Amigas y amigos, constructores de sueños, forjadores de esperanzas: El pasado 5 de abril se cumplieron cincuenta y siete años de la muerte de don Rómulo Gallegos (y hoy 2 de agosto se cumplen 142 años de su nacimiento), considerado por muchos el más destacado escritor de las letras venezolanas. Su figura histórica abarca dos dimensiones que, aunque distintas, se superponen tenuemente.

Lo cual es resultado, por una parte, del significado que se le ha atribuido a su obra literaria en la cual se encuentra una radiografía de aspectos de la sociedad venezolana de finales del siglo XIX y comienzos del XX; y por otra parte, de la participación que el gran novelista tuvo en la vida política venezolana, al punto de llegar convertirse en presidente de la República electo por votación universal directa y secreta —sin otra condición que la mayoría de edad—.

Una figura —la de político— a la que parece haber llegado más por sus convicciones morales y el deseo de contribuir al engrandecimiento nacional, que por una verdadera vocación.

 

DEL MISMO AUTOR: LA REVOLUCIÓN DE LAS REFORMAS

 

Idiosincrasia del venezolano

Nacido el 2 de agosto de 1884, la vida de Rómulo Gallegos estuvo marcada —como la de los venezolanos de su tiempo —por el empeño del régimen guzmancista en sentar las bases de nuestra identidad nacional. Un esfuerzo que tuvo en la figura del Libertador Simón Bolívar, los próceres de la independencia y la gesta independentista el punto de encuentro, cohesión e identificación para el forjamiento de un imaginario colectivo que contribuyó a darle forma y sentido a la idea de nación que tenemos hoy.

Guzmán Blanco tuvo el mérito de percatarse de que en medio de aquel país desintegrado por las dificultades del territorio y la ausencia de vías de comunicación, los únicos referentes comunes entre los venezolanos eran El Libertador Simón Bolívar y la gesta independentista.

Diseñó, entonces, una arquitectura simbólica e ideológica que contribuyó al forjamiento de la identidad nacional. Los símbolos patrios, la moneda y el Panteón Nacional, las plazas Bolívar, los nombres de próceres y acontecimientos emblemáticos de nuestro acontecer histórico asignados a calles y espacios de la ciudad, la iconografía independentista, la conmemoración del centenario del natalicio de Padre de la Patria, entre otros aspectos, marcaron una impronta en la gestación de nuestra cultura patria.

Este proceso tuvo en la formación académica y espiritual de Rómulo Gallegos especial significado, impactando fuertemente su producción intelectual. Doña Bárbara describe la realidad del latifundio venezolano, la violencia contra la mujer, la explotación del campesino y la existencia de un país donde el más fuerte imponía su ley. Era la demostración de que la independencia de España no trajo como consecuencia la reivindicación de socioeconómica de los sectores populares y que el régimen colonial pervivía en el latifundio como instrumento de explotación social.

También sintetiza el debate entre civilización y barbarie planteado desde el positivismo. Un debate que ya había introducido Domingo Faustino Sarmiento en su célebre obra Facundo, expresión del dilema de las sociedades nuestroamericanas en asumir la Modernidad europea representada en la cultura, educación, arquitectura, tecnología y modelos políticos; en contraposición a la anarquía caudillista, la cultura provinciana, la adjudicada pobreza cultural y social de los pueblos Latinoamericanos.

Una visión que está marcada por la concepción eurocéntrica que adoptaron las élites criollas culminado el proceso independentista, que abrió paso a procesos socioculturales y sociopolíticos que Iraida Vargas y Mario Sanoja han llamado preterización —negación —de la cultura aborigen y negra, que condujo a un endorracismo solapadamente persistente en nuestras sociedades. Vale la pena destacar, en este sentido, la pertinencia del texto de Vladimir Acosta: Salir de la colonia.

 

Rómulo Gallegos

 

El esfuerzo de Gallegos por reflejar una imagen del proceso histórico venezolano también está presente en trabajos como Pobre Negro, que cuenta la lucha de los sectores esclavizados y excluidos por alcanzar la libertad y la igualdad después del proceso independentista, y Cantaclaro, donde la novela y la poesía se mezclan para mostrar el folclor, las creencias, costumbres y tradiciones del llano, destacando el arraigo del catolicismo en la idiosincrasia venezolana.

