Maestría es el arte y la destreza de enseñar o ejecutar una cosa. En ambas destacó José La Rosa. Enseñó pintura, desde clases a domicilio hasta dirigir las escuelas de arte de Maracay y de Valencia.
Y enseñaba lo que ejecutaba: sus trabajos tempranos de corte expresionista, retratos de pacientes psiquiátricos en Bárbula, donde trabajo como enfermero en sus inicios, hasta su obra madura, composiciones sobre calaveras de vaca (bucráneo), que por sus perspectivas se ubicaban entre la figuración y la abstracción, pasando del Tanathos al Eros de sus últimos trabajos con vaginas minúsculas y seriadas. La Rosa se reinventaba.
Hace una semana le vimos en la feria de libros leídos del Museo de Arte Valencia (MUVA), espacio que frecuentaba. Con boina y barba a lo Reverón, el maestro nos mostraba y explicaba, desde el análisis plástico, las imágenes de Bárbaro Rivas de un libro en gran formato de Juan Calzadilla.
En algún plano, en alguna dimensión del cielo de los pintores, le están recibiendo ahora Reverón, Calzadilla, Bárbaro, entre otros amigos.
Oriundo de un caserío de Puerto Cabello llamado Quitasol, a edad temprana paso José La Rosa a Trincheras. Se inició de niño en el arte observando a los pintores de carteles, a los que pedía pinturas de laca en vasitos que luego llevaba a su casa, a su cuarto, donde pintaba en las paredes sus primeras mujeres.
Luego vendrían los estudios formales, ya adulto, en la Escuela de Arte “Arturo Michelena” donde sería finalmente profesor. Pero ese inicio, observando a los pintores populares, ingenuos, de carteles, será el que le conectará con la admiración final hacia Bárbaro Rivas, que usaba pinturas industriales, sacada de talleres mecánicos y de trabajadores informales, o de Reverón, y sus parodias al arte oficial.
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La Rosa dijo que la colonia psiquiátrica de Bárbula fue su universidad. Y un premio en un concurso de pintura de los trabajadores fue su boleta de entrada a la Escuela de Arte Michelena, donde lo habían rechazado en anteriores oportunidades.
Dos veces estudio en esta Escuela, porque egresado se volvió a inscribir cuando llegaron como profesores Jaime Sánchez y Régulo. Y en sus lecciones estaba lo aprendido con los maestros de la pintura venezolana, y también lo que vio en esos primeros pintores populares, de carteles de restaurantes de Trincheras, pues son muchos los caminos del arte, y más instructivos pueden ser los senderos, sus atajos y desvíos, que las fáciles autopistas de la información.
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Pedro Téllez (Valencia, 1966): Psiquiatra y escritor. Egresado de la Escuela de Medicina de la Universidad de Carabobo, donde también cursó las Maestrías de Historia de Venezuela y Literatura Venezolana. Ha sido profesor de estética en la Escuela de Arte «Arturo Michelena» y coordinador del Postgrado de Salud Mental en el Hospital Psiquiátrico de Bárbula.
Ha formado parte del comité de redacción de las revistas Poesía y La tuna de oro. Entre sus libros se encuentran: Añadir comento (1997), Fichas y remates (1998), Tela de araña (1999), La última cena del ensayo (2005), Un naipe en el camino de El Dorado (2007), Elogio en cursiva del libro de bolsillo (2007), Valencia sulaco (2019).
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