Las ruinas de la planta hidroeléctrica La Cumaca… Es imposible hablar de este tema sin antes mencionar, brevemente, los orígenes históricos de la electricidad en Valencia; gracias a ciertos hombres dentro de la política, como lo fue el presidente encargado de la República, el general Hermógenes López, que con visión progresista decidió comenzar, poco a poco, la electrificación de las principales ciudades del país por allá en 1887.

Según nos comenta el historiador Luis Heraclio Medina, en su portal web Crónicas y Otras Historias, el presidente valenciano Hermógenes López logra celebrar un contrato con una empresa norteamericana llamada «American Telephone Co.», representada en aquel entonces por el ciudadano Michael Dooley.

En un primer momento, el convenio consistía en la instalación de lámparas eléctricas en las principales calles del centro de la ciudad, ya que en aquel entonces el objetivo era alumbrar las vías públicas, porque los utensilios domésticos que actualmente conocemos, tales como lavadoras, cocinas eléctricas, planchas, secadoras y pare usted de contar, cualquier utensilio eléctrico, para aquellos momentos no existía.

 

A pesar de que la idea fue muy buena, el incumplimiento de dichos procesos administrativos para ejecutar este convenio se retrasó, lo que generó que el proyecto se detuviera. No fue sino dos años después, en 1889, cuando reconsideran firmar un nuevo acuerdo, y este contrato contemplaba la instalación de 60 luminarias, encendidas desde las 6:30 de la tarde hasta las 2:00 de la madrugada; finalmente esto se concreta con la instalación de una pequeña planta a vapor movida por carbón y leña.

Quince años más tarde, después de este primer escenario que dejó a Valencia en segundo lugar en la carrera por la electrificación del alumbrado de la ciudad, motivado al retraso administrativo que tuvo, le gana la ciudad de Maracaibo en este récord de producir el servicio de electricidad pública. Sin embargo, esto no se detuvo allí, después de ese primer intento en 1904, un grupo de empresarios carabobeños encabezados por Don Carlos Stelling, forman una nueva empresa llamada Stelling y Compañía, lo que sería años más tarde, en 1908, la Electricidad de Valencia Compañía Anónima, la que también conocemos como Eleval.

 

 

¿De dónde provenía la potencia de Electricidad de Valencia?

Fue ésta una de las empresas más exitosas, pionera en el servicio eléctrico de la ciudad,  la cual seis años más tarde, para 1910, aumenta su capacidad de generación eléctrica, y  ya no a base de una planta de carbón, sino de que se transforma en una hidroeléctrica,  es decir, una planta capaz de transformar la fuerza del agua en energía eléctrica.

Pero ¿qué corriente de agua era tan potente como para poder generar electricidad en aquellos momentos? Ellos aprovecharon los más de 200 metros de caída de agua del río El Torito, a unos 20 kilómetros de la ciudad de Valencia, en las inmediaciones de Tocuyito. Esta magnífica obra de ingeniería fue única, capaz no solo de prestar el servicio de alumbrado público, sino también de proveer electricidad a las primeras fábricas que se iniciaron en la ciudad.

Sin embargo, cinco años más tarde, después del excelente auge que cobró esta empresa Electricidad de Valencia, surge otra, en 1915, la cual fue concebida bajo los lineamientos de los empresarios carabobeños Guillermo Degwitz y Ernesto Branger.

 

Planta Hidroeléctrica de La Cumaca 6

 

Entre las hermosas cadenas montañosas de lo que hoy se conoce como  La Cumaca, en el municipio San Diego, se encuentra, en medio de esta vegetación, el secreto mejor guardado de esta zona, conocida como la Planta Hidroeléctrica de la Cumaca.

Y al igual que la empresa Electricidad de Valencia, que se beneficiaba del potencial hídrico de los ríos de la zona, del mismo modo esta otra hizo lo mismo, iniciando la construcción de zanjas y brocales para trasladar la corriente del río la Cumaca hasta la planta eléctrica ubicada prácticamente en el medio del bosque.

 

Planta Hidroeléctrica de La Cumaca 6

 

Por lógica, en el contrato que le permitía el funcionamiento a esta empresa, se especificaba que debía proveer también de electricidad al pueblo de San Diego. Y como hecho curioso, nos comenta el historiador y abogado Luis Heraclio Medina, miembro correspondiente de la Academia de Historia del Estado Carabobo, que esta planta hidroeléctrica tenía como principal particularidad la novedad de utilizar un medidor eléctrico mecánico, el cual permitía la cobranza del servicio eléctrico introduciendo monedas.

 

 

Para tener una idea de como funcionaba este sistema, era como un monedero prepago, al cual se le introducían las monedas que permitían el fluido de la electricidad por el determinado monto que la persona depositara. Cuando el monto prepagado se culminaba, sencillamente la luz se iba desvaneciendo y tenía que salir una persona a recargar nuevamente.

 

Era prácticamente el mismo sistema con el que trabajaba un parquímetro; un dispositivo ubicado en la vía pública que permite el ordenamiento y medición del estacionamiento en áreas definidas para ello, su función consistía en recolectar el dinero a cambio del derecho de estacionar un vehículo en un lugar público por una cantidad de tiempo establecido. Del mismo modo funcionaba este sistema de medidor eléctrico.

 

Estas dos grandes empresas fueron pioneras en el estado Carabobo, y la competencia entre ambas era poder abarcar más y más espacios de la gran ciudad para prestar el servicio eléctrico. Pero con el tiempo, la Planta Hidroeléctrica de La Cumaca fue adquirida por la Corporación Venezolana de Fomento y pasó a formar parte de lo que se conoce como Cadafe, a mediados de los años ‘60.

 

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En la actualidad, cubierta de las enredaderas verdes que cruzan sus paredes resquebrajadas y sin techo, dejan a simple vista de quienes admiran su belleza las antiguas ruinas de lo que fue la Planta Hidroeléctrica de La Cumaca, digna de admirar y capturar las mejores fotografías históricas de este lugar mágico y lleno de historia aborigen y ancestral.

 

Diego Trejo (Vestigios del Pasado) / Ciudad Valencia