La frase “automedicarte puede llevarte a la muerte” no es un invento para meter miedo, ya que la automedicación es una realidad que los médicos en nuestros hospitales y clínicas ven a diario.
Ante un dolor de cabeza, un malestar estomacal o los primeros síntomas de una gripe, lo más común en el país es revisar el botiquín de primeros auxilios que está en casa, viendo los remedios como si fueran productos 100% seguros y libres de peligro.
Al saltar la consulta con el especialista, se juega a las adivinanzas con el cuerpo. Se ignora por completo que cada organismo es un mundo y que lo que a un compadre le asentó de maravilla, a otra persona puede causarle un daño irreversible.
Un médico no solo da una receta
Evalúa la edad, el peso, el funcionamiento del hígado y los riñones; además, sabe si esa pastilla va a reaccionar mal con algún otro tratamiento que ya se esté tomando para la tensión o el azúcar de manera inmediata.
“Ser nuestros propios doctores es asumir un riesgo enorme y 70% de la población lo hace. La diferencia entre un remedio que cura y una sustancia que envenena depende únicamente de la dosis correcta y de la condición de salud de cada quien”, explica la médica internista Neida Acosta.
El peligro de las decisiones
El riesgo de tomar medicinas sin supervisión se traduce en situaciones clínicas graves. La especialista detalla que uno de los problemas más comunes es el daño directo a los órganos, especialmente al hígado y a los riñones, que son los encargados de procesar las sustancias en el cuerpo.
El paracetamol o el acetaminofén, por ejemplo, son fármacos que nunca faltan en un hogar venezolano. Sin embargo, tomarlo en exceso o duplicar la dosis porque el malestar no se quita rápido puede saturar el hígado de tal manera que cause una falla hepática fulminante. Esta es una complicación médica gravísima que puede acabar con la vida de una persona en pocos días si no se recibe un trasplante de urgencia.
Las mezclas de la automedicación se vuelven letales
Acosta explica que el peligro aumenta cuando se combinan medicamentos de forma equivocada. Muchas personas que sufren de la tensión alta o del corazón se toman un jarabe para la tos o un descongestionante común para la alergia sin saber que esa mezcla puede disparar la presión a niveles críticos y provocar un infarto o un accidente cerebrovascular en instantes.
“Tomar un medicamento fuerte por primera vez o inventar con una ampolla inyectada sin supervisión puede desatar lo que los médicos llaman un choque anafiláctico; una respuesta del cuerpo tan violenta que tranca las vías respiratorias en minutos, causando asfixia si no hay un médico cerca que aplique el tratamiento adecuado”, advierte la internista.
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El enemigo silencioso
La especialista detalla que también existe el peligro del enmascaramiento de las enfermedades. Si en lugar de acudir a un centro de salud ante una dolencia grave la persona decide tomarse un analgésico potente que tenía guardado de una vez anterior, el dolor va a desaparecer por unas horas y sentirá un gran alivio, pero la infección o el daño real dentro de su cuerpo seguirá avanzando sin frenos.
A su juicio, una vez que pasa el dolor, el paciente se confía y se queda en casa, retrasando una atención médica vital. Cuando finalmente acude a la emergencia, suele ser demasiado tarde: el órgano puede haberse perforado, provocando una peritonitis o una infección generalizada en la sangre (sepsis) que es sumamente difícil de controlar y que tiene una altísima tasa de mortalidad.
Falsa solución de los antibióticos
Otro error muy grave y frecuente en las comunidades es tomar amoxicilina o azitromicina para una simple gripe o un resfriado común.
Los antibióticos no curan los virus; por el contrario, su uso injustificado destruye las defensas naturales del intestino y hace que las bacterias muten, volviéndose superbacterias más fuertes y resistentes. El resultado actual es alarmante: cada vez hay infecciones más poderosas en nuestro entorno que ya no responden a los tratamientos habituales, poniendo en riesgo la vida de miles de personas.
La advertencia de la doctora se enfoca en que jugar a ser médicos en casa es una apuesta donde siempre se lleva las de perder. El cuerpo humano avisa, pero si le apagamos las alarmas con el fármaco equivocado, el silencio puede ser mortal. No vale la pena morir por ignorancia o por apuro; la salud se respeta o se paga con la vida.
Las consecuencias de la automedicación:
- Insuficiencia hepática aguda
El hígado es el órgano principal encargado de procesar los fármacos. El exceso de medicamentos comunes, como el acetaminofén (paracetamol), puede saturarlo y destruir las células hepáticas de forma fulminante, provocando un fallo del órgano que puede ser mortal.
- Hemorragias y úlceras gástricas
El consumo frecuente y sin control de analgésicos y antiinflamatorios lesiona la mucosa que protege las paredes del estómago, aumentando drásticamente el riesgo de desarrollar úlceras sangrantes y perforaciones gastrointestinales.
- Crisis hipertensivas y arritmias cardíacas
Muchos medicamentos de venta libre, como los descongestionantes nasales o los antigripales que contienen vasoconstrictores, elevan la frecuencia cardíaca y la presión arterial, generando desencadenantes desconocidos.
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Fuente: Últimas Noticias
Ciudad Valencia/MP/DG













