Municipio Muñoz, estado Apuro - Patrimonio Cultural de Venezuela

Desde la mirada de la educación en patrimonio cultural que transmite, documenta, promociona y enriquece, hablaré del municipio Muñoz, estado Apure y sus elementos asociados, declarados Bien de Interés Cultural por el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC), según Providencia Administrativa N° 003/05 del 20-02-2005, Gaceta Oficial N° 38.234 del 22-07-2005. Toda vez, como Portadora Patrimonial de la Nación (Gaceta Oficial N° 43.127 del 14-05-2025).

 

El latido llanero de Muñoz: memoria, sabana y arraigo en el corazón de Apure

Entre esteros de aguas mansas y un horizonte que parece fundirse con el cielo infinito, el municipio Muñoz del estado Apure se alza no solo como un vasto territorio geográfico, sino como un espacio vivo donde la historia, la faena y la tradición oral tejen la identidad más pura de nuestra venezolanidad. Recorrer sus caminos es adentrarse en el pulso indomable del llano, donde cada atardecer enciende la memoria de un pueblo que canta, resiste y abraza su herencia con orgullo.

Historia del centro poblado Bruzual, asiento de la capital del municipio autónomo Muñoz, conocido antiguamente como Manga Angulera. Fue fundada en terrenos pertenecientes a don Gorgino Santana. Esta ciudad, para el año 1860, ya existía como un centro poblado de relativa importancia, su nombre actual fue asignado ante la Asamblea Legislativa del Estado Soberano de Apure, el 20 de agosto de 1872 o 1873, en homenaje al soldado de la Federación General Manuel Ezequiel Bruzual, recordado como el “Soldado sin miedo de la Federación”.

Sus límites dentro del municipio trazan una geografía de agua y sabana, por el norte con el estado Barinas, aguas abajo desde el extremo oriental de la isla Mejiera hasta la desembocadura del Caño Guaritico; hacia el este, aguas arriba desde la desembocadura en el río Apure hasta el Caño Ivisote; y al oeste con la parroquia San Vicente mediante una línea recta. Es una población en constante desarrollo, puesto que en sus tierras generosas se cosechan múltiples plantas y frutas que impulsan el crecimiento de sus habitantes. Bruzual se descubre así como un centro poblado muy acogedor e indispensable para el disfrute de la vida rural y urbana, preservándose como un lugar majestuoso custodiado por el imponente río Apure y el característico puente colgante que abraza su memoria.

 

Raíces de barro y sabana: el eco ancestral de los pueblos originarios

Este suelo llanero, hoy fértil y apacible, guarda en sus entrañas una memoria mucho más honda, tejida por las antiguas etnias que moldearon el territorio de los municipios Achaguas y Muñoz. Los estudiosos de la historia regional nos recuerdan que aquellos primeros pobladores pertenecieron a la gran familia arawaca, viajando desde la inmensidad de la Amazonia brasileña para echar raíces en el horizonte apureño. Entre ellos florecieron los achaguas, también llamados axaguas, caguas o yaguas, una de las estirpes más importantes de la sabana, cuya vida entera se sustentaba en la cosecha de la yuca, la caza generosa y la pesca de río.

Yauro

En su profunda cosmovisión, creían nacer de los troncos o de las aguas, profesaban una fe teísta a un dios invisible y elevaban su devoción en recintos sagrados. A su lado caminaron los otomacos, quienes veneraban a un ser supremo creador que premiaba el bien y castigaba el mal, situando su origen mítico en una piedra del majestuoso pico Barraguán, asumida con ternura como su abuela y rigiéndose por una organización colectiva donde el fruto del trabajo se repartía como un abrazo entre todos los miembros de la comunidad.

Aunque tanto los otomacos como los achaguas sufrieron el implacable embate de las epidemias y la Conquista, la savia de la tierra no logró apagarse del todo. Hoy, los yaruros, quienes con orgullo se reconocen en su lengua como los pumé, continúan habitando y defendiendo el paisaje apureño, latidos vivos en comunidades como Fruta e’ Burro. Conocidos también en los libros como saruros o sayuros, labran la tierra sembrando yuca, maíz y topocho, se desenvuelven como diestros cazadores de río y consagran sus manos a la orfebrería de la fibra, tejiendo con paciencia amorosa mapires y chinchorros de moriche. Para ellos, cada amanecer y cada faena no son más que una hermosa transición hacia una vida futura, recordándonos que el llano es, ante todo, un eterno abrazo con el tiempo.

 

Ríos, plazas y caminos: la geografía viva que abraza a Muñoz

El discurrir de este municipio se dibuja también a través de sus cauces, sus espacios de encuentro y sus vías. Es el río Caicara, nacido del Buría y hermano del caudal que besa Mantecal y abraza la memoria del antiguo El Chacero, el que riega con su historia las sabanas de El Frío y se entrega como afluente al gran río Apure, fiel testigo de las familias que habitan sus márgenes.

