Aquellas frases que nuestras abuelas soltaban con un café en la mano y la firmeza de un juez dictando sentencia conformaron el inmenso repertorio de la sabiduría popular. Hoy recordamos uno que resuena con especial gracia y resignación: “El que nace barrigón, ni que lo fajen chiquito”.
Pero, ¿de dónde viene esta idea y qué nos quiere decir realmente? Vamos a desarmar este dicho con humor y un toque de realidad.
El origen de la faja: Un truco del pasado
Para entender la frase, hay que viajar un poco en el tiempo. Antiguamente, existía la costumbre (y el mito) de envolver o apretar fuertemente a los bebés recién nacidos con fajas o mantas apretadas. La creencia popular decía que esto ayudaba a que los niños crecieran derechitos, con buena postura y, de paso, sin una barriguita abultada.
El refrán nació de la constatación de un hecho inevitable: si el bebé venía con su contextura o su forma natural, por más que la mamá o la abuela lo apretaran con metros de tela durante sus primeros meses, al crecer la naturaleza terminaría haciendo de las suyas.
Lo que realmente significa (más allá del abdomen)
Aunque habla de «barrigas» y «fajas», el refrán no tiene nada que ver con la nutrición ni con el gimnasio. Es una metáfora sobre la naturaleza humana, la personalidad y la esencia de las personas.
En términos sencillos, lo que el refrán nos dice es:
- Si alguien tiene un rasgo de carácter muy arraigado (ser terco, despistado, generoso, dormilón o malhumorado), no hay corrección, filtro o disimulo externo que se lo quite del todo.
- Por más que intentes moldear, educar o “fajar” a alguien para que sea de una forma diferente a su naturaleza profunda, tarde o temprano su verdadera forma saldrá a relucir.
Ejemplos de la vida cotidiana
Todos conocemos a alguien a quien este refrán le sienta como anillo al dedo:
El amigo eufórico y ruidoso: Intentas llevarlo a una biblioteca o a una cena elegante y le pides: “Por favor, mantén la calma hoy”. Pasan diez minutos y ya está contando un chiste a carcajada limpia. El que nace barrigón…
El eternamente desordenado: Le regalas organizadores, etiquetas, agendas electrónicas y le ordenas la habitación. Tres días después, la ropa vuelve a estar sobre la silla. …ni que lo fajen chiquito.
El terco de la familia: Da igual cuántos argumentos lógicos le presentes; morirá con la suya. Nació así y no hay faja social que reduzca esa terquedad.
¿Determinismo puro o simple humor?
¿Significa esto que las personas nunca cambian? Tampoco hay que ser tan drásticos. La vida, los años y los golpes nos enseñan a pulir los bordes más filosos de nuestro carácter. Podemos mejorar, aprender buenos modales y controlar nuestros impulsos.
Sin embargo, el refrán nos recuerda algo muy sano: la autenticidad es terca. Intentar cambiar la esencia fundamental de una persona (o la de uno mismo) suele ser una batalla perdida y bastante agotadora. En lugar de gastar energía intentando “fajar” a los demás para que se adapten a nuestras expectativas, a veces es más sabio sonreír, aceptar las características de cada quien y disfrutar de la diversidad de personajes que nos rodean.
… No te frustres»
La próxima vez que veas a alguien cometiendo el mismo tropiezo de siempre o mostrando ese rasgo que lo caracteriza desde que lo conoces, no te frustres. Recuerda la sabiduría de la abuela, sonríe y piensa: “El que nace barrigón, ni que lo fajen chiquito”. Al fin y al cabo, ¡esas particularidades son las que nos hacen únicos!
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Fuentes: Venezuela Tuya/ Diccionario Venezolano (Registro de Modismos y Regionalismos)/ Puericultura tradicional y medicina popular en Iberoamérica
Ciudad Valencia/Luis Salvador Feo La Cruz













