“El territorio de Venezuela comprende
todo lo que antes de la transformación
de 1810 se denominaba Capitanía Gene-
neral de Venezuela”.
“Venezuela será irrevocablemente libre
e independiente de toda potencia o do-
minación extranjera”.
Simón Bolívar. Artículo 5 de la Constitución
del 24 de septiembre de 1830.
Bolívar, en estas dos citas textuales, deja bien claro cuáles son los límites de Venezuela y su manifiesto deseo de salirle al paso, con todos los medios disponibles, a cualquier pretensión imperial que pudiera atentar en los tiempos por venir contra la soberanía territorial de Colombia la Grande.
Continuando nuestro recorrido en torno a la disputa territorial sobre el Esequibo, podemos comprobar cómo esta sigue llamando la atención nacional e internacional y últimamente la información sobre este apasionante tema ha aumentado con motivo del referéndum consultivo a realizarse el próximo domingo 3 de diciembre en toda Venezuela.
Al respecto, queremos dedicar la presente columna a profundizar un poco más sobre las cinco preguntas a responder durante esta jornada que, como ya dijimos, ha despertado el interés del colectivo por conocer un poco más sobre este territorio que, a pesar de pertenecernos, ha permanecido un poco al margen del conocimiento del soberano, debido entre otras razones a las fallas en nuestro sistema educativo para divulgar nuestra historia a nivel escolar, medio y superior.
Pero antes podríamos hacer hincapié en señalar someramente varios puntos claves en la cronología que veníamos desarrollando con anterioridad, con la intención de comprender en toda su dimensión las diferentes etapas por las que ha pasado esta controversia desde sus inicios en el siglo XIX hasta hoy día.

Es importante destacar primeramente, en relación con el tema que estamos abordando, que los pueblos originarios tienen una manera de delimitar su territorio diferente a la nuestra, basada sobre todo en sus creencias, no por líneas de demarcación establecidas en los mapas, como acostumbramos, sino repartiendo sus espacios geográficos por consenso entre las diferentes etnias, donde se conjugan factores simbólicos, económicos, sociales, lingüísticos y culturales que históricamente formaron su identidad cultural y étnica.
Pueblos originarios que también sufrieron la imposición de otro idioma diferente al suyo por parte de sus colonizadores, como es el caso de los originarios de la Guayana Esequiba, que mayoritariamente hablan inglés, en desmedro de su lengua nativa.

Hecha esta importante acotación continuamos nuestra cronología hasta llegar a 1819, fecha en la que el Congreso de Angostura decreta la creación de la Gran Colombia, la que dos años después define su frontera Este en el río Esequibo mediante comunicación oficial a Gran Bretaña. Después, en 1822, Bolívar da instrucciones a nuestro agente en Londres, Sr. José Rafael Revenga a través del ministro plenipotenciario, Pedro Gual, para que presente una protesta formal ante el gobierno británico por las constantes violaciones del territorio mediante incursiones y usurpaciones, que realizaban colonos británicos en la margen izquierda del Río Esequibo.
En 1830 se disuelve la unión de la Gran Colombia dando al traste con el sueño de Bolívar y, posteriormente, en 1834, Inglaterra reconoce la Independencia de Venezuela sin ningún tipo de objeción, lo cual equivale a reconocer el legítimo derecho de nuestro país sobre los territorios que fueron de la antigua Capitanía General de Venezuela.
Seguidamente, en 1835, el naturalista prusiano Robert Shomburgk (1804-1865), explorador y naturalista británico, por orden del gobierno inglés elabora el primer mapa de la Guayana Británica en el cual indica que el territorio venezolano llegaba hasta el Río Esequibo (este mapa fue ocultado de forma maliciosa por los ingleses).
En 1836, el Reino Unido de Gran Bretaña solicita a Venezuela la autorización para colocar un faro en Punta Barima, lo cual demuestra en forma tácita el reconocimiento de la soberanía venezolana sobre ese territorio. En 1840, por orden de su majestad británica, Shomburgk corre la primera línea de demarcación arbitrariamente, robándonos 142.000 km cuadrados al Oeste del Río Esequibo que habían sido reconocidos con antelación a Venezuela. Nuestro país presentó una fuerte protesta por este despojo de nuestro territorio.

