La importancia y trascendencia de la dialéctica histórica social, puesta en marcha o creada por Carlos Marx, consiste en haber generado dos grandes impactos universales.
Por un lado, supera la tradición filosófica idealista de la vieja Europa; y por el otro, funda o da inicio a la nueva ruta del pensamiento filosófico, orientado hacia el análisis real y concreto de la sociedad, conformada históricamente por las fuerzas económicas, sociales, políticas, culturales, militares y religiosas, que coexisten y se relacionan en los diversos procesos productivos del desarrollo civilizacional.
Marx logró construir y demostrar la validez y eficacia metódica de la dialéctica del materialismo histórico-social, cuyo efecto más notable y revolucionario, consiste en haber invertido la tradición del pensamiento dominante, filosófico idealista, kantiano y hegeliano, dando paso al surgimiento y consolidación de lo que hoy es la sociología moderna, en general; pero, más particularmente, la sociología dialéctica, crítica, histórica y revolucionaria.
Después de conocer el funcionamiento de la filosofía y la dialéctica idealista de Hegel, Marx asumió el sentido contrario y se convierte en el padre de la dialéctica histórica social, moderna.
De sus estudios, análisis y aportes, se puede decir que Marx logró construir tres herramientas fundamentales para el pensamiento y la praxis histórica social de nuestro tiempo o era civilizatoria.
Primero, el método científico y crítico, el “materialismo dialéctico” o la dialéctica del materialismo histórico social. Este método tiene como objeto de estudio las contradicciones entre las clases sociales existentes, sus valores, costumbres, formas y sistemas de vida que dinamizan el desarrollo histórico social de los pueblos o naciones en determinados momentos históricos.
El método dialéctico permite identificar los intereses en pugna entre dos o más fuerzas que son de naturaleza contrarias y cómo responden a sus respectivas clases sociales, grupos o instituciones que luchan y se enfrentan por el ejercicio de la hegemonía y el control del poder de las instituciones y estructura de la sociedad moderna.
En tal sentido, la identificación, el análisis y la proyección de las diferencias sociales, los conflictos y las luchas por el poder; así como las contradicciones entre las clases sociales, deben abordarse con base en el método dialéctico desarrollado por Marx.
En nuestra realidad histórica actual, la primera contradicción está dada entre la hegemonía del capitalismo imperialista norteamericano, por un lado; y por el otro, el atraso y la dependencia de los países, pueblos y naciones de América Latina y el Caribe, al cual pertenece Venezuela.
La segunda contradicción surge entre el modelo de desarrollo económico social explotador del capitalismo dependiente y las necesidades humanas, económicas, sociales, culturales, de los trabajadores y trabajadoras con sus respectivas familias.
La tercera contradicción está representada por las fuerzas del Capital explotador (que acumula más capital sin límites y se hace cada vez más poderoso) y las fuerzas de los trabajadores explotados (que producen la plusvalía que enriquece al capitalista) y devengan un salario para sobrevivir en la precariedad y en la eterna pobreza.
Es indudable que a partir del método dialéctico, Marx se convierte en el precursor o fundador de lo que es hoy la sociología moderna; la ciencia que estudia el surgimiento, desarrollo y contradicciones de los procesos histórico-sociales de los pueblos, naciones y continentes del planeta Tierra.
Con base en esas premisas, identificamos también dos modelos históricos sociales, de largas, trágicas y casi eternas contradicciones.
De un lado, el modelo vertical, jerarquizado y desigual del desarrollo económico, social, político y tecnológico, de donde surgieron los primeros sistemas de poder imperiales de la humanidad, tal como lo muestra la historia del viejo mundo euro-asiático y los quinientos años de la América y sus vínculos con Europa.
Por otro lado, tenemos el modelo horizontal de las antiguas civilizaciones de la vieja Europa y las comunidades indígenas, nómadas o sedentarias, de Nuestra América Originaria, en las cuales no había reyes ni formas de poder centralizadas como Estados verticales y omnímodos.
Simplemente, los pueblos y comunidades ancestrales, vivían en la tierra de manera libre y soberana, en convivencia equilibrada entre los humanos, la naturaleza y el cosmos, como un solo sistema en el cual nacemos, vivimos y morimos.
