Este Covid-19 me remite en cierta manera al mito de “Prometeo” que robó el fuego a los dioses para traerlo a los hombres y que éstos pudieran disfrutar de sus beneficios y maleficios. Dios lo encadenó por allá en un monte para que las aves de rapiña le comieran las entrañas sin que estas se agotaran, por semejante atrevimiento que iba a disminuir el poder de los dioses. Lo mismo ha sucedido–“mutatis mutandis”- con el “CORANOVIRUS-19. Quién sabe quién -y con qué intención- lo dejó escapar, pero la oportunidad que ese bendito virus abre a la humanidad del siglo XXI es inmensa.


En primer lugar se encargó de manifestar que todos somos iguales, somos esclavos de la muerte, a cualquiera nos puede pegar.
En segundo lugar, que de nada valen los poderíos de cualquier tipo: Económico, militar, social. Le pega a los ricos, a los pobres, a los blancos morenos y negros, en cualquier latitud y en cualquier longitud, a pesar del intento por que le caiga sólo a los del tercer y cuarto mundo.


Es este el momento de rendir homenaje al atrevido que liberó este nuevo fuego que atiza nuestra capacidad creadora, para encontrar una nueva forma de vivir más digna y más humana con ideales más altos que el de la riqueza material, la opresión esclavizante que promueven los líderes políticos, los usurpadores de nuestras riquezas materiales y espirituales, en fin, los reyes desnudos de nuestra pequeño globo terráqueo.

 

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CIUDAD VLC/Luis Rodríguez

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