A pocos pasos de ese pulso natural late el corazón urbano con la Plaza Bolívar de Bruzual, levantada en 1960 y renovada en 1995, flanqueada hoy por la iglesia parroquial, la alcaldía y el grupo escolar. Sus ocho entradas de concreto y su escultura pedestre al Libertador no solo marcan el centro de la parroquia, sino que resguardan la solemnidad de los actos de grado y el fervor de las efemérides locales. Desde allí, la geografía se abre hacia las arterias que vertebran la comunidad; la avenida Libertador, que enlaza la carretera nacional con la plaza bajo la luz de sus postes de hierro, y la avenida José Cornelio Muñoz, levantada en 1991 para honrar al prócer de la independencia con su doble vía y sus plantas ornamentales en la isla.

Es un territorio que también late en el encuentro comunitario, resguardado por espacios como la cancha deportiva Héctor Adolfo Trejo, erigida en 1976 para la juventud, y la tarima cultural Ángel Tomás, dispuesta con su recinto cerrado para recibir el talento y el arte de los cultores locales. Todo este entramado se funde en la inmensidad de los paisajes del llano, tierra de horizontes abiertos, de atardeceres encendidos que han inspirado a incontables compositores al son del arpa, y suelo sagrado donde retumban todavía los cascos de la historia en las batallas de Mucuritas, El Yagual y Las Queseras del Medio.

 

El coloso de hierro y viento: el Puente Colgante José Cornelio Muñoz

Alzándose imponente sobre la vastedad del majestuoso río Apure, el Puente Colgante José Cornelio Muñoz se erige como un auténtico coloso de hierro, viento y memoria. Inaugurado el 20 de diciembre de 1971 tras la labor de la empresa Vandanca, esta obra monumental lleva con orgullo el nombre del general de división José Cornelio Muñoz, valeroso prócer de la independencia nacional, nacido en San Vicente, en este mismo municipio, en el año 1794.

 

Puente Colgante

 

Con una longitud de cuatrocientos treinta metros y una anchura de casi diez metros, su estructura metálica deslumbra por su ingeniería, dos imponentes torres de doble pata, treinta y dos guayas de contención y una arquitectura que lo consagra como el segundo puente de sus características en todo el país. Al cruzar desde la ribera barinesa hasta la cabecera sur que abraza la mitad de la parroquia Bruzual, este puente no es solo una arteria vital para el fluido tránsito de vehículos y el intercambio de alimentos y recursos entre estados, sino la gran puerta de entrada al llano hondo. Sostenido por las manos de su gente y bajo el resguardo institucional, su imponente estampa y su diseño colgante lo convierten en un refugio de valor turístico incalculable, donde la modernidad se funde con el eterno latido de la sabana.

 

El pulso artesanal y el canto de la sabana

Recorrer la geografía de Muñoz es también palpar los aperos y artefactos que han hecho posible la vida a lomo de caballo y a la orilla del río. Allí está el infaltable cabo e’ soga, cortado con maestría en cuero de ganado, y las riendas tejidas a tres guías como crinejas que brindan seguridad al jinete, hermanándose con la utilidad de la jamuga de palos y bajero de topocho para el transporte de las cosechas.

Es un mundo donde la destreza manual se eleva al rango de arte con los célebres frenos mantecaleños, forjados a mano por la estirpe de la familia Villafañe Aguilar desde hace más de medio siglo y con las tradicionales canoas cortadas en luna menguante sobre madera de saqui-saqui o cedro, esculpidas con hacha para surcar las aguas del Apure. Entre la indumentaria imprescindible del llanero, hecha de pantalón caqui, sombrero, alpargatas y ruana, resplandece además la mítica campechana de cuero curtido con dividivi que, desde hace dos centurias, sirve de hamaca en el caney y de amuleto contra los malos espíritus.

Ese mismo ingenio popular se desborda hacia la música y la celebración comunitaria, donde la creatividad encuentra su voz más genuina. Las sabanas apureñas guardan el eco sonoro del ingenioso violín de lata, construido con un envase de aceite, mango de madera y cuerdas de hilo que superan en sonoridad a los instrumentos tradicionales, convirtiéndose en estandarte cultural de sus pobladores. Cada uno de estos implementos, labrados con paciencia campesina, conforma el tesoro vivo de un pueblo que ha sabido transformar su faena diaria en poesía, identidad y soberanía cultural.

 

El vino de la sabana: el secreto de la uvita y el legado de don Antonio

Y si de sabores y aromas entrañables se trata, el municipio Muñoz guarda en la tierra de Bruzual un secreto de alambique y paciencia; la elaboración del tradicional vino artesanal de uvita, fruto de la palma Bactris guineensis. Entre los meses de julio y septiembre, cuando la fruta madura generosa, las manos laboriosas de la comunidad, en una maestría que honra la memoria de cultores como don Antonio Unti Alas, quien junto a José Ramón Castillo consagró más de cuarenta años a su fábrica Vino Don Antonio, transforman el mosto exprimido en tazas de totuma, lo mezclan con azúcar y esencia de corazón de roble, y lo dejan reposar en tambores durante largos meses de fermentación etílica.

