Ponencia leída este miércoles 20 de mayo en la sede del CELARG en Caracas
Buenas tardes. Muchas gracias al Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), a la Cátedra Libré Rómulo Gallegos, a los profesores Pedro Calzadilla, Christian Vallés y Rosa Elena Pérez Mendoza por la invitación, y claro, muchas gracias a todos los catedráticos y fraternos “galleguianos” presentes en la sala, pero también a los que siguen e indagan en estas actividades de forma virtual.
Ya saben ustedes, por la información proporcionada, que no soy un académico ni un investigador literario como realmente desearía ser en este momento. Sin embargo, he intentado alguna vez el ensayo por lo que ese género ofrece de libertad formal. Presumo, en todo caso, que la amplia perspectiva de los coordinadores de la cátedra ha querido ofrecerles a ustedes la mirada de un poeta a secas sobre la figura del maestro Rómulo Gallegos, bajo cuyo nombre se cobija esta institución de significación continental que hoy nos convoca.
Escogí de manera espontánea hablar de “Cantaclaro” por razones sentimentales; fue la primera novela suya que leí y, además, Florentino Coronado, su principal personaje, alrededor del cual transcurre toda la novela, ha permanecido presente en mis propias etapas vitales. Fui ayudante de mi padre en el libro “Viento barinés” (UC, 1978), cuyo título inicial en 1968 fue “Contrapunto barinés”, y he publicado hace unos tres años “Coplas de la edad ligera”, libros donde siento la eterna deuda y agradecimiento con el “Cantaclaro”, que es el canto y el mismo poeta llanero.

La necesidad de indagar en nuestra literatura fundacional es obvia; sin embargo, frente a la desmedida agresión cultural, política y económica de factores exteriores e internos en los últimos años, que intentan borrarnos como nación, el significado de la interpretación y el estudio cobran una fuerza portentosa. No hay manera de entender el tiempo de hoy sin entender el pasado. Tampoco se puede crear una nueva literatura, una literatura de significación, de espaldas a la tradición en el encuadre de una interpretación eficaz sin prejuicios, alejada de la necia mezquindad.
Rómulo Gallegos es nuestro primer gran novelista, su vocación y voluntad creadora le vienen también de tener una visión inteligente, curiosa, que le permitió dialogar con la realidad, forjarse una noción del país y un proyecto como escritor. Como señala Orlando Araujo, no es un producto de generación espontánea, sino consecuencia del desarrollo de su tiempo.
Gallegos, además, no se debe olvidar, se hizo maestro pensando que podía ayudar al país, y estuvo muy influido por el llamado “Arielismo” de Rodó. He allí una pista a mi modo de entender los signos de la época, que marcan su peculiaridad.
Probablemente por haber sido Rómulo Gallegos una renombrada figura política (fue el primer presidente electo por votación universal, popular, directa y secreta de Venezuela; derrocado, según sus propias declaraciones, por un golpe de Estado con apoyo de EEUU), su desempeño como escritor ha sido tocado, a veces, por alguna crítica supuestamente literaria, pero política en el fondo.

Sin embargo, el ensayo de Orlando Araujo “Lengua y Creación en la obra de Rómulo Gallegos” (1955) vino a poner las cosas en orden. Asumir críticamente el análisis de la obra de Gallegos tiene un gran apoyo en ese ensayo del entonces joven Orlando Araujo y marcó una nueva perspectiva en nuestros estudios literarios.
Se ha dicho alguna vez, no sin alguna razón preceptiva, que el esquema narrativo de Gallegos es simple, sencillo, básico, carente de experimentación formal; sin embargo, nadie debe dudar de la eficacia de ese esquema capaz de crear un imaginario vivo en su tiempo y en el nuestro. Personajes como Florentino Coronado, el «Cantaclaro», se ve continuado en el Florentino Quitapesares del poema de Arvelo Torrealba, y ha dejado el marco del libro para vivir en donde ha estado siempre: un llano vivo, un horizonte que no reclama otra cosa que ser él mismo.
Leeré las notas que he venido tomado de aquí y de allá con el propósito de organizar a futuro un ensayo; por el momento ellas me servirán para hacer la exposición a la que me comprometí, quizás sin la reflexión que debí hacer antes de aceptar. Confío en la indulgencia de ustedes y en la gracia llanera que don Rómulo Gallegos desplegó en su obra.
