La música posee el don invisible de articular la memoria colectiva y moldear la sensibilidad humana. Más que una sucesión de notas y armónicos, es un vehículo de sanación y una herramienta de transformación comunitaria.
En el universo sinfónico venezolano, la maestra Ligdian Mata encarna la perseverancia, el arraigo identitario y el compromiso con la formación artística. En esta conversación profunda, la chelista y directora de orquesta repasa sus orígenes en Puerto Cabello, sus maestros, sus convicciones éticas y su visión sobre el impacto de la música en la sociedad contemporánea.
Profe, para entender a la artista de hoy es necesario volver al origen. ¿Cuál fue ese primer contacto con la música que le hizo saber que este sería su camino de vida?
Al reflexionar sobre mis comienzos, me doy cuenta de que todo inició a una edad muy temprana. Yo me inicié en el Sistema de Orquestas cuando apenas tenía unos seis años y pocos meses. En aquel momento, en 1978, la institución no se llamaba aún «El Sistema», sino Orquesta Juan José Landaeta, en la sede recién fundada en Puerto Cabello.
Mis hermanos mayores fueron pioneros allí; mi hermano mayor ya cantaba en coros y mi hermano Víctor llegó por medio de sus amistades. Ellos pertenecieron a esa generación fundadora. Cuando solicitaron conformar la orquesta infantil, mis hermanos me llevaron. Estaba tan pequeña que en ese instante no tenía plena conciencia de ello, pero con el tiempo comprendí que ese primer contacto determinó el rumbo de toda mi vida.

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¿Qué influencias o referentes musicales moldearon el estilo y la identidad que la caracterizan en la actualidad?
En un principio, mi base fue la música sinfónica europea. Sin embargo, con el paso de tiempo fui descubriendo la riqueza de la música latinoamericana, venezolana, carabobeña y, de manera muy especial, la tradición de Puerto Cabello, además de los distintos géneros populares y folclóricos de nuestro país. Hoy en día, la identidad que me caracteriza se define principalmente por la difusión de la música sinfónica compuesta por creadores venezolanos.
En ese trayecto formativo, ¿quiénes fueron sus grandes maestros y referentes?
Tuve la fortuna de contar con guías extraordinarios. En el violonchelo, mi formación debe muchísimo a la Maestra Hernández —directora fundadora de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Puerto Cabello—, así como a Lorena Arenas, María Eugenia Prado, Alfredo García, Germán Marcano, William Molina y Ana Ruth Bermúdez.
Asimismo, me marcó profundamente el maestro Ítalo Romano Pizzolante Balbi. En el área de la dirección de orquestas y bandas sinfónicas, guardo un respeto enorme hacia referentes como mi hermano Víctor Mata, el Dr. José Alfredo Sabatino, el maestro Julio Cegarra, el maestro Sigismundo Romero, la maestra Isabel Palacios, el maestro Jorge Castillo y el maestro Miguel Pineda.

A lo largo de este camino, ¿cuál considera que fue el primer gran hito o momento decisivo que impulsó su carrera profesional?
Sin duda, uno de los momentos más significativos que atesoro en la memoria fue asumir la responsabilidad de desempeñarme como directora del núcleo Puerto Cabello del Sistema de Orquestas.
¿Cómo ha evolucionado su forma de componer e interpretar desde sus primeros proyectos hasta el día de hoy?
Mi forma de interpretar la música ha cambiado profundamente. Hoy busco sentir la obra en su plenitud y transmitir algo trascendente a través de ella. Para mí, la música y el arte van mucho más allá del entretenimiento o la amenización: son herramientas para sanar y aportar al bienestar integral de los seres humanos.

¿Cuál ha sido uno de los mayores desafíos a los que se ha enfrentado y qué lección le dejó esa experiencia?
El mayor desafío ha sido tomar la decisión de quedarme en Venezuela. La lección que reafirmo cada día es que uno debe permanecer allí donde se siente bien, hacer lo que de verdad genera felicidad y sentir que lo que realiza forma parte del proceso para cumplir su misión en esta vida.

¿Existe alguna colaboración o vivencia en particular que haya marcado un antes y un después en su vida artística?
Más que una colaboración puntual, el verdadero punto de quiebre en mi vida artística fue ver a mis alumnos del Sistema en Puerto Cabello viajar por numerosos países dirigidos por Gustavo Dudamel, para luego pasar a integrar algunas de las orquestas sinfónicas más importantes del mundo.
Si tuviera que elegir una sola pieza de todo el repertorio para definir la esencia de Ligdian Mata, ¿cuál sería y por qué?
Elegiría “Puerto Cabello”, la pieza compuesta por Ítalo Pizzolante e inmortalizada por Felipe Pirela junto a la orquesta de Billo Frómeta. Amo profundamente a esta ciudad. Además, tuve el honor de conocer en persona a Ítalo Pizzolante y poder interpretar esa canción emblemática con él actuando como solista, mientras yo dirigía la Orquesta Sinfónica Juvenil de Puerto Cabello.