Antes de la llegada de los invasores europeos, en América no existía la propiedad privada, ni las minas de oro, hierro o petróleo y otras riquezas de nuestra era capitalista imperialista, que generan pugnas y conflictos, guerras, invasiones y diversas estructuras para el control y dominio ideológico, económico, político y socio-cultural de los pueblos.
En esa secuencia, surge la alternativa del socialismo. Los estudios y las investigaciones socio-históricas, realizadas por Marx, lo llevaron a la sistematización del desarrollo humano universal, en cuatro grandes periodos históricos y sus respectivos sistemas de vida colectiva o social:
Primero, el comunismo primitivo, basado en sistemas horizontales de la vida grupal primitiva, sin jerarquización de poderes verticales, opresores o esclavistas; sino de igualdad grupal, como lo narra y describe Miguel de Cervantes en su obra inmortal Don Quijote de la mancha:
Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. (Ver:https://www.edu.xunta.gal/centros).
He allí descritas, las primeras y más antiguas formas o modos de la vida social del Ser Humano (Homo Sapiens) de manera genial, precisa y brevísima, la propiedad colectiva sustentada en la moral y la ética, por encima de la propiedad privada de los medios de producción social. Además, la valoración de la naturaleza como el espacio vital de la condición humana, tal como se expresa en el fragmento que sigue:
Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes; a nadie le era necesario, para alcanzar su ordinario sustento, tomar otro trabajo que lzar la mano, y alcanzarle de las robustas encinas, que liberalmente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto. Las claras fuentes y corrientes ríos, en magnífica abundancia, sabrosas y transparentes aguas les ofrecían…
He allí el antiguo y primitivo precepto o valor moral y ético de la propiedad colectiva, todos los bienes eran de propiedad común, es decir, de todos para todos, porque esos bienes eran generados y brindados por la madre naturaleza. Esa forma de vida solidaria y colectiva era el sustento de la sana convivencia en la cual se compartían los bienes por igual. Todas esas prácticas grupales o colectivas, conformaron lo que Marx distinguió como “el comunismo primitivo”, como la primera forma histórica social de la condición humana, sobe la cual el Quijote afirma lo siguiente:
Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia: aún no se había atrevido la pesada reja del corvo arado a abrir ni visitar las entrañas piadosas de nuestra primera madre, que ella sin ser forzada, ofrecía por todas partes de su fértil y espacioso seno lo que pudiese hartar, sustentar y deleitar a los hijos que entonces la poseían.
En ese fragmento, Cervantes nos ubica en los tiempos más antiguos de la iniciación y existencia de la vida social del ser humano. Reafirmando así, todo el proceso evolutivo de la doble dimensión de la condición humana: el Bien y el Mal. Con esos antecedentes, podemos decir que la moral y la ética son las dos fuerzas fundamentales para alcanzar eso que llamamos el buen vivir para una existencia sana y saludable en todos los sentidos. Cerramos estas hermosas referencias socio-históricas de El Quijote con esta última cita:
No habían el fraude, el engaño ni la malicia mezclándose con la verdad y la llaneza. La justicia se estaba en sus propios términos, sin que la osasen turbar ni ofender los del favor y los del interés, que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen. La ley del encaje aún no se había sentado en el entendimiento del juez, porque entonces no había qué juzgar ni quién fuese juzgado. Las doncellas y la honestidad andaban, como tengo dicho, por donde quiera, solas y señoras, sin temor que la ajena desenvoltura y lascivo intento las menoscabasen, y su perdición nacía de su gusto y propia voluntad.
Desde el punto de vista de la dialéctica, el desarrollo socio-histórico del ser humano, fue desviado por dos senderos altamente negativos, dañinos y complementarios: uno, la propiedad privada del individualismo y los grupos de poder, por el lado de la vida material que niega o denigra lo espiritual; y dos, las perversidades morales y éticas, de las fuerzas del Mal.
En ese contexto de la imposición de la propiedad privada y la propagación de las fuerzas del Mal, queda sepultada la era más antigua y primaria de la especie humana, llamada por Marx “El Comunismo primitivo”.
En Nuestra América originaria, poblada por las comunidades indígenas y fundamentalmente del Caribe, encontramos una similitud con la edad de oro europea de la que nos habla El Quijote. Efectivamente, cuando Cristóbal Colón llegó a tierra caribeña por la desembocadura del Orinoco, se encontró con un paraíso terrenal y unos seres humanos libres, absolutamente libres; pero, al mismo tiempo guardianes de la tierra y las aguas de los ríos, del mar y de las lluvias.
