Desde la mirada de la educación en patrimonio cultural que transmite, documenta, promociona y enriquece, hablaré del municipio Pedro Camejo, estado Apure y sus elementos asociados, declarados Bien de Interés Cultural por el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC), según Providencia Administrativa N° 003/05 del 20-02-2005, Gaceta Oficial N° 38.234 del 22-07-2005. Toda vez, como Portadora Patrimonial de la Nación (Gaceta Oficial N° 43.127 del 14-05-2025).
En el corazón indomable del estado Apure, donde la inmensidad del llano parece tocar el infinito, se erige el municipio Pedro Camejo, un territorio que no solo ostenta una vasta extensión geográfica, sino que guarda en sus sabanas el eco perenne de nuestra gesta emancipadora. Su capital, San Juan de Payara, es el epicentro de esta memoria; fundada en 1769 bajo la visión misional de Fray Alonso de Castro y bautizada originalmente como La Purísima Concepción de Payara, con una rica raíz indígena poblada por las etnias yaruros, otomacos, guaranaos y taparitas. La villa ha sabido resistir el paso del tiempo y el capricho de las aguas para erigirse, con el nombre que honra al Evangelista, como el faro cultural de esta tierra llanera. Este vasto mapa se completa con la presencia altiva de sus parroquias: Cunaviche, establecida definitivamente en 1777 como San José Leonisa de Cunaviche tras tesoneros intentos previos en 1767 y 1770; y Codazzi, que hunde sus raíces en los asentamientos misionales de fines del siglo XVIII, como Santa Bárbara de Caribén, y cuya parroquia fue elevada con honor en 1937 para perpetuar el nombre del ilustre geógrafo italiano Agustín Codazzi. Es aquí, entre sus pueblos, sus sabanas y su historia, donde la identidad apureña cobra un sentido profundo, vivo e indisoluble.
Pedro Camejo: El eco inmortal del Negro Primero en su tierra natal
En el corazón de la plaza que perpetúa su memoria se levanta imponente el busto del héroe epónimo del municipio, el teniente Pedro Camejo, el inmortal Negro Primero. Vaciada en bronce con pátina oscura y reposando sobre un pedestal de concreto revestido de losas negras, la pieza, obra firmada por el escultor M. Funes, inmortaliza su estampa con el rostro al frente, barba en relieve y un pañuelo ceñido que cubre su frente, vistiendo con gallardía el uniforme militar de oficial. Las placas del pedestal recuerdan su estirpe en el estado mayor del general Páez, su valentía con la cruz de los libertadores en las Queseras del Medio y su tránsito hacia la gloria en los campos de Carabobo. Se presume que este bravo oficial de caballería, de mente ágil y destreza legendaria con la lanza, nació en estas mismas tierras de San Juan de Payara hacia 1790, tras haber conocido los ayeres de la esclavitud antes de abrazar, desde 1816, la causa republicana bajo el mando del Centauro de los Llanos.

La historia de este hijo de Apure se entrelaza con los momentos más luminosos de nuestra independencia. Fue allí, en 1818, cuando el Libertador Simón Bolívar llegó a San Juan de Payara y conoció al guerrero, cautivado por su corpulencia y por aquella honestidad desarmante en la que confesó haber iniciado por codicia para luego comprender la grandeza de la libertad. Testigo de hazañas como las Queseras del Medio, donde brilló entre los ciento cincuenta lanceros galardonados con la Orden de los Libertadores, su vida se apagó en Carabobo dejando para la posteridad la conmovedora escena inmortalizada por Eduardo Blanco en Venezuela Heroica, cuando herido de gravedad se presentó ante Páez para decirle con voz desfalleciente: «Mi general, vengo a decirle adiós porque estoy muerto».
La Catedral y la Plaza Bolívar: El alma espiritual y cívica de Payara
La edificación religiosa de San Juan de Payara se erige como un testimonio vivo de la devoción y la transformación constante. Este templo, que originalmente acogía a los fieles entre humildes paredes de barro allá por 1895, ha sido objeto de una profunda evolución material y espiritual hasta alcanzar, en agosto de 1960, la configuración arquitectónica que hoy nos recibe. Su diseño, de nave única con cubierta a dos aguas, se distingue por una fachada tripartita de singular armonía, un primer cuerpo que da paso a los tres accesos principales, un segundo nivel donde una ventana solitaria invita a la introspección, y un remate superior donde se alza, sobre el eje central, la torre del campanario que convoca a la comunidad. Fue en 1961 cuando el obispo Polachini, desde Calabozo, bendijo este recinto, consolidando la designación de San Juan como patrono de un templo que, más que piedra y cal, es un pilar de la historia local.