Posteriormente, en 1841, el General Daniel Florencio O’ Leary (quien fuera edecán de Bolívar), a la fecha cónsul de Inglaterra en Venezuela, dirige una carta bien detallada al Gobernador de la Guayana Británica, Henry Light, explicándole la importancia de Punta Barima para Inglaterra. Con esta carta, el General O Leary muestra la otra cara de la moneda, ya como espía, súbdito de la Corona Británica, sumando su nombre a la larga lista de traidores a Bolívar.
En 1842, por acción diligente del reclamo formulado por el ministro de Relaciones Exteriores, Dr. Alejo Fortique, ante el Gobierno Británico, se logra una dclaración de Londres que expresaba que las marcas y señales establecidas por Robert Shomburgk no constituían el límite con Venezuela, sino puntos referenciales. El gobierno Británico accede a quitar las marcas y señales.
El año de 1845, Shomburgk comenzó a marcar la línea de frontera con las iníciales V.R. (Victoria Regina). Venezuela protestó enérgicamente y el Gobierno Británico ordenó que fueran retiradas las marcas. Luego, en 1849, Inglaterra nos roba 60.000 millas cuadradas al Oeste del Río Esequibo, basándose una vez más en otra versión del mapa trazado por Shomburgk (personaje cortado a la medida de los intereses de Inglaterra).

En 1875, Inglaterra edita un mapa oficial de la Guayana Inglesa con nota aclaratoria sobre el territorio reclamado por Venezuela, y en 1887, los invasores ingleses ruedan nuevamente la fulana línea hasta la propia cuenca del Río Cuyuní, que hasta ese año Inglaterra reconoció de Venezuela, y posteriormente se publica un mapa con dichas modificaciones (conocido como el cuarto mapa de Shomburgk, a pesar de que este había muerto 22 años atrás), aumentando en 25.000 Km cuadrados la aspiración terrófaga británica, donde se incluían poblaciones venezolanas tan antiguas como Guasipati y cercaba a otras como Tumeremo y Upata, totalizando así el territorio en 203.810 Km cuadrados al oeste del Río Esequibo, que pretendía despojarnos la Corona Inglesa.

