Hay sonidos que no se escuchan con los oídos; se sienten directamente en el corazón. El repique del tambor, marco el espíritu del Encuentro Internacional de San Juanes Naguanagua (EnSanJuan).

Más que una festividad, este encuentro representó un hito histórico de amor, resistencia cultural y el abrazo fraterno de los pueblos en el corazón del estado Carabobo.

Lo que para el espectador casual es una colorida muestra de música y danza tradicional, para la comunidad de Brisas de Tarapio y los sectores que flanquean las faldas del cerro El Café, es la consagración de una historia de vida.

 

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Es el reflejo de un sentir comunitario que nació de una tímida iniciativa comunitaria en el año 1998 y que hoy se alza como el espacio de intercambio cultural, fe y salvaguardia activa más trascendente en honor a San Juan Bautista en Venezuela y el Caribe.

 

La memoria del corazón

Detrás de las banderas y altares floridos, se encuentra el alma de una organización que ha aprendido a gerenciar su cultura desde el afecto y la autogestión comunitaria. Impulsados por la agrupación folklórica Tambores de San Juan y la Parranda de San Juan Bautista de Tarapio, el encuentro es el legado vivo de fundadores y ancestros.

Para los organizadores, la planificación no se mide en frías estadísticas, sino en desvelos y en un tejido invisible de colaboración humana. Es evocar el recuerdo de madres y guardianas inolvidables como Cándida Mijares —cuyas sirenas matutinas enseñaron a diferenciar la alegría de la nostalgia — y la guía espiritual de Amada Ortega, quien sembró en los jóvenes de Tarapio la fortaleza, la hermandad y la solidaridad para luchar por lo que son.

«A veces no nos damos cuenta de la verdadera magnitud e impacto de lo que construimos aquí,» reflexiona con emoción el equipo organizador. «Saber que miles de personas, entre cultores, investigadores, docentes y vecinos, esperan cada año que este espacio sea una realidad, nos obliga a darlo todo. Esto no es un simple evento de calendario; es un alimento espiritual para el alma de nuestras comunidades portadoras».

 

Un crisol de diversidad, diálogo y salvaguardia

El encuentro transformó las calles de Naguanagua en un mapa vivo de la herencia afrodescendiente. Con la concurrencia de más de 40 agrupaciones y alrededor de mil 500 artistas, cultores y portadores de tradición de distintas regiones del país y el caribe, las fronteras se disolvieron bajo la misma fe.

Desde los conversatorios pedagógicos, reflexiones académicas y rutas patrimoniales, hasta el misticismo del encuentro de imágenes, la diversidad cultural brilló en su máxima expresión, durante una semana de actividades.

Asimismo, la presencia de músicos e investigadores que nos visitaron desde Colombia y Cuba en esta Edición, han permitido que el EnSanJuan sea un puente intercultural de cimarronaje y resistencia caribeña. Tal como ha venido sucediendo con delegaciones de Republica Dominicana en años anteriores.

 

«PORTADORES: MEMORIA DE UN PUEBLO» UN ACTO DE JUSTICIA SOCIAL CON HACEDORES DE IDENTIDAD

 

Un verdadero triunfo, que reside en la salvaguardia activa, desde la buena práctica. En cada niño de la comunidad que toco, en cada joven que bailó frente al Santo con respeto reverencial, y en los talleres de transmisión oral, se firmó un pacto de continuidad contra el olvido, reafirmando que el Patrimonio Cultural Inmaterial no es un objeto de museo; es una herramienta viva de transformación social.

El cierre del Encuentro nos deja con una profunda certeza. Cuando la Parranda de Tarapio y las agrupaciones aliadas se adueñaron de la Avenida Universidad en el Gran Sangueo y frente a la tarima de la Casa de la Cultura, el pueblo naguanagüense demostró que la cultura comunitaria genera espacios de paz, cohesión y «buen vivir».

La lección que el EnSanJuan le regala al mundo desde Brisas de Tarapio es contundente: las transformaciones sociales no se decretan desde arriba ni se imponen por ley; emanan de la conciencia creativa de los pueblos.

Mientras el tambor suene libre en la calle, mientras las comunidades sigan unidas en la gestión de sus propios sueños, el patrimonio de la humanidad estará a salvo. Porque como bien se canta en el barrio TARAPIO: “Santo de los santos, Santo de los santos Juan, San Juan Bautista será, Santo de los Santos”.

 

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María Elena Franco Mijares-columna

María Elena Franco Mijares (mefmmijares@gmail.com), figura fundamental en la salvaguardia del patrimonio local carabobeño. Portadora del culto a San Juan Bautista, delegada del Centro de la Diversidad Cultural y miembro de la Red de Patrimonio de Carabobo.

 Ciudad Valencia/RN