MÁS DE LA MISMA AUTORA: MUNICIPIO BIRUACA: ESTADO APURE
Justo frente a la catedral, la Plaza Bolívar de San Juan de Payara se despliega como el epicentro de la vida pública y el sosiego ciudadano. Con unas dimensiones generosas que abrazan las calles Sucre, Bolívar y Rómulo Gallegos, este espacio constituye un punto de encuentro donde la historia y la cotidianidad convergen. El diseño, definido por una superficie de granito y terracota, se organiza a través de cuatro entradas que conducen al caminante hacia el monumento erigido en honor al Libertador Simón Bolívar. Flanqueada por añosos árboles de matapalo que ofrecen su sombra protectora en las esquinas, la plaza no es solo un diseño urbano, sino el punto de referencia donde el municipio rinde homenaje a la libertad, sirviendo como antesala perfecta para la majestuosidad de la catedral que la custodia.
Entre el río y el acero: Los caminos de la orilla y el Puente Marisela
A orillas del caudaloso río Arauca, el Puerto Paso Arauca se alza como un vibrante nodo de intercambio y vida comunitaria. Este sitio de desembarco para canoas y chalanas no solo facilita el transporte hacia los diversos poblados ribereños apostados a ambos márgenes del caudal, sino que constituye el verdadero motor de la economía local. Cada fin de semana, el puerto se transforma con la llegada de los productores agrícolas, quienes despliegan un mercado tradicional donde convergen la carne salada, hortalizas, legumbres, frutas frescas y los excelsos quesos y derivados lácteos de la zona, consolidándose como un centro fundamental de acopio y abastecimiento que resume el latir cotidiano de su gente.

A poca distancia de este trajín fluvial, desafiando las corrientes y uniendo distancias, se levanta el Puente Marisela como una auténtica obra maestra de la ingeniería moderna en la región. Se trata de una imponente estructura triangulada de acero, cuyo armazón central otorga estabilidad a una sólida superficie de concreto armado que cubre con maestría una luz de considerables dimensiones. Esta calzada vehicular reposa en sus extremos sobre esbeltas columnas circulares de concreto que, a su vez, se sustentan sobre bases sumergidas en el lecho del río Arauca, elevándose con firmeza sin interrumpir el libre curso de las aguas.
Más allá de su evidente valor arquitectónico y técnico, esta obra transformó para siempre el destino de los habitantes del Arauca. Al sustituir la antigua gabarra, que durante tanto tiempo fue el único y desafiante medio para cruzar de un margen a otro, el Puente Marisela se convirtió en un símbolo de progreso que dinamizó el comercio con las zonas aledañas y hermanó definitivamente los caminos de la sabana, cambiando el pulso de la vida llanera.
Oasis de la sabana: Los encantos del Balneario Juan del Mundo y El Novillo
Las tierras de Pedro Camejo guardan entre sus paisajes refrescantes rincones de esparcimiento que celebran la memoria ancestral y la prodigalidad de la naturaleza llanera. Entre ellos destaca el Balneario Juan del Mundo, fundado en 1958 como un tributo perpetuo al cacique de la comunidad indígena yaruro que otrora pobló estos parajes. Dotado de cabañas construidas en asbesto y metal, áreas de servicios sanitarios y espacios diseñados para el disfrute familiar, este paraje posee una singular dinámica dictada por el pulso de las estaciones: cobra especial vida y esplendor en tiempos de lluvia, cuando el caudal regresa, mientras aguarda en sequía el ciclo de las aguas. Para los habitantes de la zona, representa un refugio entrañable de encuentro, recreación y arraigo cultural.
Muy cerca de allí, el paisaje se transforma para ofrecer otro de los grandes tesoros turísticos de la región: el Balneario El Novillo. Este hermoso paraje está conformado por un pozo de aguas cristalinas y frías que descienden directamente desde las estribaciones de los cerros, fluyendo suavemente a través de una vegetación sutil y despejada. Su distintivo fondo de arena blanca actúa como un espejo natural que mantiene la limpidez del caudal, invitando al visitante a adentrarse en una profundidad que aumenta de quince a treinta metros conforme se aproxima al centro de la poza.
Para comodidad de quienes buscan esparcimiento y comunión con el entorno, el balneario cuenta en sus orillas con cuatro tradicionales churuatas de techos de palma y servicios sanitarios, consolidándose como un polo de atracción irresistible. Ambos balnearios dibujan el rostro más alegre y hospitalario del municipio, donde el agua y la fraternidad se dan la mano bajo el sol del llano.
