En esta entrega de Vestigios del Pasado, exploramos una curiosidad gomecista que ha sobrevivido solo gracias a una grabación realizada a una persona que ya falleció, la señora Lucila Hernández Ruí, sacando a la luz una historia de hace 25 años que contrasta con todo lo antes ya conocido y publicado, incluso en Maracay, en relación a los antecedentes históricos del famoso Toro de las Delicias.
Se trata de la historia del Toro de Las Delicias, más que una escultura, como la conocemos hoy en día en Maracay, realmente fue una mascota singular, que se ganó el afecto del general, y que después su recuerdo sirvió como inspiración para montar allí una escultura monumental que aún permanece como testimonio de una época marcada por el poder personalista y recia autoridad.

Una historia de afecto y privilegio
Según relatos transmitidos oralmente, el entonces presidente Juan Vicente Gómez era un apasionado de los animales. Poseía numerosas mascotas, muchas de ellas eran obsequios de personas que buscaban ganarse su confianza y respeto. En una ocasión, una vaca de uno de los potreros de su hacienda murió, dejando huérfano a su cría. Gómez, conmovido por la situación, ordenó que se le brindaran todos los cuidados necesarios al becerro, que con el tiempo se convirtió en un toro robusto y querido por el mandatario.
El afecto del general por el animal era tal, que los Ministros cuando venían a Maracay para rendirle cuentas, le llevaban regalos al Toro como una forma de ensalzar al presidente. Sin embargo, con el paso del tiempo, el Toro comenzó a mostrar signos de debilidad. No se trataba de una enfermedad, sino de una necesidad biológica: pues ya estaba en celo. Gómez ordenó entonces acondicionar un lugar seleccionado para el Toro y traerle las mejores vacas disponibles. En cuanto a su nombre, hasta hoy se desconoce si lo tuvo, pero lo más probable que lo haya tenido.
Orígenes y tragedia en la Hacienda Las Delicias
Esta historia proviene del testimonio de la señor Lucila, quien era hija de uno de los hermanos Hernández, antiguos propietarios de Sabana de Paja. Ella comentó que estas tierras fueron vendidas progresivamente a Gómez, quien al consolidar su propiedad las renombró como Hacienda Las Delicias, su gran casona estaba muy cerca de lo que hoy es el Zoológico de Maracay.
Un día, mientras el Toro bebía agua, fue mordido en la trompa por una serpiente cascabel, lo que provocó su muerte instantánea. Se dice que el veterinario encargado desapareció por temor a represalias, aunque Gómez de igual modo se enteró del hecho. El Toro fue enterrado en un lugar desconocido, y según cuenta la señora Lucila Hernández Ruí, el general lloró desconsoladamente a su querida mascota.
El tributo escultórico: “Mi general, este no se le muere”
Tiempo después, uno de los nietos de Gómez, Marcos Santana, decidió rendir homenaje a su abuelo a través de un enorme regalo de cumpleaños. Encargó una escultura de tamaño real de un toro al escultor francés Isidore Bonheur. La obra, traída desde Alemania en 1933, incluía una inscripción que decía: “Mi general, este no se le muere”, y lo hace con la intensión de recordarle el dolor sufrido al fallecer su tan querido Toro y al mismo tiempo animarlo a través de su escrito que «este no se le iba a morir». La escultura fue colocada en un pedestal en la Hacienda Las Delicias, y existen reseñas fotográficas de la época que documentan su instalación.
Importante destacar que el autor de la escultura, era un especialista en la representación de animales, y representa un animal de cría pecuaria de raza mediterránea que mide 1,95 x 1,05 x 2,85 mts aproximadamente.
Con el paso del tiempo, la base original fue sustituida por otra, y aunque la hacienda fue transformada y sus vestigios casi borrados del mapa, la escultura permanece en el mismo lugar desde 1933, haciendo la observación que la base de su pedestal lo fueron reduciendo de tamaño hasta llegar a la altura que ostenta en la actualidad.
El Toro de Las Delicias Patrimonio cultural aragüeño
Hoy en día, la escultura es conocida como El Toro de Las Delicias el cual tiene su protección patrimonial como Bien de Interés Cultural de la Nación, según providencia administrativa 012/05 (Primer Catálogo Venezolano publicado por el Instituto de Patrimonio Cultural de Venezuela).
Se encuentra en una pequeña redoma de la avenida que lleva el mismo nombre, justo donde se ubica el zoológico de la ciudad. Gracias a las fotografías históricas, es posible comparar la ubicación original con el paisaje urbano actual.
Una historia rescatada del olvido
Tras consultar diversas fuentes en redes sociales e internet, se ha determinado que esta es la primera vez que se publica esta versión de la historia. La narrativa popular sostiene que el Toro representa un tributo a la ganadería y a la afición por la fiesta brava, lo cual no es del todo cierto.
Sin embargo, gracias a la entrevista realizada por Wladimir Alberto Rodríguez Centeno actual Coordinador de Patrimonio Histórico de la Gobernación de Aragua a la señora Lucila Hernández Ruí—cuyos audios fueron grabados antes de su fallecimiento entre el 4 de mayo y el 8 de junio del año 2.000— se ha podido rescatar esta versión más íntima y personal de lo que verdaderamente sucedió con el Toro, donde seguramente historias como estas, todavía se recuerdan en aquellos pueblos y antiguas fincas en los alrededores del Lago de Tacarigua, lugares por el que transitaba el General Juan Vicente Gómez cotidianamente.
Rodríguez sostiene y desmiente las versiones que sea han viralizado en redes sociales y otros medios de comunicación, que dicha escultura fue colocada allí en tributo a la ganadería maracayera, al contrario, esta es la versión nunca antes expuesta sobre los verdaderos orígenes según entrevista oral que hasta hoy mantiene en su resguardo.
El Toro de Las Delicias
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El Toro de Las Delicias
Entre la memoria y el mito
Las historias contadas por quienes vivieron cerca de los protagonistas de épocas pasadas suelen contrastar con las versiones oficiales y populares, esto es muy común. Muchas veces, estos relatos no están escritos en libros, sino que sobreviven en la memoria de quienes ya no están entre nosotros. El Toro de Las Delicias es más que una escultura: es un símbolo de afecto, poder y tradición que nos conecta con un capítulo curioso y poco conocido del gomecismo en Venezuela.
Ciudad Valencia / DT













