#Opinión: “Semáforos inútiles en Valencia y Naguanagua” por Fernando Guevara

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Regreso ahora para tratar un tema que, a diferencia de los anteriores, es netamente comunitario y cotidiano, el de los semáforos, tema preocupante al circular diariamente por las calles de Valencia y Naguanagua.

En las calles de nuestras ciudades y de todas las ciudades del mundo existen unos artefactos amarillos que conocemos como semáforos y que sirven para controlar y regular el tránsito vehicular y peatonal con la intención de evitar accidentes y darle fluidez a la circulación en las vías citadinas.

Esos artefactos en nuestra ciudad de Valencia, y también en Naguanagua, son objetos obsoletos, inútiles y que han convertido los cruces de las calles y avenidas en lugares peligrosos. No solamente porque no sirven muchísimos de ellos, sino porque los que sirven no los respetamos.

Trataré de hacer un recuento de algunos de ellos, algunos más respetados que otros.

Primero, el semáforo más inútil de Valencia se encuentra en el cruce de las avenidas Rojas Queipo y Montes de Oca, en la vía que va de la Avenida Bolívar hacia la Andrés Eloy Blanco. Eso no lo respeta nadie. Quizás porque los tiempos para cambiar de luz son eternos y la circulación en esa esquina no es alta, pero realmente nadie allí espera su luz.

Otro semáforo poco respetado es el del cruce entre la Avenida Bolívar y la calle 137 donde está el Tijerazo, aun cuando frecuentemente en esa esquina hay funcionarios de la Policía Municipal de Valencia, el irrespeto a la señalización es bárbaro especialmente por el transporte público, incluyendo a los transdráculas, pues los he visto comerse la luz a velocidades normales para una autopista, pero no para esa vía. De hecho, las busetas y camioneticas son los principales violadores de estas normas.

Frente al Polideportivo otro semáforo que no controla nada y nadie respeta. En La Viña, entre la esquina del McDonald’s y la Redoma del Samán hay un semáforo que parece que no funciona y que de todos modos a nadie le importa si funciona o no.

El cruce de las Avenidas Lara con Ferias es realmente un pandemonio, así como los semáforos cercanos a ese punto. No hay manera de comprender cómo funciona el artefacto, y pasar por ahí es sálvese quien pueda. En la Avenida las Ferias también el semáforo que está casi bajo el Puente Santa Rosa, en la salida del Metro, es un caos, incluyendo un pésimo diseño de la vía que se estrecha al pasar el cruce en ruta hacia la plaza de toros.

La avenida Lara tiene semáforos en casi cada cruce, y entre que muchos están dañados o funcionan a medias y los abusos de nosotros, los conductores, la circulación es una aventura. Los de la Avenida Cedeño casi todos funcionan bien, pero igual uno no los respeta, a pesar de que frecuentemente hay funcionarios de la Policía Municipal.

Cambio de municipio y ruedo hacia Naguanagua encontrando casi los mismos problemas. Frente al CC La Granja, donde se encuentra el CDI, hay un semáforo que está bueno, pero es irrespetado. En el cruce que se encuentra frente a Free Market, el semáforo fue trofeo de guerra para los guarimberos y desapareció desde entonces.

En el cruce de la Av. Universidad frente a Insalud, que se suele respetar, la cara del semáforo que da hacía la Casa de la Cultura está tan mal ubicado que no se ve y, además, está quemado.

 

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Esta es otra realidad, muchos de estos dispositivos están dañados, sus luces quemadas, en algunos casos uno no sabe si esta verde, rojo, amarillo o intermitente porque para una vía funciona, pero para otra no. Algunos están fijos o en rojo siempre, y hay algunos semáforos ubicados en lugares inútiles, como los de la Redoma de Guaparo.

Es cierto que nosotros los conductores somos los primeros que irrespetamos las normas de tránsito, pero la realidad es que hay una incertidumbre en estos semáforos porque hay tantos dañados que uno no sabe si el que controla ese cruce donde uno espera por el cambio de luz funciona. Además, vemos como conductores respetuosos son acosados por otros que desde atrás le montan los carros encima (peor si es una buseta) y les tocan corneta y les gritan: “¡Cómete esa vaina, pendejo!”.

Lo cierto es que los semáforos en nuestra ciudad se han convertido en adornos amarillos que no cumplen las funciones para las cuales existen. Y todos somos responsables de lo que sucede en estos cruces.

 

Fernando Guevara / Ciudad VLC