tortura-tesis de grado

Me gustaría entender por qué los profesores universitarios que se encargan de revisar las tesis no han desarrollado aún el instinto necesario para descubrir la genialidad en sus estudiantes y encargarles esa condena solo a los más sobresalientes, y así dejarles la existencia en paz a aquellos que somos de mediana inteligencia, a los que nunca vamos a descubrir las leyes ocultas de la naturaleza, ni señalar hacia dónde debe ir el ser humano para que no siga asesinándose por los bienes materiales.

Nosotros, los que a pesar de estudiar y leer nos confesamos ignorantes, solo podemos escribir una monografía sencilla, sin aspavientos, sin trazos de fórmulas complejas y medidas que han sobrevivido a los siglos y las estadísticas; no, no estamos destinados a superar o a desmentir las verdades científicas o humanas (creo que es lo mismo) ya dichas, ya avaladas por la comunidades de los que sí saben investigar.

 

DEL MISMO AUTOR: RUTINA Y LIBERTAD

 

No quisiera señalar la perversa práctica que circula en las escuelas básicas y en los liceos desde donde se empieza a estrenar al alma humana para poder enfrentar las maldiciones de la tesis en los niveles educativos superiores.

Quizás Dios le exigió al diablo una tesis de cómo comportarse en la vida efímera, y cuando este cayó en la humanidad se trajo la tesis consigo y desde entonces vaga por todos los centros de conocimientos estragando, causando desencuentros y delirios a los pobres seres humanos.

Maestros, maestras, por lo que ustedes más quieran, eliminen eso, no le exijan trabajos de repetición, de copias y exigencias de memorias de loro a sus estudiantes, ni se sienten en un panel delante de ellos a verlos cómo sufren para recordar nada, verlos sudar, tararear vocales inconexas; preludio de futuras maldiciones.

Recuerdo que cuando me tocó a mí escribir mi tesis de grado en la Facultad de Educación de la Universidad de Carabobo, veía a mis compañeros sufrir, rumorar cómo se les habían extraviado; unos la habían olvidado en un cafetín, otros le arrojaron, sin querer, por supuesto, algún jugo cuando ya estaba impresa y empastada.

Otros insistieron tanto, la presentaron tantas veces a revisión —y siempre salían rechazados, lloraban, se dejaban caer en el suelo, los amigos y amigas se consolaban unos con otras—  que esto les produjo un nerviosismo sin precedentes que muchos comenzaron a tomar pastillas para los nervios, para conciliar el sueño, para poder soportar la maldición.  Muchos estudiantes buscaban la manera de pagarles a algunos expertos para que les resolviera toda la tesis, y aun así, no se salvaban de ciertos hechos maléficos, como la muerte del padre del experto, o la mudanza o miles de errores ortográficos…

Hubo un evento en el que fui invitado para presentar una ponencia, y yo escribí un breve ensayo en torno al superyó colectivo que Freud deja asomar en su libro Tótem y Tabú y en El Malestar en la Cultura; era una soberana locura lo que yo había escrito, algo que no tenía basamento de ningún tipo, pero cómo utilizaba un lenguaje sencillo y convincente, muchas personas creyeron que era algo interesante.

Entonces se me ocurrió conversar con mi profesor de tesis y le dije lo que había pensado, pero que el desarrollo de esas hipótesis no podría calar en lo que comúnmente se entiende por tesis de investigación. Allí no había objetivo general ni específico, ni muestra ni población, nada de eso. El profesor me dijo: “Me gusta mucho, Jiménez, no le digas nada a tus compañeros y preséntame ese trabajo”. Señoras y señores, fui feliz, conocí la gloria en la tierra. Pero…

La tesis fue impresa cinco veces, porque cada vez ocurría algo: páginas volteadas y en blanco; viaje imprevisto de la señora que la estaba imprimiendo; una tesis equivocada, pero con la portada y el primer capítulo correspondiente a la mía. Sin embargo, esto era el sufrimiento reducido a su mínima expresión.

Años después, a mi pareja de vida se le ocurrió realizar un posgrado y me pidió el favor de que le fuese revisando los capítulos. No puedo describir todo lo que vivimos con esa tesis: los capítulos se borraban de los archivos que teníamos en la computadora. La revisión ortográfica se realizó más de diez veces, y en cada oportunidad la computadora no guardaba los cambios. Recuerdo que contratamos a una muchacha, experta en la materia, y estuvo desde la mañana hasta casi las nueve de la noche.

Le dimos desayuno, café, café con pan dulce, galletas, jugo de fresa, almuerzo, café, tostones y cena; además de lo que cobró que, para mí, era algo insólito. Al día siguiente reviso la tesis y, créanme, esto es verdad, estaba peor que antes. La mujer cambió capítulos, eliminó párrafos completos, la ortografía era lo menos que había corregido, todo se trastocó. Me tocó rehacer la tesis desde el inicio. La crueldad de la vida consistió en que esto no se tomó como una prueba fehaciente y definitiva de un gigantesco amor…

Luego, cuando ya estaba casi lista la tesis, la profesora que la revisaba exigió eliminar por completo tres capítulos porque ella no los entendía, no teníamos suficientes citas de autores reconocidos. Lo hicimos y se le presentó seis veces; entonces, una vez casi aprobada la tesis, en la página 87, línea 22, se creó un agujero blanco con la función de los negros, es decir, en esa línea no se podía escribir porque todas las palabras desaparecían, tal cual como lo estoy diciendo. De la línea veintiuno saltaba a la veintitrés sin ninguna razón lógica, porque en la preparación de las tesis el razonamiento lógico es inexistente; se abre un submundo de magias inversas, de situaciones inverosímiles.

¿Cuántos expertos pasaron por la casa para eliminar ese defecto inducido por la maldición milenaria de las tesis?, no podría decirlo. Lo resolví yo usando quince trasnochos y dos camiones de velas blancas encomendadas al espíritu de los archivos. La desesperación que padecí no se la recomiendo a nadie; pensándolo bien, pudo haber sido una causal de separación.

Cuando al fin es aprobada la tesis, unos las guardan como recuerdo de un evento nefasto, y otros las botan a la basura para quitarse esa pava de encima.

 

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Arnaldo-Jiménez- cultura-Divagaciones

Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.

Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).

Ha publicado:

En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).

En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021). (Tomado de eldienteroto.org)

 

Ciudad Valencia/RN