Simón Rodríguez reivindica el esfuerzo, la abnegación y el sufrimiento de los militares que lucharon por la Independencia para justificar el presidente y senado vitalicios contemplados en el proyecto de constitución de la “República de Bolívar”, redactado por el Libertador; igualmente, observa en los próceres militares de la Independencia a los llamados a defender la República, frente a los agitadores que sólo persiguen su propio provecho y, en el fondo, son aliados y agentes de la restauración de la monarquía.
Al defender el gobierno vitalicio, por razón de la necesidad de aprendizaje del arte de gobernar, también sustenta su control mediante la educación del pueblo, tras ello capaz de generar opinión y de revisar programas de gobierno, planes de gasto y sus cuentas.
Si, para Aristóteles, el tiempo es la medida de los cambios, para Rodríguez, concentrado en su misión reformadora de las sociedades americanas, el tiempo es noción principalmente dramática, está marcado por la acción. Si el espacio para Aristóteles es el lugar ocupado por las cosas, para Rodríguez es vivencia y oposición entre Europa, cuyo conocimiento no la libra de los vicios, y América, llamada más que a imitar y adoptar, a inventar, para ser original.
Si Aristóteles y Rodríguez se guían por la lógica y la experiencia y a ambos los acerca el decir polémico, la máxima y la sentencia, Rodríguez, por su urgencia de invenciones, acorrala al lector con sus párrafos de breve y rápida expresión, en los cuales los guiones, las llaves, los corchetes, versalitas, bastardillas, mayúsculas, delimitan y entrecruzan ideas con el rigor de una palabra, que no permite equívocos.
La lógica, común en ambos maestros, se distancia en ellos frente a la metafísica por razones de las necesidades perentorias, cuya atención prioritaria reclama Rodríguez, pero se remarca en la logografía o “pintura de ideas”, reclamada y practicada por nuestro caraqueño.
Si ambos comparten el bien común como valor supremo, para Rodríguez la “libertad social” lo aleja del maestro griego, que no pudo librarse de la clasificación de los hombres entre libres, o ciudadanos, y esclavos, desdeñando el trabajo manual.
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Para Samuel Robinson, el viento de la libertad se forjará entre los pobres y la servidumbre que, rompiendo con la ignorancia, desempeñando con destrezas oficios manuales y colonizando su propio territorio, fundarían las nuevas repúblicas, hasta entonces meramente establecidas, y construirían sociedades americanas laboriosas, virtuosas y felices, alejadas de los vicios de Europa. La paz y el bienestar alcanzados constituirían el verdadero “arte de vivir”.
Educador itinerante, incansable caminante de los Andes de esta América meridional, con sus cajones de manuscritos y sus hijos adoptivos, Simón Rodríguez culminó sus días bajo el cuidado de uno de estos últimos, Camilo Gómez, y en diálogo agónico, en Amotape, un perdido pueblecito del Perú, con un sacerdote, al cual confió su profesión de fe americanista y sus últimos recuerdos de su más eximio discípulo.
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Juan Medina Figueredo (Aragua de Barcelona, 1947): Polígrafo de raza, ha incursionado en la poesía, el ensayo literario y el análisis socio-político. Su rebeldía política y cultural no es panfletaria sino solidaria, al punto de estar bien aliñada por su bondadosa personalidad. No se le puede reclamar nada, pues sus convicciones ideológicas y su quehacer escritural apuntan a una conciencia ética y espiritual inconmovible.
Entre sus libros contamos “Reverberaciones” (1995, poesía); los ensayos “La Terredad de Orfeo” (dedicada al poeta Montejo) y el libro comuna que es “Siglo XXI, educación y revolución” (2010) con su estructura en redes que comunica la crónica y el ensayo; el volumen de cuentos “La Visita del Ángel” (2010) y la novela “Por un leve temblor” (2014). Con estos dos últimos ganó el premio de narrativa de Fundarte y una mención de publicación del mismo sello editorial, respectivamente. Que nosotros sepamos, caso único en este certamen literario.
Su poesía ha sido publicada en dos colecciones poéticas importantes como “El Corazón de Venezuela. Patria y Poesía” y “Rostro y Poesía” de la Universidad de Carabobo. Su periplo literario apuesta por un decir directo y no mediatizado por los discursos académicos autorizados. (Reseña de José Carlos de Nóbrega)
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