Desde la mirada de la educación en patrimonio cultural que transmite, documenta, promociona y enriquece, hablaré del municipio Indígena Bolivariano Guajira, estado Zulia, y sus elementos asociados, declarados Bien de Interés Cultural por el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC), según Providencia Administrativa N° 003/05 del 20-02-2005, Gaceta Oficial N° 38.234 del 22-07-2005. Toda vez, como Portadora Patrimonial de la Nación (Gaceta Oficial N° 43.127 del 14-05-2025).

Es el ámbito geográfico donde se organizan y desarrollan los pueblos originarios Añú y Wayuu, bajo un modo particular de vida que los distingue de otras culturas indígenas, identificándolos como los pueblos de agua del estado Zulia.

El pueblo indígena Wayuu, están repartidos en los quince sectores de la laguna de Sinamaica y se encuentra ubicado en la zona de vegetación xerófila de la península. Las fechas de los primeros asentamientos indígenas en zonas cercanas datan del 2.300 al 1.300 antes de nuestra era.

La laguna está dominada por el ecosistema del manglar y por la enea y es un paisaje en el que se encuentran distintos tipos de formaciones vegetales. Las parroquias del Municipio Indígena Bolivariano Guajira son: Alta Guajira – capital Cojoro, Guajira – capital Paraguaipoa, Elías Sánchez Rubio – capital El Molinete y Sinamaica – capital Sinamaica. Estas parroquias conforman el municipio con sus respectivas capitales dentro del territorio.

 

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La Laguna de Sinamaica: Donde el agua cuenta nuestra historia (en Wayuu: Wuinka soou Karouya | Waruchaa Karoo)

En el noroeste del Lago de Maracaibo se esconde una de las joyas más auténticas del Zulia: la Laguna de Sinamaica. Con unos 50 kilómetros cuadrados alimentados por el río Limón, este espejo de agua es el hogar de los Añú, cuyo nombre no es casualidad, pues significa literalmente «Gente de Agua».

Destacando 2 cuerpos de agua en su jurisdicción: La Laguna de Sinamaica y el Golfo de Venezuela. Lo más fascinante de este lugar es que aquí, entre palafitos y manglares, nació el nombre de nuestro país.

Hay una versión que todos conocemos desde la escuela: que cuando Alonso de Ojeda y Américo Vespucio vieron las casas sobre pilotes, recordaron los canales de Venecia y bautizaron la zona como «La Pequeña Venecia» (Venezuela).

Sin embargo, hay otra historia, quizás más poderosa y con raíces más profundas, que sostiene que el nombre es puramente autóctono. Según registros históricos, como los de Martín Fernández de Enciso en 1519, ya existía un asentamiento indígena llamado «Veneçiuela». En la lengua de los paraujanos (familia arahuac), este vocablo significa simplemente «Agua Grande».

Esta teoría cobra fuerza cuando analizamos que «Venezuela» no suena realmente a italiano (donde lo lógico habría sido Piccola Venezia), sino a una voz propia de la tierra. Incluso el sacerdote Antonio Vázquez de Espinoza, confirmó en sus escritos de 1629, que el nombre hacía referencia a la inmensidad de la laguna de Maracaibo.

Hoy, al cruzar el puente sobre el río Limón, todavía puedes ver esos palafitos con techos a dos aguas, sostenidos por troncos que resisten el paso del tiempo. Allí, el pueblo Añú mantiene viva su esencia artesanal y recolectora, recordándonos que Venezuela, antes de ser una «Pequeña Venecia», fue y sigue siendo una tierra de agua grande.

Sinamaica – capital Sinamaica, entre fortines y resistencia

Sinamaica es, en esencia, la historia de una frontera viva. Todo comenzó a finales del siglo XVI con el fortín San Juan de Guillena, aunque fue en 1774 cuando el brigadier Antonio de Arévalo consolidó su presencia con el de San Bartolomé. Ya para esa época, el lugar tenía un carácter estratégico innegable; tanto así que, en 1776, el virrey Manuel de Guirior, ya advertía que la zona era un punto clave para el contrabando.

Lo que empezó como un puesto militar, el «establecimiento de Sinamaica» terminó convirtiéndose en un pueblo de pescadores y ganaderos que ofrecía posada a los viajeros. Un giro importante ocurrió en 1790: por petición del virrey José Espeleta, la zona dejó de pertenecer a Riohacha para integrarse a la provincia de Maracaibo.