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La copla errante
La novela Cantaclaro (1934) del narrador venezolano Rómulo Gallegos (Caracas, 1884-1969) se organiza en tres partes; las dos primeras están constituidas por nueve capítulos cada una de ellas y la última por once. Los 29 capítulos pueden ser leídos autónomamente pero se articulan en sí mismos de manera magnífica. Cada capítulo tiene vida propia.
Comentemos al margen que Gallegos, antes de asumir la novela, tuvo una actividad intensa y brillante como cuentista. Si algo lo lleva a la novela son esos cuentos, allí se ve de cuerpo entero al narrador prolífico, imaginativo y atento al mundo en el que vive.
La primera parte de Cantaclaro, considerada por algunos lectores como la más intensa, se inicia con el capítulo titulado «La copla errante», cuya primera línea, un verso mayor, dice así: «La Sabana arranca del pie de la cordillera andina«.
Perdónenme ustedes el atrevimiento, pero yo siento que nací en algún espacio de ese verso, allá en Barinitas, justamente en el pie de monte andino donde crecí oyendo historias de legendarios copleros, leyendas de la sabana distante, refranes, anécdotas, y sintiendo, en esencia, la unánime admiración de mis coterráneos más lúcidos por dos grandes obras de la literatura nacional que hablan del llano y lo interpelan hondo: la novela Cantaclaro de don Rómulo Gallegos y el poema Florentino y el Diablo de Alberto Arvelo Torrealba.
Mi condición “piedemontesa”, junto a la de haber intentado la escritura poética durante sesenta años, así como la fortuna de haber conocido de manera personal a Orlando Araujo, un paisano de Calderas, considerado entre los mejores críticos de la obra de Gallegos y la de Arvelo Torrealba; aunado todo ello a la amplitud de esta cátedra galleguiana que me convoca, es lo que me motiva a querer hablarles, aunque sea de manera somera, de Cantaclaro que, junto a Doña Bárbara y Canaima, conforman la trilogía novelística más excelsa de una producción también de excepción en el panorama narrativo nacional de la primera mitad del siglo XX. Una empresa bastante ardua para mí, lograr asumirla con un mínimo de originalidad frente a la abrumadora contribución bibliográfica existente.
Hacerlo en el marco de una cátedra que se ocupa de su obra y que tiene su sede en Altamira, donde entiendo estuvo asentada la casa donde residió al final de su vida nuestro gran escritor, al pie del maravilloso Guaraira Repano, el Ávila, en el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, es un alto honor y lo agradezco; también es una responsabilidad que excede mi iconoclasta formación académica en un campo en el que, aun reconociéndolo como propio, me siento bastante “advenedizo”, para usar la palabra con que titula uno de sus poemas mi paisana la poeta Enriqueta Arvelo Larriva, coetánea del narrador caraqueño y prima de Alberto Arvelo Torrealba, autor de Florentino y el diablo, poema de obligada referencia como tópico en el tema de la novela de Gallegos que me resulta más poética y cercana a mi propia realidad barinesa. Cantaclaro, en definitiva, merece mejor lector que yo; pero, intentaré al menos abrirle el tranquero a quienes se inician como críticos o lectores, ofreciendo alguna pista interesante de lectura.
A Bettino, Luis Alberto Angulo Urdaneta, mi padre, a Arvelo Torrealba, a Orlando Araujo, a Víctor Mazzei González, a Humberto Febres, a Leonardo Ruiz, a Franz Pérez Contreras, escritores barineses y florentinos de vocación, debo en gran parte el fervor a la figura de Cantaclaro; lo agradezco. De ese fervor arranca el canto de lo claro y la poética del decir que definen un hacer y un estar en el mundo.
Cantaclaro, la novela preferida de Gallegos
La más conocida de las novelas de Gallegos, tanto en el país como en el exterior, es de manera inequívoca Doña Bárbara, la más estudiada, editada, traducida, llevada al cine y cantada; sin embargo, el maestro Gallegos afirmó en ocasiones su preferencia por Cantaclaro; esto es un dato importante para hablar de ella en el contexto del análisis de la obra general galleguiana, que de manera especial en su novelística obedece, creo con firmeza, a un plan literario desarrollado paso a paso.