Igualmente, nuestros aborígenes portaban piezas de oro adornando sus cuerpos con valor de uso; mas no de cambio. Los invasores españoles quedaron sorprendidos y arremetieron contra nuestros ancestros para saquear el oro abundante en estas tierras.
Luego, al inicio del siglo XX, ocurrió con nuestro oro negro: el petróleo, que los gringos se apropiaron porque el dictador Juan Vicente Gómez, se los entregó. Un siglo más tarde, el Estado venezolano, con Chávez al frente, lo rescató y ahora, el presidente Nicolás Maduro ha fortalecido el control del estado venezolano sobre esa riqueza estratégica fundamental.
Para nadie es un secreto que el imperialismo yanki pretende arrebatarnos y apropiarse nuestra riqueza petrolera y minera, para saciar sus agigantadas necesidades imperiales en plena decadencia. No han podido ni podrán ahora ni nunca más.
A partir de esa era dorada del siglo XV, surgen y se desarrollan hasta el presente, los tres modos de producción inventados por el ser humano, desde la perspectiva del Mal y en desconocimiento de la igualdad social: el sistema esclavista, el sistema feudal y el sistema capitalista.
Esos tres sistemas se han sustentado en la propiedad privada, la acumulación de poder económico, político, militar; la competencia desigual en la que el pez grande se traga al pez pequeño; la invención o estimulación de la competencia desigual, generadora de corrupción y perversidades.
En síntesis, los tres sistemas de la historia de la propiedad privada capitalista, es la historia de la competencia desigual, la explotación y empobrecimiento de los trabajadores; en contraste con la opulencia y la hegemonía de los opresores capitalistas e imperialistas, dueños y amos del gran capital y demás riquezas del planeta.
Frente a esa larga tradición, que Marx la sintetiza cuando dice que “La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases”, la dialéctica cobra vigencia plena y total; se convierte en la herramienta metódica fundamental del presente histórico, para identificar las contradicciones de nuestro tiempo y sus alternativas.
En tal sentido, frente a los métodos de la narrativa y el caos, la dialéctica es la alternativa metódica válida para identificar, confrontar y derrotar las trampas y enredos, tanto de las narrativas ideológicas, sesgadas y manipuladas como las propuestas destructivas y enloquecedoras del caos.
Debemos reiterar que las narrativas ideológicas de la radio, la TV, las redes sociales, la prensa escrita y todas las fuentes informativas del imperio y sus aliados, empobrecen, confunden, limitan y desorientan las informaciones y los sentidos o significados de los mensajes, las ideas, los hechos y los acontecimientos del día a día.
Igualmente, las teorías del caos funcionan como un remolino que enreda, altera, cambia, muta, trastorna y desordena las informaciones, las ideas, el pensamiento, la racionalidad, la conducta y el comportamiento solitario o colectivo hasta enloquecer a las víctimas. Tal como se observa hoy en las filas desmoralizadas y fragmentadas de la oposición pitiyanki y apátrida.
Ambas teorías fueron activadas rabiosamente durante la noche de la elección presidencial del compañero Nicolás Maduro. Los ideólogos del imperio y su máxima representación en las personas Edmundo Urrutia y María Corina Machado, activaron por un puñado de Dólares, a grupos de muchachos y jóvenes, lanzados a las calles para saquear negocios, destruir vehículos, esculturas, locales, plazas, y generar muertos y heridos.
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Fue una aventura, sustentada en el propio CAOS, en las falsas NARRATIVAS y SUS MUERTOS, ofertados como piezas para la venganza mortal y hacer estallar la guerra civil en Venezuela. Esa es la verdadera estrategia, no cumplida y fallida, de las élites del poder político y militar de Los Estados Unidos de Norteamérica.
La experiencia confusa, triste, caótica y trágica de esa noche de la elección presidencial del domingo 28 de julio de 2024, queda grabada en nuestra memoria histórica colectiva, como una desgraciada aventura de sangre, sudor y lágrimas, fabricadas para generar confusión y caos, necesarios para que estallara la guerra civil que tanto requiere y necesita el poder imperial de Los Estados Unidos de Norteamérica.
Christian Farías / Ciudad Valencia










