Manuel Dario Gruber: Caballo de fuego
A José León Tapia
I
Los tecnócratas se instalan muelles / en el último piso de la democracia. /Entretanto la miseria cabalga / sobre un caballo de fuego / y la esperanza asfixia en la retórica. / Sólo un puente de luz en lontananza / se yergue desafiando las sombras /sobre las altas colinas. /Detrás de cada muro de cada piedra / los roedores merodean / los predios marginales de la metrópolis.
II
Los azules reflejos fulguran a lo lejos / y dan paso al espiral bermejo de las furias. / Bajando de sus miserables viviendas /bajando hacia la gris arquitectura de la urbe / sólo bajando con sus cascabeles / y los sordos tambores de la guerra / para dejar la piel en las trincheras / para quemar la angustia de las horas.
III
La ciudad comienza sus rituales de siempre / con sus sombras y sus mitos cotidianos. / Al pie de la montaña el éxodo marca sus huellas / en las laderas cobrizas de los cerros / donde los perros ladran a la hambruna / que pisa los talones de los desamparados.
IV
Los seres trashumantes se congregan en la aurora / y salen en la diáspora que dispara la miseria / los condenados de siempre por el sol de la opulencia / con sus amagos en la estancia maldita. / Y no existen por allí ni lirios ni amapolas / sólo una frágil llama para encender las fogatas / en esta fragua siempre triste y desolada.
V
Amor, dolor y muerte en los ranchos olvidados. / Se
cuelan en la noche los lánguidos silencios / tras una larga jornada de esperanzas marchitas / y la memoria irredenta que se lleva el viento. / Por eso siguen bajando / y se escudan en las sombras / y están a la casa del sol por las colinas / agazapados tras los muros de eternas resonancias.
VI
El corcel de fuego que calcinó antiguos imperios /retorna ahora con sus alas inmensas / sobre un paisaje endurecido de púrpuras reflejos / con la furia del tiempo asida a las crines /con el odio abrasador de los volcanes / girando siempre girando / alrededor de suntuosas mansiones / y de la paz cautiva en vastas heredades.
(Caballo de fuego, 1993)
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Nota: Este poema del
poeta barinés Manuel Darío Gruber, publicado inicialmente en 1993 e incluido en la antología patria El corazón de Venezuela (2008), es una poderosa denuncia que utiliza el símbolo central del «caballo de fuego» para representar la furia contenida de los excluidos. A lo largo de sus seis estrofas, el poeta construye un contraste entre la opulencia y la miseria que «cabalga» en los cerros. Redacción.
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Navil Naime: “Escarcha y ceniza”
De las generosas manos de Maríanella Rivero, colega y amiga del pediatra y poeta Navil Naime (Cantaura, estado Anzoátegui, 1961), hemos recibido, como obsequio especial para esta columna, el poemario “Escarcha y ceniza” (NSB Grupo Editorial, 2014).
Son 45 poemas los que integran el libro (junto a una nota de Arnaldo Jiménez). He aquí una selección de nueve textos, acompañada del agudo comentario de Armando Amanaú.
•Lazarillo
en la charca / un perro lame la sombra / de su cansancio // encontró / en las ondas breves / una lluvia que no existe // descubrió / en la incertidumbre / del rostro que lo acompaña / una mirada muy triste
•La calzada
el anciano / con su bastón /de viento / atraviesa la calzada // en el silencio / del polvo de sus pasos / cuánta vida olvidó / mientras pasaba
•Tregua
un rescoldo de paz // para imbuirme / del gesto que me mata // ignorar / la garra que me ofende // acoger mi derrota / y respirar
•Intenté su silencio
se marchó con su calma //con su encanto / de casa vacía // la buscaba entre ciertas ausencias / en lo que urde la tarde / detrás de las cortinas // me prendí a su silencio / como quien llora / lo que olvida
•Llanto
a veces tocaba mi puerta /traía su propio silencio // enjugaba el llanto / con la noche / y olvidaba su tristeza / en el espejo
•Ausencia
alguien / más lejana que tú / se aproxima // no se ha dado cuenta / que otra ausencia / ya custodia mis caminos
•De paso
era una voz / de sal // una huella de estrella / en el temblor del agua // por un instante / se congeló / en mis ojos / como esquivando el tiempo // iba de paso
•Reflejo
¿qué rostro usurpa el mío? // otra mirada intenta mi propia lejanía / desgarra mis estigmas // ¿de qué tristezas se mojan sus labios?
