Ida Gramcko-Filven Carabobo 2024

La poesía constituye un espacio único e indispensable para el ejercicio de la imaginación creadora del ser humano. Es ese universo estético de imágenes construidas con el lenguaje en ejercicio creador y metafísico, riguroso y formal, subversivo y encantador, sencillo y complejo, material y espiritual, misterioso y cándido, puro y profano.

La poesía penetra y hurga en los encantos y misterios de la vida, la cotidianidad y sus sombras, la luz del Sol y las estrellas, el amanecer y el ocaso de las nubes, el sonido de los vientos y las murmuraciones del mar y los ríos como manantiales o trenzas infinitas de las cabelleras sagradas de las montañas vecinas del cielo.

La poesía es revelación súbita o gradual de la imagen emergente desde la interioridad psíquica del sujeto, en diálogo con la vida que roza su particular sensibilidad existencial, atrapada y estimulada por esa imagen que lo convida a traducirla y representarla a través del poema.

Ubicados en esa perspectiva amplia de la modernidad, es necesario distinguir tres dimensiones de tiempo y espacios diferentes, dentro de los cuales se ubica el aporte de la poesía de Ida Gramcko. Su poesía y su vida de intelectual y escritora se desarrollan desde la perspectiva del existencialismo, durante el tiempo luminoso de la política, la literatura y el arte del siglo XX venezolano.

Vale decir que el tiempo que la precede, corresponde a la generación de  los poetas José Antonio Ramos Sucre (1890-1930), Andrés Eloy Blanco (1896-1955) y Pío Tamayo (1898-1935), como héroes de la resistencia contra la dictadura de Gómez, defensores de la democracia, la libertad, la independencia, el desarrollo humano, el arte y la política.

Después de este primer momento de la poesía moderna en nuestro país, surgen dos vertientes. Por un lado, la poesía vinculada a la vida social, política e histórica y su objetivación en los procesos de la comunicación y el desarrollo socio-cultural, ético, moral y estético de los grupos, comunidades, pueblos, ciudades y la nación en su totalidad socio-histórica-cultural.

Hablamos, entonces, de la poesía como praxis de la imaginación creadora en los escenarios de las luchas entre los pueblos oprimidos y las potencias imperialistas que niegan su bienestar y su progreso; en el marco de la lucha de clases entre el modelo capitalista, liderado por Los Estados Unidos de Norteamérica, y el modelo socialista emergente de la revolución de los bolcheviques en la Rusia de 1917.

Nuestro gran poeta y cantor Alí Primera nos dice: “No te dejes engañar cuando te hablen de progreso porque tú te quedas flaco y ellos aumentan de peso”. Igualmente, Víctor Valera Mora, poeta de la subversión revolucionaria, proclamó: “de Dignidad se trata, sí de dignidad”; y Aquiles Nazoa, el gran poeta del humor y el amor, nos advierte con su profunda convicción moral, ética y liberadora: “Creo en los poderes creadores del pueblo”.

En paralelo a esa vertiente social, crítica y revolucionaria, se ubica la obra poética y la vida misma de Ida Gramcko, con su poesía vinculada orgánicamente  a los procesos existenciales de  los deseos, aspiraciones y todo lo relacionado con el mundo interior, subjetivo,  los sueños de su propia existencia, en correlación con la objetividad social e histórica de su época.

Hemos tomado una cita del texto de Elizabeth Schön, amiga y compañera de muchos años de Ida Gramcko, para puntualizar tres elementos muy importantes de su obra y su personalidad:

Si pensamos en la obra de Ida Gramcko lo primero que invade a la mente es la imagen de una montaña gigantesca poseedora de múltiples resonancias, aromas, árboles, cuya ondulada línea de la cresta se interna en la inmensidad hasta tocar lo invisible, ignoto del universo. De aquí la vastedad inquebrantable de su pálpito creador y los caminos innumerables que emergen de la lectura de tan inagotable fortaleza.

Efectivamente, la obra escrita de Ida Gramcko es como una montaña  gigantesca que sobrepasa los 30 libros de poesía, teatro, ensayos, cuentos artículos en revistas y periódicos, elaborados y creados con toda esa pasión, convicción y estilo muy propio y definido en la perspectiva de una metafísica y una espiritualidad profundamente arraigada en su propio ser, concebido como una comunión entre su condición humana, social, histórica y esa fe mística existencial de su capacidad creativa sustentada en la palabra y la fuerza de su propia existencia constructora de imágenes, en ese empeño de alcanzar la gloria a través del ejercicio incesante de la creación verbal.

