Este nuevo artículo de Vestigios del Pasado busca rescatar la verdadera historia de un inmueble patrimonial que ha sido objeto de múltiples comentarios y publicaciones en redes sociales.
La difusión de su memoria es motivo de celebración, pero también de reflexión, pues la historia para ser contada debe conocerse con rigor y transmitirse con veracidad. En ocasiones, se han divulgado versiones erradas en diferentes plataformas que confunden a la ciudadanía y desvirtúan el valor de este patrimonio.
Por ello, se presenta aquí un relato fiel y documentado sobre la llamada Casa de los Arcos, con el propósito de perpetuar su legado en el tiempo, gracias a los aportes históricos proporcionados por el actual Coordinador de Patrimonio Histórico de la Gobernación del estado Aragua, Wladimir Alberto Rodríguez Centeno.
Antecedentes históricos: La Fuente de Onoto y sus aguas termales en la montaña
Hoy se habla de un elemento patrimonial que merece atención: La Casa de los Arcos, como es denominada hoy en día. Para comprender por qué existe este inmueble, es necesario remontarse a 1787, cuando el gobierno español de Caracas ordenó a un grupo de exploradores verificar la existencia de minas de oro en la zona de Onoto, al norte de Maracay.
En lugar de oro, encontraron una fuente natural, un manantial de aguas termales, alcalinas y sulfurosas. Es importante subrayar que no eran aguas potables, sino termales, con propiedades distintas y de gran valor natural.
Décadas más tarde, en 1823, durante la guerra de independencia, el Libertador Simón Bolívar recurrió al agrícola y químico Jean Bautist Busangó para buscar minerales que pudieran financiar la causa emancipadora.
En su paso por Maracay, Busangó constató la calidad de las aguas termales de Onoto, con una temperatura de 44,5 ºC, reconociendo su valor terapéutico para la salud.
La canalización de las aguas termales a una fuente: La Glorieta en tiempos de Juan Vicente Gómez
En 1927, el general Juan Vicente Gómez, consciente de la importancia de estas aguas y de su procedencia, ya que muchas personas venían de lejos con sus cántaros o envases para buscar agua, encomendó al ingeniero André Potel (quien construyera la casa de Doña Amelia en el centro de Maracay) levantara un balneario en la denominada Fuente de Onoto, arriba en la montaña, para el aprovechamiento de sus aguas.

Sin embargo, al prever que las personas ya no podrían subir a la montaña para buscar el agua, Gómez le indicó la necesidad de crear un espacio más cercano.
Potel eligió un lugar a unos 600 metros al norte de la residencia del general y allí levantó una glorieta de estilo mediterráneo morisco, abierta por todos sus lados y decorada con mosaicos sobrantes de la casa de doña Amelia.
En el centro se colocó una fuente circular, en cuyo centro se levanta un rectángulo adornado con figuras de leones, de cuyas bocas brotaba el agua termal conducida por tuberías subterráneas desde La Fuente de Onoto.
Conviene reiterar que este espacio nunca fue un pozo de agua potable, como incorrectamente se ha dicho; su propósito era exclusivamente traer agua termal para uso terapéutico, y facilitar a las personas subir a la montaña para ir a buscar el preciado líquido termal.
Como dato adicional es importante resaltar que en la actualidad, el lugar donde estaba ubicada La Fuente de Onoto (donde manaba las aguas termales) en la década de los años 50, le dan concesión a la Embotelladora de Agua Mineral El Castaño, pero esta nunca tuvo que ver con la fuente construida en la glorieta en 1927, ya que nunca llegó a transportar agua mineral.
La Glorieta tras la muerte del General Gómez: Restaurante Familiar La Fuente
Tras la muerte de Gómez en diciembre de 1935, la fuente quedó abandonada, y sus tuberías averiadas por completo, perdiéndose en el tiempo aquella ingeniería única para aquellos tiempos.
Posteriormente en 1950, Manuel Fernández Estévez solicitó en concesión el espacio para instalar un bar-restaurante familiar llamado La Fuente, que funcionó hasta finales de los años 70. Al cerrarse, la edificación quedó vacía y la comunidad comenzó a llamarla La Casa de los Arcos, debido a la forma de sus puertas. Ñ Durante ese tiempo, la municipalidad utilizó el lugar como depósito.

En 1989, el espacio fue entregado en comodato a la naciente Asociación Civil Ateneo de Aragua, cuyo objetivo fue el rescate de la cultura y quienes gestionaron su recuperación y construyeron un anexo administrativo.
En 1997, con el apoyo de la Gobernación del Estado, bajo la gestión de Didalco Bolívar, el arquitecto José Pulido lideró la restauración y construcción de un nuevo anexo, otorgando mayor valor cultural al conjunto.
Tras otro período de abandono, en 2025 la gestión municipal del alcalde Rafael Morales decidió recuperar la Casa de los Arcos. El arquitecto José Pulido, nuevamente encargado, incorporó dos espejos de agua al frente de la glorieta, un jardín vertical, una lámpara moderna en su interior y una escultura en la base de la fuente de la artista plástica, Ibelisse Lagos..
El anexo fue transformada en biblioteca, en homenaje a los cronistas Augusto Padrón y Holdman Botello, además de una sala superior para exposiciones, charlas y presentaciones musicales. Es necesario insistir en que la glorieta nunca fue un pozo de agua potable.
Su función original fue traer agua termal desde la fuente de Onoto, evitando que la población tuviera que subir a la montaña. Allí llenaban sus envases y regresaban a sus hogares con agua de propiedades terapéuticas.

La Casa de los Arcos, originalmente conocida como La Fuente, constituye un testimonio vivo de la relación entre naturaleza, arquitectura y memoria histórica en Maracay.
Su evolución constante hasta el actual espacio cultural que se cuenta en estos momentos, refleja las transformaciones sociales y urbanas de la ciudad y la manera en que los espacios patrimoniales se revalorizan con el paso del tiempo.
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Este inmueble guarda la memoria de las aguas termales de Onoto y de las iniciativas que, en distintas épocas, buscaron aprovecharlas o darles un nuevo sentido. Desde la visión de Gómez y la obra de Potel, pasando por su etapa como restaurante y sede cultural, hasta su reciente recuperación como museo y centro de actividades artísticas, la Casa de los Arcos ha sido escenario de múltiples usos que enriquecen su valor simbólico.
Preservar su verdadera historia es esencial para valorar este patrimonio y evitar la difusión de mitos que lo desvirtúan. La Casa de los Arcos no solo es un espacio arquitectónico, sino un símbolo de identidad, resiliencia y cultura para la comunidad aragüeña y venezolana.
Su permanencia y revitalización demuestran que la memoria patrimonial, cuando se respeta y se transmite con fidelidad, se convierte en un legado vivo que inspira a las generaciones presentes y futuras.
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Ciudad Valencia/Diego Trejo/M.Ll













