He recibido de regalo unos hermosos libros de poesía que quiero compartir con los lectores de esta columna. Nos visitarán entonces poetas y escritores que se presentan a sí mismos con palabras de exégetas y estudiosos volcadas en las redes.
Sor Juana Inés de la Cruz:

Nací el 12 de noviembre de 1648 (hace 377 años), en un pueblo del centro oriente de México llamado Neplanta. Fui una niña prodigio, a los tres años ya sabía leer y escribir y desde pequeña componía versos. Fallecí en 1695 (a los 47 años), en el convento de Santa Paula de la orden de San Gerónimo.
Aunque la cifra exacta varía según ediciones y criterios de clasificación, publiqué aproximadamente de 200 a 250 poemas que incluyen sonetos, romances, redondillas, villancicos y el extenso poema filosófico “Primero sueño”, considerado mi obra maestra, un poema de carácter neoplatónico que explora el conocimiento humano y la relación entre alma y cuerpo.

Otros de mis poemas que con frecuencia son incluidos en antologías son:
«Hombres necios» (Redondilla. Crítica mordaz al machismo y la doble moral de mi época).
«Este que ves, engaño colorido» (Soneto 145. Reflexión sobre la fugacidad de la vida y las apariencias.
«Al que ingrato me deja, busco amante” (Soneto 164. Trata el desengaño amoroso con ingenio barroco).
«Verde embeleso de la vida humana» (Romance 21. Analiza la ambición y los engaños mundanos).
Déjenme transcribir aquí uno de los poemas que apasiona a la poeta y editora venezolana Giordana García Sojo, quien junto a Ismael Hernández Lujano ha seleccionado algunos de mis textos en una bellísima coedición de la Embajada de los Estados Unidos de México y ediciones Nila en Caracas:

En que Describo Racionalmente los Efectos Irracionales del Amor
Este amoroso tormento
que en mi corazón se ve,
sé lo que siento, y no sé
la causa porque lo siento.
Siento una grave agonía
por lograr un devaneo
que empiece como deseo
y para en melancolía.
Y cuando con más terneza
mi infeliz estado lloro,
sé que estoy triste e ignoro
la causa de mi tristeza.
Siento un anhelo tirano
por la ocasión a que aspiro
y cuando cerca la miró
yo misma aparto la mano.
Porque si acaso se ofrece
después de tanto desvelo,
la desazona el recelo
o el susto la desvanece.
Y si alguna vez sin susto
consigo tal posesión,
cualquiera leve ocasión
me malogra todo el gusto.
Siento mal del mismo
bien con receloso temor,
y me obliga el mismo amor
tal vez a mostrar desdén.
Cualquier leve ocasión labra
en mi pecho de manera
que el que imposible venciera
se irrita de una palabra.
Con poca causa ofendida
suelo en mitad de mi amor
negar un leve favor
a quien le diera la vida.
Ya sufrida, ya irritada,
con contrarias penas lucho,
que por él sufriré mucho
y con él sufriré nada.
No sé en qué lógica cabe
el que tal cuestión se pruebe,
que por él lo grave es leve
y con él lo leve es grave.
Sin bastantes fundamentos
forman mis tristes cuidados
de conceptos engañados,
un monte de sentimientos.
Y en aquel fiero conjunto
hallo, cuando se derriba,
que aquella máquina altiva
sólo estribaba en un punto.
Tal vez el dolor me engaña,
y presumo sin razón
que no habrá satisfacción
que pueda templar mi saña.
Y cuando averiguar llego
el agravio porque riño,
es como espanto de niño
que para en burlas y juego.
Y aunque el desengaño toco,
con la misma pena lucho
de ver que padezco mucho
padeciendo por tan poco.
A vengarse se abalanza
tal vez el alma ofendida
y después arrepentida
toma de mí otra venganza.
Y si al desdén satisfago
es con tan ambiguo error
que yo pienso que es rigor
y se remata en halago.
Hasta el labio desatento
suele equívoco tal vez,
por usar de la altivez,
encontrar el rendimiento.
Cuando por soñada culpa
con más enojo me incito,
yo le acrimino el delito
y le busco la disculpa.
No huyo el mal ni busco el bien,
porque en mi confuso error
ni me asegura el amor
ni me despecha el desdén.
En mi ciego devaneo,
bien hallada con mi engaño,
solicito el desengaño
y no encontrarlo deseo.
Si alguno mis quejas oye,
más a decirlas me obliga,
porque me las contradiga
que no porque las apoye.
Porque si con la pasión
algo contra mi amor digo,
es mi mayor enemigo
quien me concede razón.
Y si acaso en mi provecho
hallo la razón propicia,
me embaraza la injusticia
y ando cediendo el derecho.
Nunca hallo gusto cumplido,
porque entre alivio y dolor
hallo culpa en el amor
y disculpa en el olvido.
Esto de mi pena dura
es algo del dolor fiero
y mucho más no refiero
porque pasa de locura.
Si acaso me contradigo
en este confuso error,
aquel que tuviese amor
entenderá lo que digo.
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Opiniones acerca de Sor Juana Inés de la Cruz
Giordana García Sojo dice de mi poesía: “Escribe con una fluidez verbal que parece empujada por el éxtasis, pero no por el éxtasis sensual velado por la fe ni por el éxtasis del arrebato, es el éxtasis del conocimiento concentrado en sí mismo como una especie de fuego del asombro filosófico hecho palabra y elocuencia, porque así se consuma: escribiendo.”
Rosario Castellanos: “Me destaca como símbolo de la lucha intelectual femenina en un mundo patriarcal y ve mi obra como una defensa precoz de los derechos educativos de las mujeres.”
Octavio Paz (en “Sor Juana Inés de la Cruz o Las trampas de la fe”): “Considera a mi poesía como síntesis del barroco hispanoamericano, fusionando tradición europea y sensibilidad novohispana; y a mí me considera como figura fundacional de la identidad mexicana, puente entre dos mundos”.
José Emilio Pacheco: “Resalta la modernidad de mi voz, especialmente en mi crítica social y en el uso irónico del lenguaje. Reivindica mi obra como parte esencial del canon literario hispanoamericano, más allá de etiquetas de género”.

(*) Sor Juana Inés de la Cruz. Si acaso me contradigo. Antología poética. Selección y presentación: Ismael Hernández Lujano y Giordana García Sojo. Nila Ediciones. Colección Primero Sueño, Caracas, 2024.
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Luis Alberto Angulo [Rivas]. Nació en Barinitas, estado Barinas (VEN), en 1950. Coterráneo de los poetas Enriqueta y Alfredo Arvelo Larriva. Autor de las sumas: Antología de la casa sola (Fundarte, 1982), Fusión poética (Universidad de Carabobo, 2000), La sombra de una mano (2005), Antología del decir (2013), y Coplas de la edad ligera (2021), títulos publicadas por Monte Ávila Editores, colección Altazor. Prologa la edición en vida de la Obra poética completa de Ernesto Cardenal (Editorial Patria Grande, Buenos Aires, Arg. 2008).
Premio del IV Concurso Internacional de la revista Poesía (UC), otorgado anteriormente a: Jim Seguel, Arnaldo Acosta Bello y Eli Galindo. En Valencia, ciudad donde reside desde hace más de cincuenta años, ha sido columnista de los diarios Notitarde, El Carabobeño y Ciudad Valencia, jefe de redacción de la revista Poesía (UC) y director de las revistas Zona Tórrida (UC) y Redve (Red Nacional de Escritores de Venezuela). Ha realizado selecciones poéticas de: San Juan de la Cruz, Miguel Hernández, César Vallejo, Ernesto Cardenal, Enriqueta Arvelo Larriva, Teófilo Tortolero, Gelindo Casasola, Rómulo Aranguibel, Lubio Cardozo y Ana Enriqueta Terán.
Ciudad Valencia