El segundo elemento que aporta el texto de Elizabeth Schön tiene mucha pertinencia; es fundamental y trascendente, porque se refiere a la valoración de la obra y la personalidad de Ida Gramcko, que realizan los críticos con base en criterios   serios y rigurosos, fundamentales para el escritor y para los lectores y lectoras. He aquí esta pequeña valoración:

El poeta Benito Raúl Losada la calificó de «Catedral inmensa». Juan Liscano se refirió a ella como «monstruo poeta». José Antonio Yépez la colocó más allá del horizonte donde se halla José Lezama Lima, y nuestro gran ensayista Mariano Picón-Salas la comparó con Sor Juana Inés de la Cruz. Además, la nombró como la “séptima musa de la poesía en los siglos de la tierra”

“Catedral inmensa”, “monstruo poeta”, “más allá de José Lezama Lima”,  “igual a Sor Juana Inés de la Cruz” o “séptima musa de la poesía en los siglos de la tierra” son las cinco valoraciones de cuatro grandes escritores, críticos e intelectuales venezolanos, que coinciden en torno a la merecida valoración y reconocimiento de la obra de Ida Gramcko.

La tercera valoración, muy bien concebida por su amiga Elizabeth Schön, se expresa al final del párrafo que estamos analizando, en el cual afirma lo siguiente: “Ida es aquella artista inquebrantable, tenaz, que pudo convertir la vida en palabras; nos lo sugiere una frase de su «Poética»: Existir. No vivir”. (Ver: ellamentodeariadna.blogspot.com/2008/06/el-jardin-mistico-de-ida-gramcko),

En esas tres palabras, está evocada la vieja controversia conceptual de la filosofía occidental, reducida por Shakespeare al dilema Hamletiano “Ser o no ser”; existir atrapado entre lo bueno y lo malo o elegir lo uno o lo otro, asediado siempre por el Mal o reafirmado en el Bien.

El surgimiento de la poesía moderna en Venezuela, a finales del siglo XIX y comienzos del XX está marcado por tres corrientes fundamentales, representadas por sus respectivos poetas: el positivismo (Ramos Sucre y Andrés Eloy Blanco)  el marxismo (Pío Tamayo, Aquiles Nazoa, Alí Primera, Víctor Valera Mora) y el existencialismo (Ida Gramcko, Elizabeth Schön).

 

Semblanza muy breve de Ida Gramcko

Nació en Puerto Cabello, estado Carabobo, el 11 de octubre de 1924. Pertenece a ese nuevo tiempo histórico, posterior a la primera guerra mundial y muy cercano al surgimiento de la llamada Generación del 28. En Venezuela había un gobierno dictatorial representado por el General Juan Vicente Gómez, aliado y subordinado totalmente al emergente imperio norteamericano.

La vida de Ida Gramcko estuvo llena de tensiones existenciales que fueron tomando su curso por la vía de la creación literaria, particularmente en el campo de la poesía y el ensayo. Estudió y se nutrió de los clásicos españoles (Cervantes, Garcilaso de la Vega, Góngora) y de muchas otras corrientes del siglo XX, en especial la corriente filosófica y literaria del existencialismo, que ella asumirá como su propia razón de vida, de escritora y poeta, que la consagraron como una gran referencia del existencialismo literario de nuestra época.

Su primer libro de poemas obtiene el premio de la Asociación Cultural Interamericana de 1941 y con ello inicia su larga vida literaria que la hace acreedora de muchos premios y reconocimientos, convirtiéndose así en una de las grandes figuras fundamentales de la literatura venezolana del siglo XX.

Pero, no todo en la vida es color de rosas. A nuestra gran escritora y poeta de alto calibre creador de una nueva poesía desplegada desde las aguas del existencialismo literario y filosófico, le tocó como a cualquiera otra persona activa, inteligente, creadora y mortal, enfrentarse a escenarios existenciales y problemas de salud que nos conducen al destino final e inexorable de la muerte:

En 1959, Ida comenzó a tener problemas psíquicos, y luego también enfermaría su hermana; el padre de ambas en su vejez también sufrió de depresión. Con ayuda médica y al terminar de atravesar este pasaje en su vida surge Memorias de una psicótica en 1964.​

Con 38 años retoma sus estudios de primaria y de bachillerato por el sistema de libre escolaridad, logrando el título de bachiller en 1964.

A los cuarenta años egresa como Licenciada en Filosofía de la Universidad Central de Venezuela en 1968 y en donde dictó la cátedra de Poesía y Poetas en la Escuela de Letras.

En años posteriores ejerció la docencia en diversos centros educativos y universitarios de la nación. También continuó con su producción de obras y su labor de periodismo, publicando artículos en reconocidos diarios y revistas como El Diario de Caracas, El Globo, Élite y la Revista Nacional de Cultura e Imagen.