Fue así como, el 24 de agosto de ese año, nació formalmente San Bartolomé de Sinamaica, funcionando desde entonces como el brazo administrativo y militar de Maracaibo frente al territorio guajiro.

A través de los siglos, Sinamaica ha visto de todo. Fue una estación de correo vital entre Maracaibo y la Nueva Granada a finales del siglo XVIII, y escenario de batallas cruentas, como la de 1822, donde las fuerzas realistas de Francisco Tomás Morales derrotaron a las fuerzas republicanas.

Incluso, durante buena parte del siglo XIX, llegó a ser la capital del Territorio Federal Guajira. En tiempos más recientes, a inicios del siglo XX, sus tierras fueron el punto de partida para la invasión a la Guajira colombiana en defensa del gobierno de Cipriano Castro.

Hoy, separada del Golfo de Venezuela por un paisaje de médanos, Sinamaica sigue conectada por carretera con Maracaibo y Paraguaipoa, manteniendo una economía que respira tradiciones: la cría de cabras, la pesca, el aceite de coco artesanal y el tejido de esteras. Sin embargo, su realidad también está marcada por el comercio minoritario con Colombia, una dinámica fronteriza que sigue definiendo el pulso de este pueblo.

La Parroquia Alta Guajira – capital Cojoro

Es mucho más que una división administrativa del municipio Guajira; es el punto donde Venezuela se estrecha y mira de frente al Caribe. Con una historia que se remonta a 1501, cuando formaba parte de la Gobernación de Coquibacoa, este territorio ha pasado por múltiples nombres y estructuras, desde el antiguo Territorio Federal hasta el Distrito Páez, hasta que en 2010, tras un referéndum, el municipio recuperó con orgullo su nombre original: Guajira.

En términos de espacio, hablamos de una extensión considerable de tierra, lo que la convierte en la segunda parroquia más grande de la zona, solo superada por la parroquia homónima, pero si buscamos un punto emblemático en el mapa, ese es Castilletes, la localidad más destacada de esta franja septentrional.

Es literalmente, la parte más delgada y extrema de la península en suelo venezolano. A pesar de su inmensidad geográfica, es un territorio habitado por una comunidad pequeña pero resiliente. Según los últimos registros, su población, son quienes custodian este rincón donde la identidad indígena y la línea fronteriza se funden en un solo paisaje.

Parroquia la Guajira – capital Paraguaipoa

Recibe su nombre por ubicarse en la parte sur de la Península de la Guajira y por el pueblo guajiro que habita la región. Se trata de la parroquia más extensa de las cuatro que conforman el Municipio Indígena Guajira, limita por el norte con la parroquia Alta Guajira, por el este con el Golfo de Venezuela, por el oeste con el Departamento de La Guajira (Colombia) y por el sur con las parroquias de Sinamaica y Elías Sánchez Rubio.

Formó parte de la Gobernación española de Coquibacoa desde 1501, y ya con una Venezuela independiente del Territorio Federal Guajira entre 1864 y 1893, y parte del llamado Distrito Páez, entre 1880 y 1989.

Desde 1999 el idioma local Wayuu o Guajiro adquirió estatus de lengua oficial en todo el municipio junto con el castellano, por lo que es común encontrar señales bilingües en su territorio.

En el 2010 por referéndum el municipio recuperó el nombre de Guajira, manteniendo la parroquia su mismo territorio y denominación. En noviembre de 2019 se registró un sismo en Paraguaipoa que no dejó daños materiales ni humanos.

La Parroquia Elías Sánchez Rubio – capital El Molinete

No solo es un punto en el mapa del Zulia; es un rincón con nombre de poeta. Bautizada en honor al ilustre escritor zuliano fallecido en 1927, esta tierra arrastra una historia larguísima que comenzó bajo la Gobernación de Coquibacoa en 1501 y transitó por diversas etapas administrativas, desde el antiguo Territorio Federal Guajira hasta el Distrito Páez. Hay un hito que define la esencia de este lugar: desde 1999, el Wayuunaiki (o guajiro) es lengua oficial en todo el municipio, al mismo nivel que el castellano.

