Una de las comidas que más apetecí después de haber pasado por dos cirugías que me colocaron entre el más acá y el más allá, fue el pollo en brasas. Me imaginaba la pechuga con esa carne blanca humedecida en guasacaca bien preparada, y uno entiende que la vida vale la pena. Ahora, pensándolo bien, el pollo en brasas ha estado presente en muchos momentos de mis sesenta años consecutivos de pasado:
Cuando madre se obstinaba de siempre comer lo mismo, se me acercaba y me decía muy bajo: “Mijo, me provoca comer pollo, ¿será que tú puedes comprar, aunque sea medio pollito en brasa?”. A mi madre le gustaba mucho usar diminutivos: papitas, salsita, muslito, pechuguita… Y ese rostro tan iluminado cuando yo llegaba y abría la bolsa y repartía el ansiado pollo acompañado por yuca o bollitos.
Cuando mis hijas estaban pequeñas y yo era un docente de quincena decente, casi todos los fines de semana íbamos a comer pollo en brasas en un restaurante de Los Caobos. Por eso no dudo de que este plato tan sabroso se haya convertido en un obsequio para conseguir favores.
En la cultura venezolana se ha hecho costumbre ofrecerles a figuras en puestos importantes algún obsequio para tenerlos contentos y, a la hora de necesitar un favor, saber que no nos fallarán: frutas o verduras al médico de la comunidad, chocolate para la secretaria de tal parte, cajita de cigarrillos para el vigilante de…
Todos esos usos que antes mencioné entran dentro de las coordenadas de lo “aceptable” y, por cierto, me recuerdan los tiempos de mi niñez cuando la vecina de al lado de la casa nos llevaba grandes tazas llenas de leche condensada, manducas tamaño familiar rellenas con queso y para usted de contar.
Pero lo que quería decirles es que últimamente he visto al pollo en brasas agarrar vuelo hacia otros sitios donde se le echa una especia por todos conocida: soborno a la carretera; soborno a la gasolina; soborno a la mecánica…
Da gusto ver, por ejemplo, cómo la Policía de Tránsito detiene a las busetas en plena autopista y comienza a pedir cualquier tipo de documento: carnet de circulación, el conductor baja y lo enseña. Los pasajeros se incomodan, el calor entra y desabotona camisas, la gente saca pañuelos, abanicos, el calor exacerba los nervios. Los pasajeros ven por las ventanillas, unos se colocan audífonos, otros observan la hora a cada instante. Un hombre aprovecha para ir a orinar a un monte cercano.
El chofer entra y sale, lleva asuntos, suda, vuelve a entrar. El efectivo le dice que venía a alta velocidad, el chofer responde que no (pero ya con esa pregunta se traspasó al pollo con la varilla metálica y se puso a dar vueltas a pocos centímetros de las brasas), y le explica bien la situación. El efectivo no se quita los lentes oscuros, estira el torso hacia atrás y abre las piernas, entonces le dice que pasó de la vía lenta a la rápida y delante tenía una gandola; el chofer se seca el sudor y sonríe algo sarcástico por el interrogatorio.
Otro efectivo, una mujer, se acerca y el primero le dice que todo está bajo control. (El pollo gira, gira y gira, mientras la matraca, atraca y atraca… cantaría Nelson Ned). El colector le hace señas con las manos al chofer y pregunta con discreción: “¿Qué pasa?”. El chofer alza las cejas, suda mucho. El policía le pide la licencia y el certificado médico. El conductor de la buseta entra, revisa y lleva lo solicitado. Los pasajeros empiezan a elevar sus voces.
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El efectivo coloca los brazos en jarras, luego pasa uno de sus dedos por la lisa frente y cae un chorrito de sudor. Revisa los documentos y se percata de que ya el pollo está bien dorado como a él le gusta. Camina hacia la patrulla y una vez ante el volante, ve por el retrovisor y le hace señas al chofer para que se acerque, conversan algo y luego se retiran.
Sin que nadie sepa qué pasó, el chofer arranca la buseta y le pasa por un lado a la patrulla y saluda con una sonrisa muy falsa. Un pasajero pregunta que cómo se solucionó el problema, y el chofer responde, algo agobiado: “Bueno, me pidieron un ‘pollo en brasa’ y yo colaboré con ellos, usted sabe, la situación está jodía”.
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Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.
Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).
Ha publicado:
En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).
En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021).
(Tomado de eldienteroto.org)
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