Tras su enfermedad mental comienza a alejarse de la vida pública. ​Con los años desarrolló diversas enfermedades crónicas y falleció en 1994 a causa de un accidente cerebrovascular cuando contaba con 70 años. Su muerte ocurrió apenas meses después del de su hermana Elsa.

Indudablemente, la obra escrita de Ida Gramcko es un tesoro literario de la cultura poética del siglo XX venezolano, en virtud de su originalidad y trascendencia. Esa combinación paradigmática entre el existencialismo filosófico y la poética de la tradición, la identidad y la imaginación creadora, tiene en la voz poética de Ida Gramcko, una atractiva y compleja recepción.

De acuerdo con algunos autores, su obra no ha sido suficientemente leída y estudiada en nuestro país. Sin embargo, ha sido muy bien aceptada por la crítica y sus lectores amantes de la poesía y la filosofía. Hay mucha gente que ha leído y se identifica con la poesía de Ida Gramcko, en ese proceso de conjugar lo metafórico con la  reflexión filosófica sobre la complejidad de la naturaleza humana, la libertad, los problemas sociales y la historia.

Es posible que desde las perspectivas del existencialismo filosófico, asumido por Ida Gramcko; y las tres teorías de la sospecha, creadas por Karl Marx, Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud, podamos realizar en otra ocasión, un análisis lo necesariamente extenso y profundo de la obra poética de Ida Gramcko. Por ahora, haremos una valoración muy resumida de algunos de sus poemas cortos.

 

La recreación existencial en la poesía de Ida Gramcko

Su obra literaria abarca, en primer lugar, la poesía y se amplia y complementa con sus cuentos, novela, ensayos, teatro y opinión como articulista en los periódicos El Nacional, El Universal, El Diario de Caracas, en revistas literarias, etc. Además de toda su publicación en los distintos géneros, cabe destacar los títulos de sus libros publicados:

 

1.- Umbral (1942); 2.-Cámara de cristal (1944); 3- Contra el desnudo corazón del cielo (1944); 4.- La vara mágica (1948); 5.- Poemas (1925; 2006); 6.- Poesía y Teatro (1955); 7.- Poemas de una sicótica (1964); 8.- Lo máximo murmura (1965); 9.-Sol y soledades (1966);  10.- Este canto rodado (1967); 11.- Salmos (1968); 12.-Los estetas, los mendigos, los héroes (1970); 13.- Sonetos del origen (1972); 14.- La andanza y el  hallazgo (1972); 15.- Quehaceres (1973), 16.- Salto Ángel (1985) y 17.- Obras escogidas (1988). También publicó dos libros de narrativa: 16.- Juan sin miedo (1954) y Tonta de capirote (1972).

Obtuvo los siguientes reconocimientos: Premio de la Asociación Cultural Interamericana (1942), Premio de Teatro del Ateneo de Caracas (1958), Premio de Prosa “José Rafael Pocaterra (1961), Premio Municipal de Poesía (1962). Hagamos, entonces, una primera aproximación analítica a partir de los siguientes poemas:

 

La  mariposa  disecada

Eras en el jardín, sobre los ramos,
ensueño real que aprisionara un niño
en un cesto de mimbre que su mano
agitaba por sendas y macizos.
Hoy eres cromo rígido del campo,
un paisaje minúsculo en un nicho.
Ataúd de cristal vela tus párpados
—oro y azul— dormidos.
Los lirios están lejos, y los pájaros.
Las mariposas viven en los lirios.
Mueven el ala pura en el espacio
como en un dedo pálido un anillo.
Y tú estás sola, inmóvil, en un marco,
como el retrato de un velero antiguo.
Alas de sol. Antenas de amaranto.
Rosa caída en aluvión marchito.
La red del hombre vio cómo tu raudo
corazón se embriagaba en un pistilo
y te clavó, con estilete amargo,
en la cana de un viejo pergamino.
Ángel de terciopelo, castigado
a la pared, a la quietud, al vidrio.

 

En los primeros cuatro versos, la poeta nos ofrece una imagen dinámica del poema. Ella dialoga con la mariposa en referencia a un tiempo pasado en un lugar determinado: “eras en el jardín”, en donde concurría un niño con un cesto para atraparla.

Luego, se presenta un tiempo presente: “Hoy eres cromo rígido del campo”. Es la imagen metafórica de la mariposa muerta, contemplada por la poeta: “Ataúd de cristal vela tus párpados—oro y azul— dormidos”.