Las aguas que cuentan historias: El Caño El Cotayo, Caño La Pica y el Puente La Piedra
Las sabanas de Pedro Camejo guardan en el curso de sus caño-ríos la memoria viva del crecimiento y la bonanza llanera. Un claro ejemplo de esta metamorfosis histórica es el emblemático Caño El Cotayo, que en su origen albergó a la orilla de su boca un concurrido balneario. Durante los años dorados de la década de 1960, la afluencia de pobladores y forasteros impulsó un vertiginoso desarrollo urbano que transformó el paraje en un próspero asentamiento dotado de viviendas, un hotel, locales comerciales y una estación de servicios, consolidándose aún más con la construcción de su primer puente metálico en los años setenta y su posterior modernización en concreto y hierro en 2004. Aunque el pulso de las aguas cambió de rumbo y dejó de recibir bañistas a finales de los ochenta, hoy mantiene una vital misión ecológica y económica como fuente insustituible para el riego y el consumo del ganado.
Siguiendo las rutas que abrazan el municipio, la travesía nos conduce hacia el Caño La Pica, en la vía rumbo a Puerto Páez, un paraje donde el agua es sinónimo de recreación, sustento y aventura. Este caudal se ha ganado el favor indiscutible de lugareños y visitantes, quienes acuden para pernoctar durante varios días consagrados a la faena de la pesca deportiva y artesanal, logrando capturar preciados ejemplares de pavón que despiertan el apetito y la admiración de todos. Entre paseos en lancha y jornadas de esparcimiento al aire libre, este caño vibra con el entusiasmo de quienes encuentran en su ribera un refugio perfecto para el descanso.
Uniendo estos senderos de agua y progreso, el Puente La Piedra se alza con discreta pero vital importancia sobre el caño homónimo. Construido en el año 1969, esta infraestructura cumplió el propósito estratégico de tender un puente de hermandad y comunicación directa entre el municipio Pedro Camejo y la vecina localidad de Biruaca. Así, entre caños cargados de historia, el vaivén de las lanchas y los puentes que desafiaron las distancias, se sigue escribiendo la geografía entrañable de este hermoso rincón de Apure.
Parque Nacional Cinaruco-Capanaparo y sus galerías
En el confín suroriental del estado Apure, donde la inmensidad de la sabana abraza los límites con el estado Bolívar y la hermana República de Colombia, se despliega el majestuoso Parque Nacional Cinaruco-Capanaparo, también conocido como Parque Santos Luzardo, un territorio protegido de más de quinientas cuarenta y ocho mil hectáreas que encierra la esencia más pura del llano. Su relieve predominantemente plano se encuentra interrumpido de manera fascinante por las singulares galerías del Cinaruco, formaciones rocosas precámbricas pertenecientes al escudo guayanés que se elevan a doscientos metros sobre el nivel del mar en una extensión de noventa y cinco kilómetros cuadrados. Este paisaje de médanos, ríos y caños, donde destaca la esbelta presencia del moriche y una biodiversidad que supera las trescientas dieciséis especies de aves, ochenta de mamíferos y veintiséis de anfibios, encuentra en sus primorosas rocas grafílicas y metamórficas el refugio del milenario pozo del Cinaruco: un manantial de aguas cristalinas, profundas y frescas que desciende entre frondosos árboles desde lo alto del cerro, convirtiéndose en el imán predilecto de los temporadistas durante los meses de sequía y consagrando al parque como la ruta predilecta del turismo de aventura en los asuetos de Carnaval y Semana Santa.
El curso de las aguas claras y el pulso fluvial de La Macanilla
Surcando este escenario de ensueño, el río Cinaruco brilla con luz propia al ostentar las aguas más transparentes de todo el municipio Pedro Camejo, ofreciendo un refugio ideal para el baño y la pesca de codiciadas especies como el pavón. Sobre su cauce, la vida se dinamiza gracias a la emblemática chalana de La Macanilla, una imponente estructura de láminas y tubos de hierro de cincuenta metros de largo por quince de ancho que, impulsada por una embarcación fuera de borda acoplada a su costado y dotada de compartimientos de flotabilidad, garantiza el tránsito seguro de pasajeros, vehículos y mercancías hacia el vecino estado Amazonas. Esta arteria fluvial y su tradicional sistema de transporte evitan largos y costosos rodeos, consolidándose como un eslabón vital que mantiene vivo el intercambio humano, comercial y cultural en las riberas de los ríos Capanaparo y Cinaruco, donde cada visitante descubre el rostro más hospitalario y deslumbrante de la geografía apureña.
Los ecos del tiempo y la memoria
Profundizando en las huellas históricas que dan identidad al municipio, la población de Cunaviche resguarda tesoros de incalculable valor patrimonial, testigos silenciosos de eras pasadas. Entre ellos destaca con singular elegancia la campana de la iglesia local; una pieza de bronce de cincuenta centímetros de alto por veinte de radio en la boca, fundida en París en el año 1852 por Leroyer Fondeur, tal como lo delata su inscripción legible. Aunque se desconoce el nombre de su donante, esta campana, la única que ha conocido el templo, repica en la memoria colectiva flanqueada por hermosos relieves de Jesús en la cruz y de la Virgen sosteniendo a Cristo en sus brazos. Muy cerca de esa devoción comunitaria se alzan las mudas paredes del antiguo dispensario de Cunaviche, erigido en 1950 y consagrado por la abnegada labor del doctor Canazco García, quien estuvo al frente por casi tres décadas y promovió el Centro Cultural local, secundado en los sesenta por figuras entrañables de la medicina internacional como la enfermera Matilde Padrón, el español doctor Villagraza, el italiano doctor Gasca y el chileno doctor José Arias Moreno.
