“Quinta La Isabela o Castillo de los Iturriza” por Douglas Morales Pulido

Las gárgolas y figuras maléficas guardianes del Castillo de los Iturriza, junto a los garfios para capturar brujas merodeadoras, instalados en sus techos, dan una idea de lo supersticiosa y fantasmal de la conciencia social valenciana de fines del siglo XIX y principios del XX.

Prácticamente convivían, en apretado contubernio, el mundo luminoso de los sembradíos, en los terrenos ocupados hoy por las urbanizaciones El trigal, La Trigaleña y Mañongo, su abundante fauna silvestre, frescos riachuelos, familias campesinas y al fondo los verdes cerros; y la nocturnidad, el reino de las tinieblas y los tenebrosos engendros en pena.

Las abuelas contaban de espantos aullantes en los terrenos cercanos a La Isabela: «El Carretón maldito» (realmente era un buen señor vendedor de tierra abonada, conocido como «Mantequilla», que muy tomadillo pasaba a medianoche). «El escabezado» (un ladrón de gallinas). «La Sallona» (damas traficantes de amores desesperados, mientras una laboraba otra causaba pánico gritando).

Y paulatinamente «El Castillo de los Iturriza» o la «Quinta Isabela» adquirió un halo maléfico, pero protector de su permanencia.

 

LEE TAMBIÉN: “DEL MEDANAL VENIMOS (3): UN REENCUENTRO NECESARIO”, POR J. D. CAPIELO

 

Se dice que en la década de los setenta del pasado siglo sus anchos patios se utilizaron como bar restaurante (El Palacio), muchos clientes, al ir a los baños, salían aterrorizados por una mujer lindísima al instante transformada en gallina (la dama-ave sólo alucinó a clientes “pasados de palos”).

Con todo y su áurea luciferina, por lo menos de noche, las y los valencianos le tomaron cariño a la edificación, la defendieron del abandono y posible derrumbe, ya habían sufrido el de su Palacio Municipal, y luego de fuertes campañas, el gobierno de Henrique Salas Romer declaró el edificio como «bien patrimonial» y procedió a su remodelación (25-03-1991). Lo único imposible de rescatar fueron los «frescos» pintados por Arturo Michelena.

Se debe y pueden pasar de noche por los alrededores del «Palacio de los Iturriza», eso sí, sobrios.

 

*A petición de la honorable Sra. Hernández.

 

Ciudad Valencia / Douglas Morales Pulido