El poema sigue y muestra su estructura paisajística, sostenida en tres elementos fundamentales: el lirio, la mariposa y los pájaros, imbricados en un solo efecto de belleza vital de la naturaleza, aunque esté “castigado a la pared, la quietud y al vidrio.” En definitiva, el poema es como una muestra ecológica de la existencia como un todo cubierto de armonía entre la vida y la muerte. Veamos ahora el segundo poema (1952) que es un soneto, seleccionado para cerrar esta muestra de la poesía de Ida Gramcko.

 

Estar

Estar afuera es como estar adentro
de inagotable intimidad creadora.
No es perder cuerpo, es descubrir un centro
mayor que lo interior que nos demora.
Estar afuera, a pleno sol, al viento…
La noche ya no es más la mediadora,
pues nos une a través de un mandamiento
de sombra impuesta que se ve o ignora.
Escogida es la unión desde lo intenso.
Vivo nivel estalla con la aurora
y enlaza lo profundo con lo inmenso,
Pues cada ser deviene lo que añora.
Y queda un solo ser, un gran suspenso,
más el hombre lo sabe y lo atesora.

 

Desde el punto de vista del análisis formal, es decir, la forma como están distribuidos los versos y las imágenes de este modelo clásico de poema, como lo es el soneto, de origen italiano, posee una estructura que se compone de catorce versos, distribuidos en cuatro estrofas, tal como se observa en el poema.

Las dos primeras estrofas tienen cuatro versos cada una y las dos siguientes tienen tres, para totalizar los catorce versos con rima sonante o asonante. En este caso de la poeta Ida Gramcko, observamos que la rima es consonante para todos los versos, que se alternan las terminaciones verbales entro/ora, ento/ora y enso/ora, siguiendo el gusto o el interés personal.

La rima le da al poema un sonido reiterado y melodioso que lo aproxima al arte de la música; vale decir que la poesía es arte verbal, oral o escrito, tiene ritmo y sonoridad, nació con los antiguos trovadores “que eran poetas-compositores que escribían y cantaban en la lengua vernácula no latina: el occitano o provenzal. La figura del trovador, que hoy sigue vigente, nació en el siglo XII, en el sur de Francia, entre los miembros de las clases nobles”.

Esa afinidad estética, sonora, de origen ancestral trovadoresco, entre la poesía y la música es lo que distingue; pero, también acerca al buen poema con la buena música. Por ejemplo, el Poema 20, del primer libro de poemas escrito por Pablo Neruda, se convirtió en una hermosísima canción romántica del bolero latinoamericano. Y así miles de poemas han sido, son y seguirán siendo musicalizados.

Desde la dimensión semántica, que aborda el sentido y la significación del poema, tenemos que en su primera estrofa se evoca “la intimidad creadora” que unifica la visión exterior e interior de la existencia, al descubrir ese centro mayor que nos nutre y eleva la belleza, la forma y los recursos literarios, el efecto encantador, espiritual, sensitivo, emocional, presente en la poesía.

En la segunda estrofa se evoca el valor de la existencia “a pleno sol, al viento”, junto a la noche que “ya no es más la mediadora” sino que nos une en esa especie de “sombra impuesta que se ve o ignora”. He allí la esencia irreductible de la existencia humana como un todo integral entre el día y la noche.

En la tercera estrofa, el poema celebra “la unión desde lo intenso”, desechando así lo superfluo; evoca la existencia de “la aurora” como metáfora o símbolo existencial de la renovación de la vida “y enlaza lo profundo con lo inmenso”, vale decir, la calidad y la cantidad, como fundamento de la condición existencial entre la naturaleza y la esencia de la condición humana.

 

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En la cuarta estrofa que cierra el poema, su autora reafirma tres ideas centrales de la visión existencialista de la vida: en el primer verso la imagen “cada ser deviene lo que añora”, denota la condición fundamental del Ser: su individualidad y su existencia que solo se acaba o pasa a otro plano, con la muerte.

En el segundo verso: “y queda un solo ser, un gran suspenso” indica la reducción existencial de la cantidad a la calidad de la condición humana. Lo cotidiano, lo rutinario, lo intrascendente desaparece con la muerte y “queda un solo ser”: la especie humana que sigue dándole existencia, ritmo y trascendencia a la vida.

El tercer verso de la cuarta estrofa que cierra el poema, es definitorio para la condición existencial del ser humano. La poeta lo sabe, tiene conciencia del fin de la existencia material y carnal; pero, igualmente de la trascendencia, por lo cual afirma que “el hombre lo sabe y lo atesora”. La conciencia de la dimensión existencial del ser humano es irreductible.

 

Christian Farías (La Ventana Dialéctica) / Ciudad Valencia