dictadura argentina

Con un sentido profundamente patriótico, nacionalista y pedagógico, el escritor argentino Federico Lorenz ha sintetizado el horror de la dictadura militar argentina, una iniciativa de especial interés sobre todo en tiempos de ocultamiento de la historia y reivindicacion de los gorilas genocidas por parte del gobierno de Javier Milei.

La dictadura militar argentina gobernó el país entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983. Derrocó a María Estela Martínez de Perón y se caracterizó por un terrorismo de Estado sistemático, resultando en la desaparición, tortura y asesinato de miles de personas (estimaciones entre 15.000 y 30.000).

En este orden de ideas, los compañeros porteños me han solicitado apoyo en la difusión del excelente decálogo que Lorenz ha titulado acertadamente La dictadura en diez claves: una aproximación histórica:

A casi medio siglo del golpe del 24 de marzo de 1976, en este contexto negacionista y de avance reaccionario y antipopular, ofrezco este sencillo decálogo para comprender la profundidad de lo que significó la dictadura militar para nuestro país (Argentina).

1.

Contrariamente a la imagen de un poder revolucionario en ascenso que la dictadura utilizó para justificarse, hacia marzo de 1976 las organizaciones guerrilleras –principalmente Montoneros y el ERP— se encontraban militarmente derrotadas. El Operativo Independencia en Tucumán y la acción parapolicial de la Triple A ya habían quebrado su capacidad ofensiva. El golpe no buscó contener una amenaza inminente, sino profundizar un plan de aniquilamiento y disciplinamiento social que las Fuerzas Armadas venían aplicando con métodos de terrorismo de Estado antes de asumir formalmente el gobierno. La cantidad de víctimas del terrorismo de Estado es indeterminada por la propia metodología elegida por la represión: la clandestinidad y la destrucción de los cuerpos.

2.

El período 1976-1983 implicó la supresión sistemática de los derechos humanos por parte del Estado. La metodología fue el terrorismo de Estado: desaparición forzada de personas, tortura generalizada en centros clandestinos de detención, exilio masivo y apropiación criminal de bebés. Se eliminaron las garantías constitucionales, se intervino el Poder Judicial, se persiguió a la dirigencia gremial y política, y se instauró un férreo control sobre la producción cultural y la vida ciudadana.

3.

En el plano económico, el gobierno militar significó un giro estructural: el fin del modelo de industrialización por sustitución de importaciones. Se implementó una apertura comercial indiscriminada que devastó la industria nacional, se privilegió la especulación financiera por sobre la producción y se contrajo una deuda externa fraudulenta y multiplicada por seis. La pobreza se quintuplicó y la participación de los trabajadores en la renta nacional se desplomó, consolidando una matriz de exclusión que condicionaría las décadas siguientes.

4.

El movimiento obrero fue uno de los blancos centrales de la ofensiva represiva y disciplinadora. La CGT y los sindicatos fueron intervenidos, se suspendió el derecho a huelga y la actividad gremial, y miles de delegados y activistas fueron detenidos-desaparecidos o despedidos. La caída del salario real superó el 30 por ciento en 1976. La dictadura no solo persiguió: también transfirió ingresos de manera violenta.

5.

La juventud fue un segmento especialmente castigado por el terrorismo de Estado. La mayoría de las víctimas del sistema represivo tenía entre 21 y 35 años. Se trató de una política deliberada de disciplinamiento social que apuntó a eliminar la participación política, la militancia barrial y estudiantil, y toda expresión cultural considerada “subversiva”. La desaparición de miles de jóvenes implicó un cercenamiento generacional cuyas consecuencias políticas y sociales perduran.

6.

La represión cultural no fue un fenómeno accesorio, sino una política sistemática destinada a imponer la “moral occidental y cristiana” como dogma excluyente. Se confeccionaron listas negras, se quemaron libros, se prohibieron canciones y películas, y se persiguió a artistas, periodistas y docentes. El objetivo era eliminar el pensamiento crítico y homogeneizar una sociedad disciplinada por el miedo y la censura.

7.

El sistema educativo fue intervenido y se impuso una lógica autoritaria y disciplinadora. Se depuraron bibliotecas, se persiguió a docentes y estudiantes, y se transfirieron escuelas a las provincias en el marco de un ajuste que también fue ideológico. La educación dejó de pensarse como derecho y pasó a concebirse como privilegio, bajo un modelo que combinaba el adoctrinamiento en valores tradicionales y una incipiente orientación neoliberal.

8.

El exilio fue una consecuencia directa de la persecución política y la censura. Miles de argentinos —políticos, intelectuales, artistas, científicos y familias enteras— debieron abandonar el país para preservar su integridad. Lejos de ser una opción voluntaria, constituyó un destierro forzoso. Desde el exterior, muchos exiliados contribuyeron a denunciar los crímenes de lesa humanidad y a mantener viva una red de solidaridad y resistencia que permitió visibilizar lo que ocurría en la Argentina.

9.

La Guerra de Malvinas, en 1982, representó el punto de inflexión final del régimen. En términos humanos, significó la muerte de 649 soldados argentinos, más de un millar de heridos y una crisis de salud mental entre los veteranos que derivó en cientos de suicidios por abandono estatal. En el plano diplomático, implicó el aislamiento internacional y la ruptura de relaciones con el Reino Unido hasta 1990. Pero, sobre todo, Malvinas aceleró el colapso del prestigio militar y habilitó la salida política que culminaría con la recuperación democrática.

 

Ciudad Valencia / Ismael Noé