“Lo que le pasa a tu cuerpo cuando duermes después de las 11 de la noche es preocupante”. Dormir es una función biológica esencial para la salud física y mental.
Diversos estudios científicos han demostrado que los hábitos de sueño influyen directamente en la capacidad cognitiva, el estado de ánimo y la regulación hormonal. Dormir fuera del horario natural altera la reparación cerebral y favorece el desgaste emocional y cognitivo.
En la sociedad actual, donde el uso de dispositivos electrónicos y la exposición a la luz artificial han retrasado los horarios habituales de descanso, se ha incrementado la tendencia a acostarse tarde, lo que genera inquietud entre los especialistas en neurociencia y medicina del sueño.
Los expertos coinciden en que la alteración de los ciclos naturales de sueño puede tener consecuencias negativas en el funcionamiento cerebral, más allá de la simple sensación de cansancio. Dormir después de las once de la noche impacta negativamente en el funcionamiento cerebral.
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Sueño tardío, cerebro en alerta
Explica que “cuando te acuestas tarde, tu cerebro entra en un estado de alerta, sube el cortisol, la hormona del estrés, y bloquea la melatonina, que es la que te permite dormir profundo”. Este proceso, según Céspedes, provoca que “duermes, pero no descansas”, lo que a largo plazo repercute tanto en la reparación cerebral como en el bienestar general. Mantener horarios regulares para acostarse facilita que el organismo siga su ritmo circadiano, optimizando la calidad del descanso.
El experto destaca que el sueño cumple un papel clave en la consolidación de recuerdos y en la eliminación de desechos metabólicos que se acumulan durante el día. El especialista advierte que invertir el horario de descanso afecta especialmente a las primeras horas nocturnas, donde “ocurre el sueño profundo de ondas lentas”.
Dormir
Los principales responsables en la alteración del sueño son dormir tarde y a deshoras, jugar videojuegos y recibir el brillo de aparatos electrónicos.
Durante este periodo, asegura que el “cerebro limpia toxinas, reorganiza memoria y se repara”, por lo que dormir tarde implica que la mente “no entra en esa fase y eso significa una cosa: tu cerebro no se repara”. Céspedes recalca el riesgo acumulativo de esta práctica: “con el tiempo se acumula basura neuronal y eso se ha relacionado con más riesgo de deterioro cognitivo, ansiedad, depresión e incluso demencia”.
Las funciones restauradoras del sueño profundo son irremplazables. El deterioro progresivo del descanso nocturno se refleja no solo en la fatiga diurna, sino también en el descenso de la capacidad de concentración, el aumento de la irritabilidad y la vulnerabilidad a enfermedades neurodegenerativas. Además, la falta de sueño adecuado interfiere en la regulación de los procesos hormonales, afectando el metabolismo y el sistema inmune.
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No basta con dormir, importa la hora
En relación a la percepción colectiva, el médico indica que “la mayoría cree que acostarse tarde es lo normal, pero lo que estás haciendo, y sin saberlo, es empeorar cómo funciona tu cerebro durante años”. La advertencia se acompaña de una aclaración relevante sobre la calidad del descanso: “puedes dormir siete u ocho horas y levantarte agotado, porque no es cuánto duermes, sino cuándo duermes”.
Cada vez más investigaciones sugieren que la regularidad y el horario del sueño son determinantes para prevenir alteraciones emocionales y mentales. Establecer rutinas nocturnas, evitar pantallas antes de dormir y crear un ambiente propicio para el descanso son recomendaciones frecuentes de los especialistas.
El entorno del sueño desempeña un papel clave en la calidad del descanso. Factores como el ruido, la luz y la temperatura influyen directamente en la profundidad del sueño.
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Fuente: Infobabe
Ciudad Valencia/MP/MG