Gallegos es un escritor con un proyecto literario, con un ideario artístico y creativo; con un definido plan de escritura. Sus novelas no son el producto de una improvisación, de un arrebato creativo, sino la concreción de una indagación profunda, de una observación minuciosa, de una tensión vivida que estalla como escritura. Es un escritor que quiere expresar un país que guarda dentro de sí y no deja de crecer.
Leer Cantaclaro propone, ahora me percato, leer la obra de su autor como un cuerpo narrativo todo; Gallegos «forma parte importante del grupo que integran los novelistas de la tierra, donde figuran escritores reconocidos como Ricardo Güiraldes, José Eustasio Rivera y Alcides Arguedas» (José Ramón Medina, DELAL).
“Los novelistas de la tierra” que según Ángel Rama conforman: “Una corriente literaria que, en las primeras décadas del siglo XX, buscó definir lo propio frente a lo europeo” (1982).
La novelística galleguiana encarna en la literatura la diversidad geográfica y espiritual de Venezuela, un hecho imposible de ser azaroso y que es obra evidente de la intencionalidad, la intuición, la vocación, la formación y la disciplina del escritor.
Es interesante preguntarse por qué Rómulo Gallegos considera a Cantaclaro como su mejor novela. La interrogante excede mis posibilidades interpretativas y de análisis literario, pues implica una revisión exhaustiva de su obra, tan significativa y profunda como la alcanzada por Orlando Araujo. La pregunta es, obviamente: ¿por qué Gallegos le da a Cantaclaro ese privilegio? Yo creo que tiene que ver con un homenaje implícito a la oralidad y a la poesía, a las que el autor sentía les debía tanto en su obra. Lo dice Araujo al considerar a esta novela como la más poética del conjunto. Quizá también porque se ha dicho que es una obra abierta y «de conflictos diversos», que no es solo la novela de la copla, sino también, la novela de la soledad y de la muerte.
Pienso que en Cantaclaro el Programa Arielista es superado. En todo caso, es la novela menos arielista de toda su obra.
Mi primer acercamiento a esta novela lo realicé siendo un muchacho. Solo leí entonces las coplas que allí aparecen y me aprendí de memoria muchas de ellas. De manera especial me conmovió siempre esa copla que expresa el sentimiento de libertad infinita del llanero, y es hasta cierto punto una aspiración encarnada en el espíritu venezolano como herencia cultural: «Sobre la tierra la palma / sobre la palma los cielos / sobre mi caballo yo / y sobre yo mi sombrero».
Una observación a propósito de ese sentimiento libertario, citada por Adolfo Rodríguez en Los llanos: enigma y explicación de Venezuela, es certera: «el llanero jamás ha servido a la causa de la opresión ni de ninguna dictadura. Cuando la libertad está en peligro, responde con entusiasmo al primer llamamiento» (José M. Samper).

Sinopsis y contexto de Cantaclaro
Cantaclaro es una novela publicada en 1934 (hace 92 años), ambientada en los llanos venezolanos. Su protagonista, Florentino Coronado, conocido como «Cantaclaro», es un coplero errante y filósofo popular que recorre la llanura cantando y dialogando con la gente, encarnando la conciencia y la tradición oral de su pueblo. La trama se centra en su regreso a su tierra natal, donde se enfrenta a conflictos familiares, políticos y existenciales. La obra combina el realismo social con elementos simbólicos y poéticos, explorando temas como la identidad nacional, la justicia, el amor y la tensión entre civilización y barbarie (tema recurrente en Gallegos), pero con una manera de abordarlo peculiar que supera el esquema dualista y maniqueo.
1. Críticos literarios y sus criterios sobre Cantaclaro
«Los diversos episodios de la novela se unifican alrededor del personaje principal». De un modo distinto a otras novelas, «los conflictos están separados». En el capítulo «Conflictos y armonías» de Lengua y creación en la obra de Rómulo Gallegos se dice, reiteramos, que es una novela de conflictos diversos. Orlando Araujo, ya lo hemos dicho, titula el capítulo que le dedica: «Novela de la copla, de la soledad y de la muerte».
