Mohamed Abí Hassan-taller de cine-Edgar Narváez
…En la parte inferior del escalón, hacia la derecha,
         vi una pequeña esfera, de intolerable fulgor. Al
       principio la creí giratoria; luego comprendí que ese
         movimiento era una ilusión producida por los
         vertiginosos espectáculos que encerraba. El
      diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros,
         pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución
         de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos)
         era infinitas cosas, porque yo claramente la veía
         desde todos lo puntos del universo… Yo querría
         saber: ¿Eligió Carlos Argentino ese nombre, o lo
         leyó, aplicado a otro punto donde convergen todos
         los puntos, en alguno de los textos innumerables
         que el Aleph de su casa le reveló?

 

                                          Jorge Luis Borges. El Aleph (1949).

J. L. Borges

Como el memorable personaje de Borges, Carlos Argentino, que en El Aleph recorre todos los parajes del mundo sin lograr moverse siquiera dentro del intrincado y penumbroso sótano donde se encuentra; Petra mira un poco más allá que el común de los mortales y hasta suele llevar un registro minucioso de cada calle, cada casa, cada alma que vive y convive en su universo particular.

Nada ni nadie escapa a su acuciosa mirada detectivesca de sempiterna cronista no oficial del municipio, desde comienzos del pasado siglo XX, siendo apenas una moza, hasta el adiós de su partida a comienzos de la presente década.

Ora nos habla en su libro de Memorias* de las bodas de los años 30; ora de las costureras de los años 20, haciendo énfasis en el módico precio de sus labores: entonces, 150 bolívares por un traje de niña, y hasta tres bolívares por un calzoncillo. Nos recuerda que fue testigo de la inauguración del puente Alí Gómez, en 1927, y de la ocasión cuando en 1932 vio por vez primera al general Juan Vicente Gómez (alias “El Bagre), recién cumplidos sus nueve años de edad.

*Memorias, de Petra Ascanio, fue publicado en 2006 por el Fondo Editorial Diego Ibarra (Foedi), en la colección Hermes Boza Müller de nuestra editorial alternativa.

 

Memorias

Petra Ascanio-libro-Memorias

“…Estas memorias se las dedico a mi inolvidable madre Cruz del Carmen Marrero Blanco de Ascanio y también a mi entorno familiar y amistades…

Con estas palabras comienza Petra  su singular y curioso libro cargado de recuerdos, donde podemos apreciar ese largo viaje “En busca del tiempo perdido”, que nuestra amiga emprende, inevitablemente trayéndonos a la memoria la novela de Marcel Proust (París, Francia, 1871-1922), quien haciendo gala de un gesto heroico, permaneció recluido a voluntad durante quince años, en el 102 del bulevar Haussman en París, donde hizo cubrir las paredes de corcho para aislarse de ruidos y dedicarse sin ser molestado a su obra maestra, logrando realizar un retrato vivo del París de su época.

Destacamos que las memorias se basan en los recuerdos de vivencias, pensamientos, experiencias y sensaciones que tuvo en su momento el creador de la obra como protagonista o testigo de los hechos narrados, caracterizándose por ver y transmitir dichos acontecimientos desde su punto de vista. A diferencia de la autobiografía que busca referir su trayectoria vital de forma completa, las memorias son solo una narración parcial de la vida del autor.

Resulta oportuno señalar que como género literario las memorias comenzaron a destacar en la primera mitad del siglo XX, como  se evidencia con la presencia de obras escritas como Confieso que he vivido, de Pablo Neruda, o en La arboleda perdida, de Rafael Alberti, entre otras.

Al respecto, Miguel de Cervantes en El coloquio de los perros, hace énfasis en la trascendencia que puede tener la memoria escrita:

 

Los perros aúllan a la muerte;
las vidas, es verdad, se
pierden­­ –para que pase la
vida. Las memorias quieren
contar lo que pasa en la vida.
Por insignificante que sea una
vida, nunca se acaba de contar
lo que pasa con ella.

 

N.B. Como parte del anecdotario, llama la atención que la edición de estas memorias tuvo gran acogida entre el círculo de amistades de nuestro personaje, al extremo de verme obligado a pedir, en calidad de préstamo, un ejemplar para lograr realizar esta crónica; incluso su autora vivió la misma experiencia.