Luego, en 1893, en vista de estos graves y repetidos atropellos, Venezuela rompe relaciones diplomáticas con el Reino Unido de Gran Bretaña y se comienzan a realizar diferentes gestiones por parte de Venezuela para que Inglaterra aceptase un arbitraje en la búsqueda de contener la continua y descarada invasión británica a nuestro territorio.
Seguidamente, en 1894, el General Domingo Antonio Sifontes hizo preso a un grupo de invasores ingleses a los cuales condujo hasta Ciudad Bolívar, bajo el cargo de ultraje a la bandera de Venezuela, y haber izado en su lugar la bandera del Reino Unido de Gran Bretaña. En 1895, una nota del secretario de Estado de Estados Unidos, Richard Olney, es enviada al Reino Unido en defensa de Venezuela contra los actos de agresión por parte de Inglaterra. Este hecho es conocido en la historia como “El Cañón de 20 pulgadas”, por el efecto contundente que causó en Inglaterra.
Luego, en 1896, Estados Unidos emplaza al Reino Unido a someter la cuestión a arbitraje y advierte que la negativa al examen judicial de sus títulos equivalía a una apropiación. Propone al Congreso la creación de una comisión investigadora para determinar cuál es la verdadera frontera entre los dos países.
El 12 de noviembre de 1896 se firma entre Inglaterra y Estados Unidos las bases del Tratado de Arbitramiento para decidir la cuestión guayanesa. Bajo la presión de los norteamericanos fueron aceptadas por Venezuela las condiciones establecidas: ningún venezolano formaría parte integrante del Tribunal de Arbitramiento. La integración del jurado fue la siguiente: 2 ingleses por parte de Inglaterra, 2 estadounidenses en representación de Venezuela y 1 ruso (de la Rusia zarista, ya que la Revolución Bolchevique triunfa en 1917).
En 1899, entre los meses de junio y octubre, se reúne el Tribunal de Arbitramiento en la ciudad de París, y el 27 de septiembre, terminados los debates, los árbitros comenzaron a sesionar en Cámara y, a pesar de que el Tratado contemplaba que podían hacerlo durante tres meses antes de dictar sentencia, en tan solo seis días, incluyendo sábado y domingo, sospechosamente dictan el fallo.
Luego, el 3 de octubre, se dicta finalmente la sentencia, conocida como EL LAUDO “ARBITRARIO” DE PARÍS, sin siquiera dar los motivos de la decisión, adjudicándole a Inglaterra una superficie de 60.000 millas cuadradas de tierras auríferas, dejándole a Venezuela las tierras anegadizas y palúdicas, es decir, las sobras del vil despojo.
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Finalmente, después de este extenso recorrido cronológico donde pudimos apreciar en toda su magnitud los pormenores relacionados con esta controversia, nos queda claro que este 3 de diciembre hay cinco razones para asistir al Referendo Consultivo convocado por la Asamblea Nacional, ratificado por la Sala Constitucional y asistido por el Consejo Nacional Electoral (CNE), el cual elaboró las cinco preguntas a las cuales hay que responder con un rotundo SÍ.
- Sí, porque el Laudo Arbitral de París de 1899 pretende despojarnos de nuestra Guayana Esequiva a través de una sentencia írrita y fraudulenta, resultado de una componenda política y diplomática entre Gran Bretaña, Estados Unidos y la Rusia Zarista, aprovechando el vacío de poder político que entonces afectaba a Venezuela producto de la deposición del Presidente.
- Sí, porque el Acuerdo de Ginebra del 17 de febrero de 1966 es el único instrumento jurídico válido para alcanzar una solución práctica y satisfactoria para Venezuela y Guyana debido a que “expresa un reconocimiento tácito de los derechos de nuestro país al aceptar que se revise un asunto juzgado, y porque el Acuerdo remite a las formas de resolución del conflicto la cual se hará en el marco de lo establecido en dicho Acuerdo: negociaciones bilaterales, designación del Buen Oficiante, mediación del Secretario General de Naciones Unidas, entre otras, todo ello previo acuerdo mutuo.
- Sí, porque Venezuela históricamente no ha reconocido la jurisdicción de la Corte internacional de Justicia como árbitro imparcial para resolver la controversia territorial sobre la Guayana Esequiva, por tanto esta no puede dirimir dicha controversia.
- Sí, porque “hay que oponerse por todos los medios conforme a Derecho, a la pretensión de Guyana de disponer unilateralmente de un mar pendiente por delimitar, de manera ilegal y en violación del derecho internacional, otorgando concesiones a compañías petroleras para realizar exploraciones e incursionando barcos de exploración oceanográfica en zonas sobre las que Venezuela tiene jurisdicción”. Aquí avizoramos que es muy posible que el pueblo guyanés al ver que no va a obtener ningún beneficio de su mandatario con la explotación de estos recursos sufra un revés y se sume a nuestra propuesta.
- Sí, porque “con la creación del estado Guayana Esequiba se desarrollaría un plan acelerado para la atención integral de la población actual de este pueblo hermano que vive en condiciones de extrema pobreza; además, se le otorgaría ciudadanía venezolana y su respectiva cédula de identidad, en consecuencia se incorporaría dicho estado en el mapa del territorio venezolano”. ¡La invitación es a que nos encontremos este 3 de diciembre para responder cinco veces Sí! ¡Salud, Poetas!
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Mohamed Abí Hassan (El Tigre, 1956). Poeta, artista visual y editor independiente. Licenciado en Educación, Mención Artes Plásticas (cum laude), por la Universidad de Carabobo (UC). Ha ejercido la docencia en la UC y en la Universidad Arturo Michelena. Ha sido colaborador en las revistas Poesía y La Tuna de Oro (UC). Primer Premio II Bienal de Literatura Gustavo Pereira, Mención Poesía 2013; Primer Premio IV Bienal de Literatura José Vicente Abreu, Mención Poesía 2016; Primer Premio Concurso Nacional del II Festival 3.0 de Historias Comunales Ramón Tovar (2022).
Formó parte de la Comisión Rectoral del Encuentro Internacional de Poesía de la UC. Coordinó el Taller de Formación de Cronistas Comunales en Mariara, estado Carabobo, auspiciado por el Minci, la Revista Nacional de Cultura y el Centro Nacional de Historia. Actualmente se desempeña como facilitador de talleres de iniciación en la creación literaria, así como talleres sobre patrimonio histórico.
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