IMPERDIBLES DEL PERIODISMO (23): EDDY LEÓN

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Imperdibles del Periodismo (23): Eddy León se refiere a su libro “La muerte de Fernando Quintero”, caso de asesinato de este ciudadano por la Policía Técnica Judicial en Valencia, 1976. JCDN.

“La muerte de Fernando Quintero” (Editorial Amapola del Camino, 1978) contiene un reportaje sobre el asesinato de este estudiante de ingeniería de la Universidad de Carabobo a manos de dos inspectores de la Policía Técnica Judicial, acaecido en el miércoles 23 de marzo de 1976 en Valencia, la de Venezuela.

Esta fragrante violación del derecho a la vida, impactó a la opinión pública regional y nacional.

Muy a pesar de las falencias del libro, Eddy León persistió en el seguimiento obstinado del caso, al punto de acertar con su hipótesis relativa a la participación homicida de miembros de la PTJ.

La teoría de León se verificaría dos meses y medio después, pese a la obstaculización de la investigación de parte de la institución policial y la clase politiquera.

El pacífico contexto político-social no era favorecido para nada por la falta de ecuanimidad y control del gobierno adeco de Carlos Andrés Pérez I.

Tenemos por ejemplo el ajusticiamiento sumario de Jorge Rodríguez de la Liga Socialista a manos de la DISIP, siendo el móvil la represión política y la técnica la tortura. El ministro de Relaciones Interiores, Octavio Lepage, mintió con la especie del suicidio.

Poco tiempo después, moría en un atentado el candidato presidencial Renny Ottolina.

Asimismo ocurrió con el penalista Ramón Carmona Vásquez. El grupo Gato de la PTJ, liderado por Molina Gásperi, sería el victimario en estos dos últimos casos.

La Pasión y Muerte del estudiante y mecánico Quintero

Fernando Segundo González Quintero fue abaleado y secuestrado por los inspectores Alexis Mejías e Ismael Niño de la PTJ, al confundirlo con un presunto delincuente, Luis Alfredo Vásquez.

El cadáver fue arrojado en un descampado del Mirador de Guataparo, estando a la intemperie durante alrededor de 70 días.

Quintero y su “doble” vivían en el barrio Los Chorritos de Valencia. Irónica y macabra transfiguración real del evangelio: El Jesús de Nazaret ajusticiado en la cruz, mientras que Barrabás se libró de una muerte en ciernes.

La Pasión y Muerte del estudiante y mecánico Quintero, como lo apellidaba Eddy León, transitó el intervalo del Carnaval, la Cuaresma y la Semana Santa de 1976.

Segmento espacio temporal donde reinó la injusticia. Por fortuna, acicateado por el reportero León, la ciudad de Valencia fue estremecida por protestas en las que participaron el estudiantado, los trabajadores y las amas de casa.

Hay que destacar la dedicación del Fiscal, el Doctor Oscar Álvarez Torres, durante la investigación y, en especial, la extraña alianza entre el Arzobispado de Valencia, encabezado por Monseñor Luis Eduardo Henríquez, y la dirigencia estudiantil de la UC, coordinada por Silverio Hernández y Luis Enrique Vizcaya, la cual presionó para la resolución del caso.

 

El libro de Eddy León está estructurado a pedazos 

El libro de Eddy León, admirable por la tenacidad inquisitiva que condujo al acierto de su hipótesis, está estructurado a retazos.

La presentación del periodista y docente Santiago Betancourt Infante peca de irregular, porque segrega retórica y la presuntuosa egolatría del mal llamado Cuarto Poder, ello en tanto aparato ideológico del Estado.

La diagramación anárquica va a la par de la floja estructuración del discurso.

Nos llama la atención que León desarrolla una crónica simulando la trama y las inflexiones de las radio novelas de Rumbos y Continente.

El llamado de atención del lector y “las fuerzas vivas” de la sociedad, radica en un efectismo melodramático –deliberado o no-.

La narrativa

La voz narrativa es la de primera persona, la cual involucra al autor, rompe con el principio fallido de la objetividad y veracidad del periodismo convencional.

El periodista se identifica con Quintero y su familia, participando activamente en la pesquisa del “desaparecido”.

El género de sucesos muta en novela negra: El reportero se convierte en detective ad hoc, como si siguiera el ejemplo de Sam Spade en “El halcón maltés”. El tono, en ocasiones egotista, no es institucionalista ni gremial. Obedece al propio yo del que realiza su oficio con el mayor entusiasmo posible.

Por supuesto, la peregrinación justiciera iniciada por Eddy León, guardaba una esencia social: “Ya el caso Quintero no era un caso de un periódico o de un periodista. Lo de Quintero era la lucha de un pueblo por rescatar a su hijo vivo o muerto” (p. 137). El diarismo, más allá de lo ideológico y el mercadeo, se erige como voz profética de denuncia.

El reportero, claro está, sufrió las tentaciones de la banalización mediática: “Ya faltaba poco para lanzar la noticia” (p. 63). Esto es la fabricación sensacionalista de la noticia, tal como lo enseña la teoría y la praxis ideologizantes del oficio. Más pudo en León la restitución de la justicia que el mercadeo mediático.

Incluso, se pone en evidencia la horrenda estancia policial y reclusoria del Cuartel de la Policía del estado en la calle Navas Spínola:

“En estos minúsculos cuartos a veces introducen hasta cuatro personas, existiendo un grado de promiscuidad tal, que causa repugnancia, tanto como los nauseabundos olores que se respiran en toda esa área del Retén” (p. 89).

Esto nos constó en la década de los ochenta, cuando junto a dos miembros más del Movimiento Universitario Evangélico Venezolano, fuimos recluidos en esa sórdida prisión por “portar consignas subversivas” en el caso de otro estudiante asesinado por la policía.

Recientemente, el Fiscal Tareck William Saab denunció el hacinamiento en ese mismo espacio penitenciario de tránsito.

Para colmo de males, se había atascado la investigación con motivo de la visita del presidente-milico de Argentina, Jorge Videla a Valencia, la cual también fue protestada por la colectividad.

La participación del pueblo

La democracia representativa se lucía en el homenaje a tan sangriento sátrapa violador de los derechos humanos.

Los puntos más altos de este álbum de recortes periodísticos, además del tesón reporteril desplegado por León, se encuentran al final del libro: el artículo de agradecimiento, muy bien escrito, por su colega Omar Buznego; la crónica de Mary Méndez, sin lirismo llorón ni arrebatos arrogantes, sobre las honras fúnebres a Quintero; y, especialmente, la pertinente y sentida homilía vitalista del Profesor Ascánder Contreras que empalma con la Teología de la Liberación.

La fortaleza de este reportaje, no en balde las debilidades estilísticas, descansa en la participación del pueblo –facilitada por el periodista, el fiscal, la dirigencia estudiantil y el Arzobispo Henríquez- en la resolución del caso Quintero. Hecho atípico en una sociedad tan conservadora como la de Valencia.

Vale la pena su lectura, pues nos reivindica la esperanza de que el pueblo de Valencia, la de Venezuela, se convierta nuevamente en legislador exigente y contralor terco de la clase política en el estado y el resto del país.

 

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BIBLIOGRAFÍA
León, Eddy (1978). La muerte de Fernando Quintero. Valencia: Amapola del Camino.
José Carlos De Nóbrega / Ciudad VLC

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