Inicio Cultura Yolanda Mijares, la memoria en sus manos | Marhisela Ron León

Yolanda Mijares, la memoria en sus manos | Marhisela Ron León

Yolanda Mijares junto a San Juan-Patanemo

En Patanemo, la vida pasa distinto, tanto que Yolanda Mijares, a sus 84 años, lo expresa con sus manos: «Yo no estoy para regalar mi tiempo a nadie», dice con la contundencia de quien sabe lo que vale cada segundo invertido en crear.

Nacida en Puerto Cabello y curtida en la Caracas, donde se inició en el mundo laboral como operadora de comunicaciones, llegó a este rincón de la costa carabobeña hace cuarenta años. Se quedó. Echó raíces profundas, tan profundas que asegura que de no querer tanto a esta tierra, se habría marchado al año. Hoy su nombre y su firma artística, «Yolmij», son sinónimos de la identidad cultural de la región.

 

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Yolanda Mijares-muñeca B

 

Su camino en el arte no comenzó en una academia, sino en la urgencia de la vida. Al llegar de Caracas a Puerto Cabello, buscó el apoyo de vecinos conocidos, pero fue su propia inventiva la que le abrió puertas. Yolanda empezó haciendo pequeños «muñequitos» para adornar carros, aprovechando su destreza manual para generar ingresos. Con el tiempo, en Patanemo y bajo la sabiduría popular de la señora Blasina Mendoza, una mujer del campo de «mentalidad increíble», aprendió a trabajar las esteras, diversificando su producción.

 

Yolanda Mijares-cesta B

 

Pero el arte le viene de casta. Yolanda es prima del pintor Gregorio Jacobo Mijares, «Niño Bonito». Aunque su primo prefería el aislamiento en su «vega» para crear, Yolanda absorbió la esencia de ese entorno artístico y pulió su técnica del puntillismo con las enseñanzas de otro pintor a quien ella se refiere como «Anastasio». Tras muchos años de dedicación, se ha consolidado como una artista plástica y artesana.

El trabajo de Yolanda es un testimonio vibrante de la vida en la costa. Su creación siempre celebra la tradición y la naturaleza: Sus cuadros cuentan historias de la comunidad cerca del mar. Con un estilo ingenuo, cercano al arte naíf, pinta desde escenas de pesca, donde hombres luchan con cangrejos gigantes frente a la playa, hasta la imponente arquitectura del Fortín Solano en Puerto Cabello. Sus pinturas celebran la música y la cultura afro, con grupos de tamboreros y bailarinas que parecen moverse al ritmo de sus trazos decididos.

 

Yolanda Mijares-pescadores B

 

Sus muñecas son una extensión de su meticulosidad. Crea desde figuras tradicionales de tela con faldas de lunares, encajes y sombreros de paja tejidos por ella misma, hasta tiernos peluches de animales. Destaca su trabajo con la tapara. Hace muñecas, maracas y tambores decorados. Todo lo que se le ocurre.

Su trabajo con la enea se manifiesta en la creación de sombreros y piezas de tejido que demuestran su conexión con los materiales del entorno.

 

Yolanda Mijares-bailadores de tambor B

 

A pesar de la sencillez de su vida, Yolanda defiende una ética de trabajo inquebrantable: «Dentro de la pobreza, me gusta mucho la limpieza», dice defendiendo la dignidad en lo cotidiano. Su orgullo se refleja en el cuidado de cada pieza y en los reconocimientos que atesora, como su participación en salones de arte y ferias estatales desde la década de los 90 del siglo XX.

Yolanda tiene tres hijos que residen en Valencia y quienes apoyan esta vocación que la mantiene activa y vital. En una de sus recientes fotos aparece junto a sus cuadros y la estatua de San Juan Bautista de Patanemo. Allí Yolanda Mijares se nos revela como lo que es: una guardiana del patrimonio, una mujer que no es «un Reverón», como ella misma afirma, pero que en Patanemo se sostiene con una luz distinta e inseparable de su paisaje.

 

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Autora: Marhisela Ron León

Ciudad Valencia/RN/Foto de la artista: Gaudis Rodríguez