“Profesional desempleado, pero revolucionario siempre (20)” por José David Capielo

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Esta de hoy es una reflexión sobre vivencias del período entre finales de 1995 y abril de 1997 cuando finalmente logré ser contratado, por primera vez, en la Facultad de Agronomía (Fagro) de la Universidad Central de Venezuela (UCV), núcleo Maracay. Tal como ya señalé, egresé como ingeniero agrónomo en mayo de 1995 y, paralelamente, ante una fuerte controversia, decidí renunciar a mi militancia política. Sin embargo, yo me reivindicaba entonces (como también hoy día) revolucionario hasta la muerte.

Me propuse conseguir un empleo relativamente estable para la sobrevivencia familiar. Mi opción inmediata era la institución donde estudié (UCV-Maracay) al existir buena relación con las autoridades, en su mayoría camaradas amigos desde los años ‘70.

Me había formado con especial fuerza en el área de “Economía Agrícola y Ciencias Sociales”, que era uno de los nueve departamentos existentes en Fagro. Obtuve así mi mención en “Desarrollo Rural”. Especialmente en “Extensión Agrícola” había realizado mis mejores desempeños. Estuve hasta principios de 1997 realizando trabajos a destajo en áreas de mi competencia. Para las pernoctas en Maracay me apoyaba en casas de compatriotas amigos.

Seguía viviendo en La Arboleda-Parque Valencia. En 1996 hubo elecciones y dejé el cargo como coordinador de la Aso-vecinos, que ocupé por cuatro años. Cumplí luego funciones de simple asesoría ad honorem en la negociación de las viviendas. Logramos adquirir nuestra vivienda a través de un crédito hipotecario de la Caja de Ahorros de la Universidad de Carabobo (UC), por intermedio de mi compañera Miriam (1996), cuyo monto cancelamos con aportes de ambos.

A principios de 1996 me incorporé a la Maestría en Desarrollo Rural de la propia facultad, cursando las asignaturas requeridas hasta finales de 1997, cuando las culminé. Quedó pendiente la aprobación del trabajo de grado respectivo. Esta tesis de maestría representó un episodio bastante largo, complicado e inicialmente fallido. Logré finalmente aprobarlo a finales del año 2002. Reconozco acá la asesoría y acompañamiento decisivo del profesor José Rodríguez Brito (fallecido en 2018), exdecano, especialista en extensión agrícola de larga trayectoria y Doctor Honoris Causa de la UCV (2013).

Obviamente que debí dedicarme con ahínco al trabajo técnico profesional que cumplía. Aún así,  mantenía siempre, en forma independiente, mis relaciones políticas revolucionarias tanto en Carabobo como en Aragua, asumiendo en lo posible la solidaridad ante la violación de los derechos ciudadanos.

La madrugada del jueves 18 de abril de 1996 fui objeto de un allanamiento a mi residencia por parte de la DISIP. Supimos luego que ante la llamada agenda neoliberal de Caldera, se habían efectuado en dicha fecha más de 100 allanamientos y detenciones a dirigentes sociales en toda Venezuela. Yo me encontraba trabajando ese día en Maracay, de manera que mi familia fue quien sufrió en forma directa este abuso represivo.

Los agentes policiales enmascarados procedieron a amedrentar a mi compañera y a mis dos menores hijos para luego llevarse mis libros y algunas fotos familiares. Regresé inmediatamente al enterarme y fui a la Fiscalía del Ministerio Público. Junto a la fiscal Auristela Malpica asistí a la sede policial para realizar el infructuoso reclamo y recuperar mis pertenencias. Los vecinos de La Arboleda-Parque Valencia mostraron gran solidaridad y con directivos de la Aso-vecinos llevamos la denuncia a la prensa regional, siendo publicada en “El Carabobeño” y “El Siglo”.

 

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Fue entonces, en abril de 1997, cuando pude lograr esa primera contratación como extensionista rural adscrito a Fagro UCV. El extensionista rural se constituye básicamente en un educador. Yo debía promocionar una capacitación transformadora entre los pequeños y medianos productores agropecuarios que atendía. Defendimos siempre la concepción freiriana de la educación no formal basada en el “diálogo de saberes”, en donde “todos sabemos algo-todos ignoramos algo-por eso aprendemos siempre”. Los técnicos somos allí simples facilitadores de procesos formativos.

Fue un buen inicio, aun con las dificultades para realizar contrataciones en ese momento. Tuve gran inestabilidad cobrando por servicios prestados (HP), contratos por pocos meses y una relación laboral vía empresa rental (no aparecíamos como empleados de la UCV). Fui parte de un equipo de agrotécnicos con tareas dentro y fuera de la institución universitaria.

Se inició así un nuevo proceso de aprendizaje. La práctica extensionista resultó gran escuela. Nuestro asesor técnico  fue el ya mencionado profesor José Rodríguez Brito, docente titular fundador de la Cátedra de Extensión Agrícola en Fagro. Complementamos una formación altamente humanista con una visión  práctico-concreta de la realidad rural existente.

En próxima entrega abordaré este importante período iniciado en 1997, hasta octubre del año 2000. Fueron unos cinco años de actividades y consolidación profesional en Fagro UCV Maracay.

 

 

“…ha emergido una nueva metodología de conocimiento de lo social que se apoya en la experiencia de lo vivido, en la subjetividad como forma de conocimiento, tan válido como los números, los modelos, las curvas o cualquier otro instrumento estadístico”. (Profesor Víctor Córdova. UCV, 2003)

 

 

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José David Capielo Valles es ingeniero agrónomo y magíster en Desarrollo Rural, egresado de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Campus Maracay. Nacido en Coro, estado Falcón, en 1949. Es docente jubilado de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (UNESR), Núcleo Canoabo (2016). Es locutor, comunicador alternativo y colaborador de Ciudad Valencia desde 2014.

 

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