•Mujer de sol
ya no me ignora // una mujer de sol / me sonríe desde su herida //
derrama palabras secas / de un silencio // más ajena que su mirada / la última lágrima / se aproxima

Apuntes sobre el lenguaje en «Escarcha y ceniza»
Los doce poemas de Navil Naime que aquí se presentan funcionan como un sistema de signos donde la ausencia es el principio organizador del discurso.
El lenguaje poético opera por sustracción: cada palabra elegida por el vacío que deja a su alrededor. Él construye su universo con términos que remiten a relaciones entre objetos y percepciones, el lenguaje, más allá de la escena, describe su imposibilidad.
La construcción refuerza esta poética de lo no dicho. Los poemas tienden a suprimir elementos que la sintaxis normativa exigiría: artículos, verbos copulativos, nexos…
Un recorrido por los poemas revela una red de recurrencias semánticas que establecen variaciones sobre un mismo problema: la relación entre lo que se ve y lo que es, entre la presencia y su representación.
El poema reflexiona sobre su propio estatuto que intenta fijar lo que por naturaleza se desvanece.
Lo que caracteriza a estos poemas, sin la sujeción a un metro o una estrofa fija, es la conciencia de que la intensidad expresiva puede lograrse por condensación.
La poesía de Navil Naime en estos poemas trabaja con materiales mínimos para producir significados máximos. El lenguaje logra la belleza de la imagen por la precisión del signo: cada palabra está colocada de modo que su significado se expanda por contigüidad con el silencio que la rodea. El libro promete, por estos indicios, una exploración sostenida de esa frontera donde el lenguaje, al callarse, dice. (A. A.)
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Pablo Mora (1942-2026)
Era inteligente, atarantado, explosivo, lleno de energía física y mental; era expresivo y mantuvo siempre un aire juvenil; Pablo Mora, el poeta de San Cristóbal conocido en todo el país por su actitud frente a la poesía, por su irreverente y viva presencia en el mundo cultural. Pablito, el amigo barbado de acento profundo y tachirense ha dejado estos predios. Será gratamente recordado por sus amigos y conocidos, por la gente de Zaranda, Red de Escritores, Escritores del Táchira y de toda Venezuela, país que amó con toda la vitalidad de su poesía que ahora marcha sola, es decir, con la pura compañía de lo que no muere.
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Luis Alberto Angulo [Rivas], nació en Barinitas, estado Barinas en 1950. Desde 1972 reside en Valencia (Carabobo). Poeta y articulista.
Bibliografía directa: Antología de la casa sola, Una niebla que no borra, Antípodas, Fusión poética, La sombra de una mano, Antología del decir, Coplas de la edad ligera.
Premios: “IV Concurso Internacional de la revista Poesía (UC)”, así como de los certámenes nacionales de poesía “Francisco Lazo Martí” y “Rómulo Gallegos”.
Antólogo de: San Juan de la Cruz, Miguel Hernández, Enriqueta Arvelo Larriva, Ana Enriqueta Terán, Gelindo Casasola, Ernesto Cardenal; “Rostro y poesía, poetas de la Universidad de Carabobo”, “El corazón de Venezuela, patria y poesía”.
Coautor con Luis Alberto Angulo Urdaneta de “Viento barinés”; con Luis Ernesto Gómez de “Poetas venezolanos en solidaridad con Palestina, Irak y Líbano”; con Nereida Asuaje de “Lubio Cardozo, Del lugar de la palabra”.
Textos suyos aparecen incluidos en las antologías: “Jóvenes Poetas de Aragua, Carabobo y Miranda” (Fundarte 1978), de José Napoleón Oropeza; “Poetas de Venezuela (Revista Poesía UC), de Reynaldo Pérez Só, y “Barinas, cien años de poesía” (1995), de Leonardo Gustavo Ruiz.
Ha sido invitado en varias ocasiones al Festival mundial de Poesía de Venezuela y a la Feria Internacional del libro de Venezuela (Filven).
Ciudad Valencia/RN