 

Continuando con el tema que nos ocupa pasamos a la siguiente página del libro, hasta llegar justo donde Petra continúa hurgando en su prodigiosa memoria borgeana:

“…También, mis queridas tías Natividad, Paula y Columba nos contaban muchas cosas, tanto de Mariara como de Maracay, y siempre decían: “No se olviden de todo lo que oyen de nosotras, para que cuando crezcan se lo cuenten a otras personas”.

 “Aquellas palabras no cayeron a tierra pues aquí estoy transmitiendo todo aquello que quedó grabado en mi mente, cuando apenas empezaba a captar aquellas enseñanzas a las que le di el nombre de “Escuela de la Vida”. Mi liceo y mi  universidad vienen de mi hogar, mis maestros, mis padres, mis tíos, tías y vecinos”.

 

Primera visita

Petra Ascanio-retrato joven

“Era el mes de noviembre de 1902. Llegó una carreta de mula tirada por un hermoso caballo. Se estacionó frente a su casa y bajó una joven señora con una niña de nueve años llamada Natividad Ascanio, y ella se presenta como Basiliza Ascanio Benítez. La señora Juanita y su hija Elisa reciben aquella visita con mucha cordialidad. Seguidamente les preguntan: ¿En qué podemos servirle? A lo que Basiliza responde: “Vengo a comprar un rancho, traigo cinco pesos…”

“La señora Juanita les obsequia un guarapo con hallaquitas de chicharrón. Al poco rato llega Elisa con Arminda Rodríguez, la dueña de la casita en venta, y después de presentarse, Basiliza le pregunta: “¿Cuánto pide por la casa? Arminda con mirada entrecortada le responde: “Pido siete pesos”. Entonces, Basiliza, mostrando el dinero que traía amarrado en un “bojotico” de su pañuelo,  le dice con voz firme: “¡Cinco pesos nada más es lo que traigo!”. A lo que Arminda responde negativamente, moviendo la cabeza: “Disculpe Usted, pero no puedo venderle la casa en ese precio”. De pronto entra Elisa como mediadora a participar en la diatriba, diciéndole con voz suplicante: “Acuérdese que este pueblo tiene que recibir a todas aquellas personas que quieran vivir aquí para que Mariara crezca”.

 “A este pedido de Elisa, la señora Arminda invita a Basiliza a ver el rancho ubicado en el centro de un gran patio con un gran árbol llamado dividive, el cual arropaba con su sombra parte de aquel terreno que llegaba a la calle principal que en aquel lejano tiempo llamaban El Camino Real. Era el año 1902…”

 

Basiliza Ascanio presenta a sus hijos

“Instalada ya en aquella casa de bahareque, la joven señora llama a sus vecinos para presentarles a sus hijos, empezando por el hijo mayor: Este es Venancio, lo parí en 1885; este es Juan, lo traje al mundo en 1887; este otro es Julio, en 1889; esta es Natividad, la parí en 1891; y esta otra es Columba, en 1893…”

“Así llegó esta familia para quedarse en el pueblo. Entonces gobernaba el general Cipriano Castro. Transcurrió ese año y los siguientes… Mientras, la familia Ascanio se ganaba la vida trabajando en la hacienda y en la Casa Grande, que hacía las veces de gran pulpería que abastecía a los habitantes del caserío”.

 

Año 1919

“Llega el año 1919. ¿Cómo se conocieron mis progenitores, Carmen Marrero Blanco y Julio Víctor Ascanio? ¡Bueno!, sucede que Doña Hilaria manda a su nieta Cruz del Carmen a averiguar dónde vendían cambures, casabe y maní (eso me lo contaba mi adorada madre y hasta se le alegraban sus ojos).

Mamá me decía que al salir de la casa se encontró con un señor montado en su caballo y cuando la vio se detuvo y le preguntó:

 -Señorita, ¿de dónde viene usted?, yo no la había visto por este lugar.

-Somos de Maracay y venimos a vivir aquí.

-Bienvenida usted y su familia, yo soy Cleto Guanches, a la orden de ustedes.

-Yo soy Cruz del Carmen Marrero Blanco, sobrina de Lino y Rafael Blanco. Disculpe usted, señor, ¿sabe dónde venden maní tostado?

-En esa casita que se ve desde aquí vive la familia Ascanio, allá encontrará lo que usted busca.

La joven Carmen Marrero siguió el consejo de don Cleto Guanches, un hombre muy elegante, con los ojos azules. Así era don Cleto. ¡Muy decente y amable!

 

El encuentro

Aquella jovencita llegó al rancho indicado y preguntó: ¿Es aquí donde venden maní?, y enseguida salió un joven que al ver la muchacha le dijo:

-¿Dónde está ese Dios que me mandó este ángel?

