El más grande cementerio para un único muerto… Sé que parece increíble –yo mismo no lo creí hasta verificarlo–, pero en nuestro satélite natural, la Luna, reposan cenizas de un ser humano.
La primera pregunta que uno se hace es: ¿cómo llegaron dichos restos allí? La segunda, ¿quién o quiénes los trasportaron?
He aquí la historia.
El 18 de julio de 1997, y mientras exploraba el cráter de un meteorito en Alice Springs, Australia, el geólogo estadounidense Eugene Merle Shoemaker tuvo un accidente de tránsito, a consecuencia del cual falleció. Shoemaker fue uno de los fundadores de las llamadas ciencias planetarias, tras varios años de servicio en el Programa de Investigación de Astrogeología del Servicio Geológico de su país, que él mismo fundó.
En 1993 fue uno de los dos descubridores del cometa que recibió el nombre de Shoemaker-Levy 9, que fue visto y grabado estrellándose contra la superficie gaseosa de Júpiter. Fue esta la primera observación del choque de un cometa contra un planeta.
La labor de Shoemaker influyó en el desarrollo de las misiones Apolo de la NASA, las mismas que llevaron al hombre a la Luna.

Eugene Merle Shoemaker había sido electo para ser el primer científico que se trasladara al satélite, pero no pudo cumplir con ello –ni con su sueño de ser astronauta y viajar al espacio–, por padecer la enfermedad de Addison, que afectaba sus glándulas suprarrenales. Sin embargo, fue él quien preparó a los viajeros de las naves Apolo para que tomaran las muestras de suelo lunar y supieran discernir cuál era el material importante que debían recoger y cuál no.
También tuvo a su cargo retocar los mapas lunares más precisos hasta 1969; elegir el lugar del alunizaje de la Apolo 11; ser el responsable de la seguridad de dicha misión y, además, quien probó el funcionamiento idóneo de los primeros trajes de los astronautas.
Luego de su muerte, y para honrar su memoria, en la agencia aeroespacial se decidió esparcir parte de sus cenizas –su familia había cremado sus restos– en la superficie lunar.
El 7 de enero de 1998 fue lanzada la sonda Lunar Prospector con destino a nuestro satélite y, en su interior, viajaron las cenizas de Shoemaker. El objetivo de dicha sonda era el estudio de la superficie selenita.
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El lugar elegido para su descenso fue en un espacio cercano al polo sur lunar, donde la aeronave debía estrellarse para realizar las respectivas mediciones que permitieran conocer la composición geológica del lugar.
El impacto permitiría que, en el cráter producido, se esparcieran las cenizas de Shoemaker. Y allí permanecen, dado que la Luna carece de corrientes aéreas que puedan llevarlas a otras regiones.
Un último detalle: “The Big Gene”, como lo llamaban cariñosamente, es hasta ahora el único ser humano cuyos restos se hallan repartidos entre dos cuerpos celestes.
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Armando José Sequera es un escritor y periodista venezolano. Autor de 93 libros, todos publicados, gran parte de ellos para niños y jóvenes. Ha obtenido 23 premios literarios, ocho de ellos internacionales (entre otros, Premio Casa de las Américas, 1979; Diploma de Honor IBBY, 1995); Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, 1996, y Premio Internacional de Microficción Narrativa “Garzón Céspedes”, 2012).
Es autor de las novelas La comedia urbana y Por culpa de la poesía. De los libros de cuentos Cuatro extremos de una soga, La vida al gratén y Acto de amor de cara al público. De los libros para niños Teresa, Mi mamá es más bonita que la tuya, Evitarle malos pasos a la gente y Pequeña sirenita nocturna.
«Carrusel de Curiosidades se propone estimular la capacidad de asombro de sus lectores».
Ciudad Valencia / Foto del autor: José Antonio Rosales