Ese mismo territorio de brújula literaria e histórica nos conduce inexorablemente hacia las ruinas del hato La Candelaria, un paraje legendario donde la sabana misma parece recitar pasajes de nuestra máxima novela nacional. Fue en este entorno donde el insigne escritor Rómulo Gallegos, acompañado por su alumno José Félix Barbarito, realizó cruciales indagaciones y se hospedó en 1948 en una casa de hato, construida en 1927 durante el mandato de Juan Vicente Gómez e inicialmente propiedad de su hijo Luis Torres, que hoy se conserva en pie como la entrañable «casa de Gallegos». Aunque del antiguo hato, admirado antaño por su riquísima fauna y flora, solo queden vestigios y el recuerdo de haber servido también como puesto de la Guardia Nacional, el sitio sigue exhalando el aroma de la creación artística que inmortalizó los llanos venezolanos para la posteridad.
El latir artesanal y las dunas de arena: Magia y naturaleza en el llano
La riqueza de Pedro Camejo también se esculpe con las manos sabias de su gente, plasmándose en la orfebrería tradicional que brota de la tierra y del ingenio indígena. Un claro ejemplo es el azabache, esa codiciada piedra negra que se extrae en las sequías de las playas del río Capanaparo y que los pobladores de Santa Ana y Cunaviche transforman en tallas, collares y sortijas a los que se atribuyen virtudes curativas y de protección contra maleficios. A este arte milenario se une la singular elaboración de las sortijas de macanilla, talladas transversalmente con segueta a partir de la semilla de esta palma, pulidas con hojas de chaparro y abrillantadas con aceite vegetal, convirtiéndose en vistosos amuletos de buena suerte. Esta identidad artesanal se funde con la caprichosa geografía de los imponentes médanos de la región, como los de Mata Azul y San Jerónimo, los de La Soledad y los de Cunaviche, donde las dunas de arena blanca y fina, esculpidas por la erosión, regalan un paisaje de contrastes únicos que en tiempos de invierno albergan lagunas de aguas cristalinas, ideales para el asombro y el disfrute del visitante.
Monumento a Marisela: El mito literario hecho bronce
El recorrido por esta fecunda tierra no podía encontrar mejor cénit que en la inmortal ruta galleguista, específicamente entre Paso Arauca y Los Cañitos, dentro de los predios del Parque Nacional Santos Luzardo. Al borde de la carretera nacional, emergiendo con imponente elegancia en medio de una vasta planicie, se alza el monumento a Marisela, una magnífica obra escultórica creada en 1988 por el insigne maestro venezolano Manuel de La Fuente. La escultura, un refinado vaciado en bronce de una mujer en actitud indetenible de avance con la mirada altiva y la cabellera al viento, reposa sobre un pedestal y una plataforma circular de concreto que suman altura y solemnidad al tributo. Sus placas de bronce resguardan frases inmortales que resumen el alma nacional, recordándonos que en estas latitudes el llano entero es camino y horizonte, donde el espíritu de la civilidad y el amor rescataron para siempre la dignidad de la patria bajo la luz eterna de Rómulo Gallegos. ¡Visitemos, preservemos y salvaguardemos estos elementos y sitios Declarados Bien de Interés Cultural!
LEE Y COMPARTE:
El fonógrafo y la era del disco de vinilo | Diego Armando Trejo
***

Danfny Esther Velásquez Sosa (1960, Santa Ana, Nueva Esparta) danfnyescritora@gmail.com: Escritora, locutora, maestra pueblo en la Radiodifusión Sonora, productora nacional independiente, cronista comunal, abogada y científica social (doctora en Ciencias de La Educación y en Patrimonio Cultural). Actualmente es la directora interinstitucional de Radio América: R. A. «La Onda de la Alegría» 90.9 FM, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación (G. O. N° 42.670, del 13-07-2023).
Su trayectoria incluye un TSU en Producción de Medios de Comunicación Social (Alternativa, Popular y Comunitaria), una licenciatura en Pedagogía Alternativa, sub-área Registro del Patrimonio Cultural, y un posdoctorado en Corrientes Filosóficas para la Investigación.
Si quieres ampliar y conocer más noticias como esta, síguenos en nuestras distintas plataformas digitales:
FACEBOOK INSTAGRAM TIKTOK YOUTUBE WHATSAPP TELEGRAM
Ciudad Valencia/RM