(Aquel joven era Julio Ascanio,  quien posteriormente llegaría a ser mi padre).

Seguidamente se asomó la señora Basiliza y le preguntó a la joven:

-¿Qué busca, señorita?

-Ando buscando maní tostado y casabe.

-El maní cuesta una locha el “bojotico” y el casabe lo venden donde la señora Eusebia Tovar.

El joven Julio estaba estático mirando a la joven y rompió el silencio cuando le preguntó:

-¿Puedo saber su nombre?

-Mi nombre es Cruz del Carmen Marrero Blanco.

-Yo soy Julio Ascanio.

La señora Basiliza trajo cuatro ”bojoticos” de maní y la joven (quien posteriormente sería mi madre), le entregó un real.

Entonces, cuando el joven Julio quiso acompañar a la muchacha, la señora Basiliza lo tomó del brazo y le aplicó el refrán que dice: “No te vayas tan de prisa, enamorando a una rica, porque es negado el perfume para el que no tiene narices”. A lo que Julio le respondió:

-¡Lo que es del cura va pa’la iglesia!

 …Y en 1923 nace Petra Ascanio, la misma que escribe estas Memorias…”

 

Aquí hacemos un alto en el preciado legado que nos dejó nuestra amiga sobre la historia no contada de Mariara, ese largo viaje en el tiempo que Petra guardó celosamente en sus adentros durante un siglo casi, para finalmente compartirlo con las presentes y venideras generaciones.

Confieso que escoger los diferentes fragmentos de este singular libro que nos devela a grandes trazos cómo fue evolucionando el lar nativo de su autora, desde comienzos del pasado siglo XX hasta las dos recién pasadas décadas de nuestra era, con el objeto de fijarlos en esta crónica, nos resultó harto difícil debido a que todo el texto constituye un testimonio vivencial o libro abierto sobre las costumbres y el modo de vida de su gente.

 

LEE TAMBIÉN: “A Petra Ascanio se la llevó un pájaro en la boca (1)”

 

Al final podemos apreciar toda una galería de imágenes por la que desfilan sonoros nombres de personas y objetos que nunca habíamos escuchado o que cayeron en desuso, tales como: Basiliza, Eusebia, Arminda, Cruz del Carmen, Columba, Natividad, Cleto, bojoticos, peso, locha, real…

 

Igualmente, efemérides, alusiones a distinguidos personajes de la época, bodas de familiares y amigos, músicos, cantantes, costureras, también una reseña del primer cine del pueblo y de su fundador, así como una larga lista de los galardones recibidos por su trayectoria cultural o noticias sobre el ascenso del caserío a municipio en 1959. Así como una lista pormenorizada de las sucesivas elecciones de reinas de belleza de la comunidad, tertulias y veladas artísticas, todo ello conformando una viva estampa de la Mariara que Petra vivió, hasta dejarla plasmada en las palabras escritas por su puño y letra.

Esas mismas palabras que nuestra amiga utilizaba también para saludarnos con una sonrisa o increparnos por la tardanza involuntaria en la publicación de su obra, cuando fortuitamente nos encontrábamos en las calles de la vida y de los sueños compartidos:

 

¿Y cuándo vas a publicar mis memorias? ¡Recuerda que no quiero partir de este mundo sin verlas publicadas! …

(Continuará). ¡Salud, Poetas!

 

***

 

Mohamed Abí Hassan (El Tigre, 1956). Poeta, artista visual y editor independiente. Licenciado en Educación, Mención Artes Plásticas (cum laude), por la Universidad de Carabobo (UC). Ha ejercido la docencia en la UC y en la Universidad Arturo Michelena. Ha sido colaborador en las revistas Poesía y La Tuna de Oro (UC). Primer Premio II Bienal de Literatura Gustavo Pereira, Mención Poesía 2013; Primer Premio IV Bienal de Literatura José Vicente Abreu, Mención Poesía 2016; Primer Premio Concurso Nacional del II Festival 3.0 de Historias Comunales Ramón Tovar (2022).

Formó parte de la Comisión Rectoral del Encuentro Internacional de Poesía de la UC. Coordinó el Taller de Formación de Cronistas Comunales en Mariara, estado Carabobo, auspiciado por el Minci, la Revista Nacional de Cultura y el Centro Nacional de Historia. Actualmente se desempeña como facilitador de talleres de iniciación en la creación literaria, así como talleres sobre patrimonio histórico.

 

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