- Mariano Picón Salas destaca la «dimensión simbólica» de la novela, señalando que Gallegos transforma al llanero en un «héroe mítico» a través de la figura del coplero. Para Picón Salas, Cantaclaro es una exploración del alma venezolana a través de su oralidad (Picón Salas, 1940).
- Arturo Uslar Pietri subrayó la estructura «musical» de la novela, comparándola con una composición folclórica donde las coplas no son solo ornamentos, sino el eje narrativo, y la consideró la obra más lírica de Gallegos (Uslar Pietri, 1949).
(Uslar, por cierto, al final de su larga y prolífica vida, mostrará, en una entrevista que le hace Arráiz Lucca, cierto resentimiento en contra de Gallegos, tal vez porque reconoció finalmente que tanto en la esfera de lo político como de lo literario, este Cantaclaro le había tomado la delantera con una ventaja insalvable.)
- Gustavo Luis Carrera: en su ensayo Gallegos: la novela como paisaje (1979), analizó cómo el protagonista es un «trasunto del poeta popular» que cuestiona la modernidad desde la tradición. Carrera ve en Cantaclaro una crítica al caudillismo y un elogio de la sabiduría colectiva (Carrera, 1979).
- Ángel Rama: en Transculturación narrativa en América Latina (1982), ciertamente incluyó a Gallegos como parte de la «novela de la tierra»; pero, resaltó que en Cantaclaro hay una «superación del regionalismo» mediante la integración de lo popular como discurso filosófico (Rama, 1982).
- Beatriz González Stephan: desde una perspectiva contemporánea, ha estudiado la novela como una «performance de la oralidad», donde Gallegos recrea la copla no solo como forma literaria, sino como instrumento de resistencia cultural (González Stephan, 1987).
- Alberto Rodríguez Carucci ayudó a contemplar con otra mirada el binomio civilización-barbarie, analizándolo no solo como una dicotomía socio-política de la época, sino como un discurso que marginaba otras formas de conocimiento y la realidad cultural autóctona. Examina cómo las novelas de Gallegos (particularmente Doña Bárbara) operan como herramientas ideológicas de construcción de nación, algo que precisamente no ocurre en Cantaclaro.
2. La copla popular
La narrativa de Rómulo Gallegos se caracteriza por una profunda vinculación con el paisaje americano, entendido no solo como escenario, sino como fuerza determinante de la psicología de los personajes. Su obra oscila entre el realismo descriptivo (herencia del naturalismo) y una dimensión simbólica que eleva lo local a universal (Larrazábal, 1990).
En Cantaclaro, esto se manifiesta en la figura del protagonista: un hombre llano que, a través del canto, deviene en conciencia crítica de su sociedad. Gallegos emplea un lenguaje rico en imágenes y modismos vernáculos; pero, depurado por una prosa culta, con lo cual crea un hibridismo que refleja la complejidad de la identidad latinoamericana. En Cantaclaro el paisaje no está detrás de los personajes. La sabana habla. Se trata de una voz que nace en la sabana y vuelve a ella. La copla es memoria y resistencia. La forma canta y dice.

3. Cantaclaro y la tradición de la copla: la voz del pueblo
- La copla popular es el núcleo estructural y temático de la novela. Gallegos la utiliza de múltiples formas (Díaz Seijas, 1965):
- Como dispositivo narrativo: las coplas intercaladas en el texto avanzan la trama, revelan emociones o condensan conflictos éticos.
- Como símbolo de la cultura llanera: el canto de Florentino representa la memoria colectiva, la resistencia ante la opresión y la sabiduría ancestral.
- Como diálogo entre tradición y modernidad: a través de las coplas, Gallegos plantea la tensión entre el mundo rural (con sus valores y mitos) y la urbanización creciente.
- La copla en Cantaclaro es el vehículo de una poética que busca fundir arte y vida. El protagonista, al improvisar versos, se convierte en un «poeta-vidente» que interpreta la realidad social, similar a la función del juglar medieval (Carrera, 1979).
- Esto conecta con la tradición hispánica del romancero, pero también con las culturas indígenas y afro-venezolanas donde la oralidad es eje de la transmisión cultural (González Stephan, 1987).
