Al hablar del 67° Salón Arturo Michelena, dos cosas vienen a la mente: su permanencia en el tiempo y la calidad de las muestras. No es la permanencia de la roca, es la de los seres vivos, en intercambio con el entorno, a veces a contracorriente, evolucionando. Entendido así, los salones son lo contrario, o más bien el complemento, del museo inmóvil.
El recordado Juan Calzadilla escribió sobre la tradición y vigencia del arte en Valencia, a propósito del Salón: «El ambiente es propicio, el clima adecuado a la creación artística que, hoy más que nunca, acaso sin necesidad de acudir al expediente de la tradición, muestra a nativos y extraños» (1976).
DEL MISMO AUTOR: ANTONIO TRUJILLO Y SU TESTIMONIO DE LA PALABRA OÍDA
Antes, como ahora, es una exposición nacional y local (entendido local de dimensión nacional). El Salón Arturo Michelena es una institución en sí misma, los jurados y los organismos culturales pasan… el Michelena queda.
Su permanencia (1943-2025…) es la de su alquimia, el equilibrio de sus componentes: pintura y escultura; abstracción y figuración; foto, grabado, dibujo. Diversidad de género, instalaciones. Nuevos lenguajes… y arte ingenuo, popular. Jóvenes y maestros. El equilibrio de las propuestas es su ADN, la identidad del salón más antiguo del país, siempre recomenzando.
Es cierto que ha tenido discontinuidades. Un tiempo en hibernación. Hasta que el Ejecutivo regional, junto con el Gobierno Nacional, le despertaron.
Vale ahora la reflexión de Enrique Planchart (La Pintura en Venezuela) sobre las exposiciones: «Puede afirmarse que la obra de arte, como instrumento de expresión, de comunicación, no está totalmente realizada, sino cuando se entrega a la contemplación, al conocimiento de todos» (1928).
Ahora, más allá de las élites, si las comunidades no van, el Museo de la Cultura irá a las comunidades a través de visitas guiadas, foros, salas interactivas e inmersivas, que llevan la inclusión hasta los niños y los adolescentes, garantizando esa totalidad.
De ahí la invitación a todos a contemplar y completar estás 353 obras, de «nativos y extraños», que, seleccionados entre 980 trabajos, luego de una convocatoria nacional, permitirá una vez más que el país se vea a sí mismo.
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Pedro Téllez (Valencia, 1966): Psiquiatra y escritor. Egresado de la Escuela de Medicina de la Universidad de Carabobo, donde también cursó las Maestrías de Historia de Venezuela y Literatura Venezolana. Ha sido profesor de estética en la Escuela de Arte «Arturo Michelena» y coordinador del Postgrado de Salud Mental en el Hospital Psiquiátrico de Bárbula.
Ha formado parte del comité de redacción de las revistas Poesía y La tuna de oro. Entre sus libros se encuentran: Añadir comento (1997), Fichas y remates (1998), Tela de araña (1999), La última cena del ensayo (2005), Un naipe en el camino de El Dorado (2007), Elogio en cursiva del libro de bolsillo (2007), Valencia sulaco (2019).
Ciudad Valencia / RN