¿Qué ha significado en su trayectoria ser la primera mujer en dirigir formalmente la Banda Sinfónica 24 de Junio, Patrimonio Artístico y Cultural del estado Carabobo?
Bueno, ser la directora de la Banda Sinfónica 24 de Junio ha sido para mí algo muy importante, que nunca imaginé que sucedería. Yo toqué 14 años como violonchelista en esa banda hasta el 2011, cuando me retiré. De por sí, tocar allí durante tanto tiempo fue significativo para mí; conocí esa institución como integrante, como un músico más.
Es la institución más antigua del estado Carabobo y una de las más antiguas de Venezuela; prácticamente es la génesis del movimiento musical en Carabobo. Quienes han pasado por allí han sido formadores tanto del Sistema de Orquestas como de las demás agrupaciones y escuelas de música de la región. Tras retirarme en el 2011, pasaron seis años y, por esas cosas de la vida, me ofrecieron ser la directora. No fue fácil de aceptar por diferentes motivos, pero algo me decía que tenía que hacerlo y lo asumí en el 2017.
Lograr que esa institución obtuviera el reconocimiento a nivel nacional a través del Ministerio de la Cultura —ser considerada un Bien de Interés Cultural Nacional— ha sido fundamental. Ya no solamente es patrimonio del estado Carabobo, sino de todo el país. Creo que es súper importante porque se reconoce el trabajo a nivel nacional. Por supuesto, también ha sido todo un reto mantenerla viva por las múltiples circunstancias que enfrentamos y porque sabemos que para la cultura, el arte y la música siempre todo es más complejo. Ha sido un esfuerzo no solo de mi parte, sino de todos los músicos, personal administrativo y de servicio que pertenecen a esta institución, quienes lo hacemos por amor y para evitar que algo con tanta historia muera.
Cumplimos con múltiples actividades. Somos una agrupación que cubre todo el protocolo formal de la Gobernación del Estado Carabobo, de la Alcaldía de Valencia y de muchas otras instituciones gubernamentales, así como empresas privadas u organizaciones que requieren nuestro apoyo. Lo hacemos tanto de manera protocolar como artística y musical, con conciertos en teatros municipales, colegios, plazas… En fin, realizamos una difusión muy amplia de la música y la cultura.
La experiencia trascendental, el reto, las expectativas y las anécdotas creo que se resumen en un hito puntual: celebrar los 100 años de la institución. Eso fue hace cuatro años y resultó algo inigualable para mí. Lo preparamos con diversas actividades: charlas, exposiciones, exhibición de partituras, instrumentos antiguos y objetos de un valor histórico incalculable tras un siglo de trayectoria.
Más allá de conmemorar el centenario, el objetivo fue proyectar a la Banda como una institución que se renueva y se adapta a los grandes cambios actuales, y en eso estamos. Este año celebraremos los 104 años, marcando una nueva etapa posterior al centenario sobre cómo seguir adelante. Creo que esto ha sido algo importantísimo para mí, para la institución y para todos los que formamos parte de ella.
¿En qué otros proyectos o búsquedas sonoras se encuentra trabajando en este momento?
Actualmente trabajo en dos grandes frentes. Por un lado, un proyecto estructurado de formación musical en el Colegio Dr. José Gregorio Hernández, dirigido a todos los estudiantes de primer a quinto año de bachillerato. Por el otro, un proyecto de difusión de música para banda sinfónica creada por compositores venezolanos, apoyando activamente el movimiento del nacionalismo musical en nuestro país, con especial énfasis en los creadores carabobeños.

Tras todo este recorrido y los logros alcanzados, ¿qué mensaje o legado le gustaría dejar a las nuevas generaciones de mujeres en la música?
Que nunca se sientan superiores ni inferiores a los hombres. Debemos tomar conciencia plena de la música, tener total claridad de lo que transmitimos y del efecto que podemos lograr en los demás a través de cada obra que creamos o interpretamos.
Para concluir, Profe, ¿tiene alguna máxima o filosofía que acompañe su visión de la vida?
Sí, tengo dos máximas muy presentes. La primera es: «Si analizáramos conscientemente la música, quizás dejaríamos de escuchar —y menos aún interpretar— una buena parte de lo que conocemos».
Y la segunda, que me acompaña siempre: «No tengan miedo ni preocupación. Créanlo, créanlo y lo lograrán».
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Ciudad Valencia/Vanileiby Rivas/RN
Edición fotográfica: Joan Planas