4. Vinculación con la «novela de la tierra» y su trascendencia
Gallegos es un exponente de la «novela de la tierra» latinoamericana, corriente que, en las primeras décadas del siglo XX, buscó definir lo propio frente a lo europeo (Rama, 1982).
Cantaclaro, sin embargo, trasciende este marco al convertir lo regional en un espacio de reflexión filosófica. La copla actúa como puente entre lo individual y lo colectivo, lo rural y lo universal. Por eso, el autor la consideró su mejor novela: aquí logra una síntesis más orgánica entre forma y fondo, donde la musicalidad del lenguaje se integra al mensaje humanista (Uslar Pietri, 1949).
5. Florentino Coronado: el coplero como héroe lírico
En la novela Cantaclaro, la figura de Florentino Coronado, el coplero «Cantaclaro», representa una evolución en el esquema de Gallegos, alejándose del héroe puramente racional para encarnar el alma lírica y mítica del llano.
A diferencia de Santos Luzardo, Florentino no busca imponer el orden jurídico desde afuera, sino que es un personaje que vive y siente la sabana desde su propia esencia.
6. Características fundamentales de Florentino:
- Símbolo de la identidad popular: representa la sabiduría oral y el espíritu del llanero: aventurero, parrandero, mujeriego y valiente. Su canto es la herramienta que organiza la experiencia colectiva del pueblo.
- Protagonista ambiguo: a diferencia de otros héroes de Gallegos, es una figura compleja que mezcla generosidad con una «ceguera» ante las consecuencias de sus actos seductores y orgullosos.
- El vínculo con lo mágico: Florentino es el puente entre el mundo real y el legendario. Su vida está rodeada de supersticiones y espantos, que culminan en el famoso rumor de que se lo llevó el Diablo tras un desafío de canto.
- Evolución espiritual: la novela muestra una fractura cuando Florentino reflexiona sobre la miseria del campesino (personificado en Juan el Veguero), y se da cuenta de que la cantadera y la vida errante no bastan para solucionar las injusticias del país.
7. Función de «civilización» en el esquema narrativo:
Mientras que en otras obras la «civilización» es un agente externo (educación, leyes), en Cantaclaro la superación de la barbarie parece surgir de la concientización del propio hombre popular. Florentino deja de ser solo un músico para convertirse en un símbolo de resistencia y reflexión sobre el destino de Venezuela.
El diálogo incesante: Gallegos, Arvelo Torrealba y la leyenda que vive en el canto
Cantaclaro es un personaje que se escapa de la novela y encarna el imaginario poético venezolano. Un libro posterior recoge la leyenda del cantador que sobrevive al reto de las fuerzas oscuras: es el poema Florentino y el diablo de Alberto Arvelo Torrealba, que, precisamente, Orlando Araujo —el gran crítico de Gallegos, hemos reiterado— también analizará en su ensayo Contrapunteo de la vida y de la muerte, con el que obtendrá el Premio Nacional de Literatura.
En Doña Bárbara y en Cantaclaro está totalmente presente el llano venezolano, pero no es la misma visión, aunque se complementan una con la otra. En Cantaclaro, el llano es una presencia viva, un ánima que está por encima del drama que presenta Doña Bárbara. De manera similar, el coplero Florentino, de Cantaclaro, que se lo llevó Mandinga, en el poema de Arvelo Torrealba vence a las fuerzas oscuras y permanece vivo en el canto.

Conclusión general
Cantaclaro representa la cima de la poética galleguiana: una novela donde la tradición oral —encarnada en la copla— se erige como fuerza motriz del relato y como crítica social. Gallegos no solo retrata el llano venezolano, sino que lo convierte en un microcosmos de América Latina, donde la voz del pueblo, a través del canto, resiste al olvido y a la injusticia. La valoración de los críticos coincide en ver esta obra como un hito en la evolución del regionalismo hacia una literatura de mayor profundidad simbólica y compromiso ético.
Y es precisamente en la figura de Florentino Coronado donde esa voz popular alcanza su más alta expresión: un coplero que, desde la sabana, canta su libertad, enfrenta sus demonios —reales y míticos— y termina por convertirse, él mismo, en leyenda. Porque, como bien lo supo ver Alberto Arvelo Torrealba, el verdadero triunfo de Florentino no es vencer al Diablo en un contrapunteo, sino permanecer vivo en la memoria de su pueblo mientras exista quien lo cante.