Esto no es solo un decreto; es algo que se siente al caminar por sus calles, donde los carteles bilingües te recuerdan constantemente la riqueza cultural de su gente. Además, en 2010, la comunidad reafirmó su identidad mediante un referéndum que devolvió al municipio su nombre ancestral: Guajira.

La parroquia Elías Sánchez Rubio, es un contraste, se divide en dos mundos: hacia la frontera, el terreno se vuelve montañoso y solitario; mientras que en las zonas bajas y planas es donde late el corazón de la población.

Pero quizás lo más curioso de este territorio es su relación con el agua: de las cuatro parroquias que conforman la Guajira venezolana, esta es la única que no tiene salida al mar, lo que le da un carácter de «Tierra Adentro» muy particular.

Entre los sitios turísticos destacan

Lagunas de Sinamaica y Cocinetas, Poblados Palafíticos de las Comunidades Paraujanas, Comunidad Indígena, Mercado del Barro, Parador Turístico. El turismo es una de las principales actividades económicas, siendo las playas de Caimare Chico en el Golfo de Venezuela, uno de los sitios más visitados por los temporadistas.

También está la Laguna de Sinamaica que es considerada uno de los lugares más importantes para el turismo regional, tanto por sus atractivos y bellezas naturales como por ser el punto de asentamiento de la etnia «Añu  Paraujana», quienes aún mantienen en gran parte su cultura viva (lengua y manifestaciones).

En la laguna, se conjugan exóticos paisajes de gran belleza y parte de nuestra historia, que enaltece la identidad, por ser allí donde se gestan los orígenes del venezolano y donde se mantienen los Añú como presencia de nuestro pasado.

Sus habitantes, quienes han desarrollado sus viviendas llamadas palafitos en las aguas de la Laguna, viven básicamente de la pesca, artesanía, turismo, agricultura y comercio.

En pleno corazón de la laguna, está ubicado el Parador Turístico de Corpozulia, donde el visitante puede admirar las bellezas del sector y disfrutar de comida sana y recreación. Además el municipio es un importante productor de ganado ovino y caprino, así como de rubros agrícolas como tomates, pimentón y melón.

Un templo que flota sobre la tradición

En el corazón del municipio se levanta una construcción que desafía lo convencional: la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, lo que la hace realmente especial es su estructura en forma de palafito, una arquitectura que no es solo estética, sino un homenaje directo a las raíces más profundas de la cultura Wayuu. Este templo es mucho más que un refugio espiritual; es un símbolo de resistencia.

Al adoptar la forma de la vivienda tradicional indígena, la iglesia logra unir la fe con la identidad local, convirtiéndose en un emblema que parece flotar sobre el agua y el tiempo.

Para los habitantes de la zona ubicada en la Laguna de Sinamaica, la iglesia no es solo un lugar para el culto dominical, es el centro de gravedad de la comunidad, un punto de encuentro donde se celebran la vida y la historia compartida.

Es, en definitiva, el reflejo de una espiritualidad que no olvida de dónde viene y que ha sabido transformar la madera y los pilotes en un pilar de su propia cultura.

La mayoría de los habitantes pertenecen a la etnia Wayuu, quienes han conservado su cultura ancestral, adaptando la tecnología moderna a sus necesidades, constituyendo un modelo de conservación de identidad por parte de un pueblo originario. ¡Visitemos, preservemos y salvaguardemos, estos elementos y sitios Declarados Bien de Interés Cultural!

 

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Danfny Velásquez-columna Patrimonio Cultural de Venezuela

Danfny Esther Velásquez Sosa (1960, Santa Ana, Nueva Esparta) danfnyescritora@gmail.comEscritora, locutora, maestra pueblo en la Radiodifusión Sonora, productora nacional independiente, cronista comunal, abogada y científica social (doctora en Ciencias de La Educación y en Patrimonio Cultural). Actualmente es la directora interinstitucional de Radio América: R. A. «La Onda de la Alegría» 90.9 FM, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación (G. O. N° 42.670, del 13-07-2023).

Su trayectoria incluye un TSU en Producción de Medios de Comunicación Social (Alternativa, Popular y Comunitaria), una licenciatura en Pedagogía Alternativa, sub-área Registro del Patrimonio Cultural, y un posdoctorado en Corrientes Filosóficas para la Investigación.

 

Ciudad Valencia/RM