En esta nueva entrega de “Vestigios del Pasado”, nos adentramos en específicamente en el sector Las Trincheras del municipio Naguanagua en el estado Carabobo, para rescatar del olvido la historia de una joya arquitectónica y productiva: la Hacienda La Unión.

Este inmueble, testigo silente de la transformación económica, social y cultural de la región, representa un capítulo vital del patrimonio carabobeño. Su historia, marcada por el auge agrícola e industrial, la expropiación agraria, el abandono y el deterioro, nos interpela hoy con una urgencia: ¿seremos capaces de rescatarla antes de que desaparezca por completo?

 

Fundación y esplendor (1.895–1.950)

La historia de la Hacienda La Unión comienza en 1895, cuando el empresario Ernesto Branger unificó los terrenos de las haciendas Palmarito y Aguas Calientes, enclavadas en el fértil valle de Las Trincheras, hoy municipio Naguanagua estado Carabobo. Visionario de su tiempo, Branger impulsó una de las primeras experiencias industriales del país, orientada a la producción textil y la tenería de cueros, aprovechando las extensas plantaciones de algodón, cacao y café.

Durante las primeras décadas del siglo XX (1895–1905) la hacienda se consolidó como un emporio agroindustrial. Su caserón colonial de dos pisos, construido con paredes de arcilla, vigas y barandas de madera, no solo albergaba a la familia Branger, sino que también se convirtió en epicentro de la vida social de la élite regional. Las fiestas y reuniones celebradas allí eran célebres, y la hacienda llegó a emitir sus propias fichas de pago para los trabajadores, símbolo de su poderío económico.

Expropiación y transformación agraria (1.959–1.964)

El esplendor de La Unión comenzó a desvanecerse durante el gobierno de Rómulo Betancourt (1.959–1.964), cuando fue expropiada por el Instituto Agrario Nacional (IAN) en 1962. Esta medida formó parte de la política de reforma agraria impulsada por el Estado venezolano, que buscaba redistribuir la tierra entre los campesinos y trabajadores agrícolas.

Tras la expropiación, las tierras fueron adjudicadas a los trabajadores de la antigua hacienda, quienes formaron la comunidad agrícola. Aunque cesaron las actividades industriales y se retiraron las grandes máquinas procesadoras de café y cacao, los nuevos parceleros mantuvieron viva la tradición agrícola, especialmente el cultivo del cacao, que aún perdura.

 

Cine y deterioro (1.990–2.000)

Importante destacar que a  mediados de la década de 1.990, la Hacienda La Unión volvió a ser protagonista, esta vez como locación cinematográfica. Fue seleccionada para la filmación de la película venezolana “Desnudo con Naranjas”, protagonizada entre otros actores por Daniel Alvarado y Lourdes Valera.

La producción exigía una ambientación decadente, por lo que se demolieron algunas paredes y columnas del caserón, sin que posteriormente se realizaran reparaciones.

Este hecho aceleró el deterioro de la estructura. Sin embargo, la falta de mantenimiento y el uso inadecuado del espacio derivaron en su ruina casi total. Hoy, la antigua residencia de los Branger, que alguna vez fue símbolo de progreso y elegancia, se encuentra en condiciones deplorables.

Toma de la «Película Desnudo con Naranjas» intervenida con IA: reconstrucción de la parta alta de la casona

Reconocimiento legal y patrimonial (2.006) marco jurídico de protección

En reconocimiento a su valor histórico, arquitectónico y cultural, la Hacienda La Unión fue incluida en el Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano 2004–2006. Mediante la Resolución Nº 003-05 del 20 de febrero de 2006, fue declarada Bien de Interés Cultural, quedando sujeta a las disposiciones de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la Ley de Protección y Defensa del Patrimonio Cultural, su Reglamento y demás normativas aplicables.

Este estatus legal implica que cualquier intervención sobre el inmueble debe respetar criterios de conservación y restauración patrimonial, y que el Estado tiene la responsabilidad de garantizar su resguardo y puesta en valor.

 

Un llamado al rescate

La historia de la Hacienda La Unión es la historia de un país que ha transitado del esplendor agrícola a los desafíos del presente. Es también la historia de una comunidad que, pese a todas las dificultades, ha mantenido viva la tierra con el cultivo del cacao, viviendo incluso solo de ello para mantener sus familias. Sin embargo, el deterioro del caserón principal amenaza con borrar un testimonio invaluable de nuestra memoria colectiva.

Desde “Vestigios del Pasado” hacemos un llamado urgente, rescatemos la Hacienda La Unión. No permitamos que el olvido y la desidia sepulten otro capítulo de nuestra identidad. Que este vestigio del pasado se convierta en un faro para el futuro, como espacio de memoria, encuentro y dignidad.

 

 

Ciudad Valencia/Diego Trejo/M.Ll