Lenguaje y copla en Cantaclaro
El asunto del lenguaje es de vital importancia en una novela como Cantaclaro, en tanto que es una propuesta abierta en la que la copla errante, la forma como logra mejor expresión poética el llanero, es principal protagonista.
Indagar sobre esta tesis señalando a quienes la han sostenido es fundamental para sentar las bases de aproximación efectiva a la obra que el autor mismo decía preferir entre sus novelas.
La dimensión poética del lenguaje en Cantaclaro es el verdadero motor de la obra. Esta tesis —que la copla errante constituye tanto la mejor expresión poética del llanero como el protagonista principal de la trama— se apoya en el propio texto de Rómulo Gallegos.
Orlando Araujo: En «Lengua y creación en la obra de Rómulo Gallegos» (1955), define a Cantaclaro como la «novela de la copla», colocando esta forma poética en el centro de la interpretación. Su exhaustivo análisis del lenguaje y el estilo de Gallegos sienta las bases para un reconocimiento de la copla como «verdadero tema» de la novela.
Douglas Bohórquez, en su artículo «‘Cantaclaro y la aventura del héroe», identifica la copla como uno de los objetos fundamentales de la narración, al mismo nivel que la sabana y el caballo. Su análisis refuerza la idea de que la copla es un pilar estructural sobre el que se construye la novela.
Pero pertenece a Rómulo Gallegos, en la elección del título del primer capítulo, «La copla errante», la primera y más contundente declaración de intenciones del autor. En la novela, el personaje de Florentino afirma una profunda conexión entre la creación poética y el paisaje: «Los versos están en las cosas de la sabana; tú te la quedas mirando y ella te los va diciendo». Esto demuestra que, para el novelista, el lenguaje de la copla es la voz misma de la tierra y su gente.
La afirmación de que la copla es la «verdadera protagonista» de la obra es una noción recurrente en la recepción crítica y académica de Cantaclaro. Aunque personajes como Florentino Coronado llevan el peso de la acción, la copla es la que le da forma a su identidad impregnando toda la trama.
La tesis se sostiene al observar que la novela no se agota en las aventuras del coplero. Su trama y su lenguaje trabajan en conjunto para explorar la función del canto y la poesía popular en la sociedad. Esta perspectiva es clave en el análisis de Orlando Araujo, quien ve en la copla una herramienta para indagar en la «conciencia lingüística» y la identidad venezolana.
También es un punto central en trabajos contemporáneos que abordan sistemáticamente la función de la oralidad en la obra de Gallegos.
La evidencia textual de la propia obra demuestra que la copla es el eje estructural, estético y filosófico de la novela, constituyéndose en la máxima expresión poética del mundo llanero allí expuesto.
El análisis semiológico permite entender la copla no solo como un poema, sino como un sistema de signos complejo cuyo significado se construye en su contexto cultural. En Cantaclaro, la copla llanera es un vehículo de identidad arraigado al paisaje, diferenciándose radicalmente de la tradición clásica española.
La copla en la novela funciona bajo una lógica semiológica donde el significado emerge de la unión indisoluble entre el habitante, su entorno y su forma de vida.
Características:
- La copla como expresión de la tierra y de la comunidad, y forma compartida de ver el mundo, como un acto social que refuerza los lazos comunitarios.
- Es un acto vivo de habla donde el coplero actúa a la manera de chamán que canaliza la voz del llano. La improvisación y el duelo poético, el «contrapunteo» son fundamentales, como en el legendario desafío de Florentino y el diablo.
- El catire Florentino, «Cantaclaro», encarna al héroe cultural. Su maestría con la copla es signo de inteligencia y profunda conexión espiritual con el mundo, lo que le otorga una posición especial en la sociedad llanera.
- La novela se construye a partir de las coplas como principio estructural de la narración. La copla evoluciona de ser un personaje más, a ser el tema central y finalmente el vehículo de la acción, especialmente en el clímax del contrapunteo.
