El espejismo de la máquina poética | Luis Alberto Angulo

Existe un peligro que acecha principalmente a quien se inicia en el oficio de escribir, la tentación de la fórmula.

En la prisa por encontrar una voz o por causar un impacto inmediato, el creador puede caer en una trampa sutil, confundir el manejo de un repertorio de imágenes deslumbrantes con la auténtica conmoción poética. 

Se acciona así una suerte de máquina retórica donde las palabras, acumuladas en adjetivaciones insólitas o tonos solemnes, terminan por simular la poesía sin serlo.

 

DEL MISMO AUTOR: DEL ARTIFICIO Y LA SUSTANCIA 

 

Suponer que el exceso verbal equivale a profundidad es un equívoco frecuente. Cuando el texto se abigarra con metáforas que chocan entre sí o recurre a gestos proféticos e imperativos, el artefacto delata sus engranajes.

Las palabras se convierten en fichas combinatorias de un juego efectista donde, sin respiración ni espacio para la contemplación, el sentido se asfixia debajo del ruido sintáctico.

La dificultad en la poesía raras veces reside en la complicación, ella suele habitar en la sobriedad.

Sostener la experiencia poética sin las muletas del artificio requiere abandonar la pose lírica y emprender una búsqueda interior donde cada vocablo establece su total valor.

La palabra poética perdurable no nace de la pirotecnia formal, sino de una imperiosa necesidad de nombrar lo invisible con la mayor precisión y economía.

Ignorar el camino recorrido por la tradición para lanzarse a un adanismo ingenuo suele conducir a este automatismo.

La libertad no nace de la ignorancia de los precedentes, sino del conocimiento riguroso de lo transmitido.

Insertarse en el hilo histórico de la literatura es lo que permite dialogar con el pasado y, solo desde allí, lograr una ruptura legítima que expanda los límites del lenguaje.

Desactivar «la máquina de hacer versos» implica desaprender las manías del estilo y abrazar sólo la transparencia.

Cuando quien escribe se atreve a desnudarse de la retórica y escucha antes de hablar, el lenguaje deja de ser una pantalla pirotécnica para convertirse en lo que siempre debió ser, una ventana luminosa hacia la verdad del ser.

 

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lUIS aLBERTO aNGULO-COLUMNA SÁBADO

Luis Alberto Angulo (Barinitas, 1950). Poeta, coautor de Viento barinés (UC, 1977), y autor de las compilaciones: Antología de la casa sola (Fundarte, 1982), Fusión poética (UC, 2000),  La sombra de una mano (2005), Antología del decir (2013), y Coplas de la edad ligera (2023) en Monte Ávila Editores. También de LAAR’S POÉTICA (Ciudad Valencia, 2026).

 

Ciudad Valencia / RN