En Sobre la misma tierra se afirma el sentido de identidad nacional de una mujer indígena guajira que, criada por una familia adoptiva, vive fuera del país, estudia y se forja un mundo intelectual y cultural distinto al de sus ancestros y coterráneos, pero al final regresa para vivir al lado de los suyos. La novela muestra el drama e impacto de la explotación petrolera y los conflictos de identidad nacional que produjo la irrupción de nuevos patrones: culturales, lingüísticos, comerciales, tecnológicos en la sociedad venezolana.

En definitiva, la obra de Rómulo Gallegos es síntesis dialéctica de nuestra sociedad y expresión ontológica del Ser venezolano.

 

Fugaz mandato

Este sentido nacionalista probablemente haya sido el acicate que orientó su acción política. Primero desde la función pedagógica como docente en el liceo Andrés Bello, inculcando valores que afianzaban el amor a la patria. Su figura imponente y ascendencia moral fueron referentes para una generación que alcanzó gran figuración en la vida pública nacional. Desde la acción pedagógica, Gallegos quiso hacer realidad la máxima plasmada por el Libertador en Discurso ante el Congreso de Angostura: “moral y luces son los polos de una República, moral y luces son nuestra primeras necesidades”.

El respeto y el prestigio que había alcanzado, así como el deseo de contribuir al impulso de las transformaciones políticas y sociales que demandaba la sociedad venezolana tras la muerte de Juan Vicente Gómez, lo condujeron a prestar su concurso en el ámbito de la gestión pública ingresando al mundo político.

Fue así como luego de un breve desempeño como Ministro de Educación en el gobierno de Eleazar López Contreras, el escritor prestó su nombre para ser postulado como concejal por el Distrito Capital y más tarde como Diputado al Congreso Nacional. También apoyó la creación del partido Acción Democrática del que llegó a ser presidente y candidato para la elección del cargo de presidente de la República, que correspondió realizar al Congreso Nacional en 1941.

Tras el derrocamiento del presidente Isaías Medina Angarita, el proceso constituyente convocó a elecciones universales, directas y secretas en 1947, Rómulo Gallegos fue nuevamente postulado como candidato presidencial obteniendo un triunfo arrollador. Pese a eso, su gobierno duró muy poco, apenas nueve meses, siendo derrocado por un golpe de Estado liderado por los mismos militares que tres años antes habían insurgido contra el presidente Medina Angarita.

Su fugaz mandato puede ser explicado, en parte, por su inexperiencia política, pues era un intelectual que había llegado a la vida pública por el deseo de ser útil a su Patria. Y en parte, porque su moralidad le impidió ceder a las exigencias de los líderes del golpe de estado.

El novelista devenido en político consideró una acción inmoral e inconstitucional que militares cuya obediencia y lealtad eran mandatos de la nueva Constitución, realizaran exigencias que, en su opinión, de ser cumplidas, no solo degradaban la majestad del cargo que ostentaba sino que infringían el orden jurídico establecido en la Carta Magna.

En estos tiempos en que la soberanía y autodeterminación están seriamente amenazadas, y en la que personas sin mayor conciencia de Patria y conocimiento de nuestro proceso histórico opinan sobre la “conveniente” anexión de Venezuela a otra nación; la vida y obra de Rómulo Gallegos emergen arquetipo y síntesis del gentilicio y la identidad nacional venezolana.

 

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"La Campaña de Oriente de 1813", por Ángel Omar García

Ángel Omar García González (1969): Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales, y Magister en Historia de Venezuela, ambos por la Universidad de Carabobo, institución donde se desempeña como profesor en el Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Educación. En 2021 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Alternativo por la Columna Historia Insurgente del Semanario Kikirikí. Ganador del Concurso de Ensayo Histórico Bicentenario Batalla de Carabobo, convocado por el Centro de Estudios Simón Bolívar en 2021, con la obra “Cuatro etapas de una batalla”. Es coautor de los libros “Carabobo en Tiempos de la Junta Revolucionaria 1945-1948” y “La Venezuela Perenne. Ensayos sobre aportes de venezolanos en dos siglos”.

 

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Ciudad Valencia/RN