- Es el principio generador que dirige el relato. Funciona como un recurso literario o una expresión artística independiente, sin determinar necesariamente la estructura general de una obra.
- En resumen, la aportación magistral de Cantaclaro fue dotar a la copla llanera de una triple función semiológica: como identidad, como mito y como eje estructural de la narración. Esta profundidad es la que la diferencia de la copla clásica, que, en comparación, funciona en un registro predominantemente lírico y de entretenimiento.
En la escucha atenta de la sabana que propone Cantaclaro, se revela una sabiduría otra, la copla es la manera que tiene el mundo de decirse a través del hombre. Allí donde el racionalismo separa y clasifica, el canto de Florentino une tierra, memoria y presente en una sola voz. He allí la primera propuesta que late en esta novela: la copla como fundadora de una epistemología poética, una forma de conocer honda y válida como aquella que nos legó la tradición europea.
Pero, ese lenguaje propio, al erigirse como el don más preciado del coplero, es también su acto de soberanía. Florentino vence cantando, demostrando que quien domina la palabra de su tierra no se entrega ni a las sombras. La segunda propuesta es que el lenguaje es destino de libertad. Cantar la copla, hacerla nacer de la sabana, es un ejercicio de poder cultural frente a cualquier fuerza que pretenda borrarnos como pueblo.
Al cabo de este andar por los caminos de Cantaclaro, caemos en la cuenta de que Gallegos ha dejado una tercera lección: la novela no es el paisaje que se mira, sino el sistema de signos que lo interpreta. La arquitectura misma de la obra es una copla, su aliento poético sostiene la trama y a sus personajes. Superar la mirada pintoresca ha sido, quizás, el hallazgo principal de esta conferencia. Porque la identidad, al final, no está en la postal, sino en el canto y es una construcción permanente. Mientras exista quien cante, allí estará Florentino, mirando la sabana, esperando el verso que ella, al fin, le dice.
En todo caso he creído encontrar el motivo por el cual el autor dijo algunas veces que era su preferida. En Cantaclaro supera el esquema Arielista, positivista, pedagógico y se hace horizonte.
Cantaclaro es una poética (porque el horizonte no se conquista, se contempla y se camina).
Es un acto de soberanía (porque el horizonte es la patria sin cerca, sin aduana, sin más ley que la copla).
Es la superación del pintoresquismo (porque el horizonte no es un cuadro: es el lugar donde cielo y tierra se tocan, donde lo real y el mito se confunden).
Coplas recordadas de Cantaclaro*
Por los caminos del llano / mis cantares voy dejando, / el viento me va siguiendo /
y yo le voy contestando.
Por los caminos del llano / voy mis cantares buscando, / la copla pregunta cómo / y yo le respondo cuándo.
¿Dónde estoy que no me encuentro? / el testigo me interroga, / en este mundo por dentro / el árbol que se deshoja.
Del alma salen las coplas / vibrantes de sentimiento / y por eso mal cariño / hay de sobras en el viento.
Desde el llano adentro vengo / tremolando este cantar, / Cantaclaro me han llamado / ¿quién se atreve a replicar?
Hoy te quiero y hoy te olvido / pa’ recordarte mañana / que si me quedo contigo / yo pierdo y tú nada ganas.
¡Ah! madrugada más fría, / cuajadita de luceros / ¿quién vendrá por allá arriba / levantando ese polvero?
La mañana está saliendo, / los caminos van andando / y Florentino está oyendo / sin que le estén conversando.
Despide tu comedero / que te llevan pa’ Caracas / a cambiate por dinero /… ¡jui jillo …jui jillo … juillo!
*En el llano se dice que todas las coplas son de Cantaclaro. Las que recogió Gallegos y las inventadas a partir de esas…
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DISFRUTA TAMBIÉN:
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Luis Alberto Angulo (Barinitas, 1950). Poeta, coautor de Viento barinés (UC, 1977), y autor de las compilaciones: Antología de la casa sola (Fundarte, 1982), Fusión poética (UC, 2000), La sombra de una mano (2005), Antología del decir (2013), y Coplas de la edad ligera (2023) en Monte Ávila Editores. También de LAAR’S POÉTICA (Ciudad Valencia, 2026).
Ciudad Valencia/RN