De allí brotan aquellos legendarios vinos estilo oporto, semi-seco y de diez años que alcanzaron a producir hasta diez mil litros anuales. Valorado tanto por sus propiedades medicinales para espantar la tos y estimular el apetito como por su prestancia en la mesa para aderezar carnes y agasajar al visitante, este néctar artesanal es, sin duda, el sorbo más auténtico de la identidad apureña.

 

El rugir de la sabana: el mágico desfile de los bueyes en La Estacada

Y si hay una estampa donde la devoción, la faena y la fiesta popular se constituyen en un solo abrazo, esa es la emblemática festividad y desfile de bueyes, celebrada en el marco de las Ferias de La Estacada una semana antes de la Semana Santa. En esta cita ineludible con la tradición, entre veinte y treinta imponentes bueyes desfilan tirando de carretas primorosamente adornadas con flores naturales y de papel, guiados por promotoras ataviadas con liqui-liqui, amplias faldas estampadas, sombreros y tocados florales. Con la carroza de la reina y el paso majestuoso del buey más grande abriendo camino, los pobladores de Rincón Hondo y de toda la región salen a las calles entre aplausos y vítores. Más que un desfile, es un conmovedor acto simbólico de carácter sociocultural que rinde tributo a la pujanza bovina y al trabajo histórico de la tierra, mostrando con orgullo cómo estos nobles animales han sido el motor vivo de la siembra y el transporte en la sabana apureña.

 

El santuario de la vida: la Estación Biológica El Frío

En el corazón palpitante del Alto Apure se alza un refugio de resonancia mundial, la Estación Biológica El Frío, auténtico templo de la biodiversidad donde la naturaleza defiende su soberanía. Este santuario ecológico es el hogar protector de especies amenazadas que encuentran en sus sabanas y aguas dulces un cobijo sagrado. Allí discurren con libertad el imponente caimán del Orinoco (Crocodylus intermedius), el esquivo manatí, la tortuga arrau, la nutria gigante y felinos de estirpe legendaria como el jaguar, el puma y el ocelote, acompañados por el sutil nado del delfín fluvial y la presencia de anacondas, capibaras y monos araguatos.

Cartel Estación Biológica El Frío

Los cielos y esteros del refugio se tiñen de vida con más de doscientas setenta especies de aves, desde garzas, cigüeñas e ibis hasta el majestuoso garzón soldado, el pato carretero y una variada sinfonía de loros, pericos, guacamayas y aves rapaces. Este latido conservacionista tiene hitos imborrables, como aquel célebre caimán “padrote” que, con cuarenta y siete años de historia, cinco metros de longitud y la sabiduría de los años en sus fauces, encabeza un programa de reproducción que hoy regala anualmente trescientas crías al ciclo de la vida, consolidando un esfuerzo pionero en la preservación del cocodrilo del Orinoco.

Arquitectura y paisaje se funden en este confín a través de un acogedor campamento que reedita la estética colonial de la sabana: volúmenes de planta rectangular, techos de madera guarnecidos de paja y amplios corredores que invitan a la contemplación. Desde allí, el visitante se adentra en la inmensidad mediante excursiones en vehículos rústicos 4×4 o navegando los espejos de agua del río Apure y el Refugio de Fauna Caño Guaritico. Y es así, entre la ciencia y el asombro, que se consagra la legendaria Estación Biológica El Frío, santuario mundial de vida silvestre, refugio del caimán del Orinoco, de los delfines fluviales y de esa arquitectura llanera de techos de paja y corredores abiertos, recordándonos que el municipio Muñoz es, de principio a fin, un latido eterno de la patria. ¡Visitemos, preservemos y salvaguardemos, estos elementos y sitios Declarados Bien de Interés Cultural!

 

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Danfny Velásquez-columna Patrimonio Cultural de Venezuela

Danfny Esther Velásquez Sosa (1960, Santa Ana, Nueva Esparta) danfnyescritora@gmail.com: Escritora, locutora, maestra pueblo en la Radiodifusión Sonora, productora nacional independiente, cronista comunal, abogada y científica social (doctora en Ciencias de La Educación y en Patrimonio Cultural). Actualmente es la directora interinstitucional de Radio América: R. A. «La Onda de la Alegría» 90.9 FM, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación (G. O. N° 42.670, del 13-07-2023).

Su trayectoria incluye un TSU en Producción de Medios de Comunicación Social (Alternativa, Popular y Comunitaria), una licenciatura en Pedagogía Alternativa, sub-área Registro del Patrimonio Cultural, y un posdoctorado en Corrientes Filosóficas para la Investigación.

 

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Ciudad Valencia/RM