anhelos tenga el ser humano que los crea. Todos nuestros sueños están contenidos en los modelos ideales, Dios es el más maravilloso de ellos, quizás por ser tan inalcanzable nos ha dado por inventar un ideal más a la mano y encarnarlo en los Mesías. En este sentido el paganismo sigue siendo una religión que tiene como base la comunicación más directa con los modelos ideales que tienden a comportarse como los creyentes, andar a su lado, metidos en las carteras, contenidos en las efigies, pidiendo velas y oraciones. Tan impresionante es ese modelo divino, absoluto, total, perfecto, auto-creado, como los modelos diminutos de la física contemporánea, se tiene un modelo de electrón, de átomo, de positrón, de neutrinos, sin que jamás se les haya visto ni se les pretenda ver. El electrón tiene casi todas las cualidades de Dios, se le encuentra en todas partes, su velocidad es tan impresionante que puede considerarse una paradoja para describirla, una velocidad estática.

Los poetas tienen un poema ideal que jamás logran escribir, los narradores un cuento. Por eso Borges aseguraba que todos los libros son el mismo libro que se escribe y se escribe sin término. Una de sus metáforas que más me gusta es aquella referente a un mapa del mundo tan exacto que cabe en el mundo mismo, lo reproduce en todos sus pormenores. Haríamos bien con olvidarnos de los modelos cartográficos, los mapas y todas aquellas sustituciones de la realidad. Sería ocioso indagar por estos meandros geográficos que nos van a llevar a vincularlos con ideales de dominio que muy pocas veces sufren quebraduras en sus círculos. Allí, en los modelos de poder, el ser humano siempre logra sus objetivos: matar de la mejor manera posible.

¿Acaso no hay ideales en los diseños de las armas y su puesta en escena de acuerdo a los adelantos tecnológicos y científicos del momento? En eso consiste la ociosidad antes dicha. El modelo señalado por el molde, casi siempre tiene acciones comprometidas, ambiciones coaguladas, metas políticas y económicas; contiene imposibles culturales.

Digamos algunas palabras en relación con los imposibles culturales. La igualdad es uno de estos imposibles. Ni siquiera la igualdad ante la Ley y ante Dios nos ha otorgado equidad en las relaciones sociales. Es un ideal imposible, no es sinónimo de utopía, porque esta puede llegar a realizarse. Los imposibles culturales no podrán ser realizados de ninguna manera, ni hoy ni dentro de diez mil años. La voluntad colectiva es otro imposible cultural, la modernidad creyó en ella durante varias décadas, Marx también la convirtió en su artículo de fe, relicario otorgado, como un testigo en una carrera, por Hegel y en general por la filosofía alemana. Toda voluntad es personal, no puede no serlo, en algún momento las voluntades pueden coincidir en sus objetivos como en una guerra o como en procesos electorales, en uno y otro caso son momentos que suman voluntades individuales hacia una misma meta y de ningún modo una volición colectiva compacta y homogénea.

El socialismo científico posee en su marco teórico dos imposibles culturales que son los que han ofrecido resistencia para que puedan regir una sociedad, la igualdad y la libertad. El ser humano, preso en sí mismo, no puede ofrecer ningún valor absoluto al prójimo, mientras olvidemos en los procesos macro sociales la etiología de las formaciones del individuo, estaremos chocando contra imposibles culturales.

 

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¿Qué señala la máscara? ¿Acaso no hay un ideal del rostro tanto hacia lo externo como hacia lo interno? ¿No nos buscamos cada vez que nos miramos en el espejo? Allí ese que nos observa nos devuelve una mirada que no siente satisfacción por lo que capta, porque lee entre líneas el rostro ofrecido y quiere darle verbo de origen a lo que ve y no se muestra. Esto es el vínculo entre las parejas, yo veo en el otro no una mitad perdida sino un ideal de mí mismo, este ideal se mantiene como un ensueño mientras el otro satisfaga mi creencia de haber encontrado el modelo, cuando ya no pueda sostener más mi fe comienzan los problemas de desencuentro y el pasado cobra relevancia y muestra sus errores. Entonces surgen las comparaciones: yo pensé que tú eras distinto; yo creí que tú no eras igual a…

 

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Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.

Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).

Ha publicado:

En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).

En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021).

(Tomado de eldienteroto.org)

 

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