En esta nueva entrega de la serie “Vestigios del Pasado” en la serie Cultura Ancestral, nos adentramos en las profundidades del tiempo para explorar uno de los hallazgos arqueológicos más significativos del centro-norte de Venezuela: los descubrimientos en el sitio conocido como Los Cerritos, ubicado en el municipio Los Guayos, estado Carabobo.

Este enclave, situado en las inmediaciones del Lago de Tacarigua (Lago de Valencia), nos revela una historia enterrada durante siglos bajo la tierra y rescatada gracias a la tenacidad de investigadores y comunidades locales.

A través de esta crónica, gracias a la fuente directa del Boletín N.2 del Instituto de Antropología e Historia del estado Carabobo conoceremos los vestigios de una cultura ancestral que dejó huellas indelebles en forma de tinajas funerarias, restos óseos y objetos rituales, testimonio de una cosmovisión compleja y profundamente espiritual.

Primeros hallazgos: el despertar de Los Cerritos de Los Guayos

Entre 1964 y 1966, se realizaron excavaciones que revelaron un impresionante conjunto de materiales arqueológicos: tinajas fúnebres, cráneos, vértebras, mandíbulas, huesos largos, herramientas líticas como achuelas y martillos, cuencos, adornos, atavíos y, de forma sorprendente, entierros de simios.

Estos descubrimientos fueron posibles gracias al informe preliminar de la investigadora Enriqueta Peñalver Gómez, quien documentó los hallazgos tras una visita inicial en 1961 como estudiantes de la Escuela de Antropología y Sociología de la Universidad Central de Venezuela.

 

 

El hallazgo fue fortuito. Durante la preparación de una siembra de maíz en el terreno del señor Antonio Salazar Maza, las labores agrícolas dejaron al descubierto tinajas funerarias semienterradas. A pesar de que se extrajeron algunas piezas, la excavación fue abandonada tras el muestreo inicial, permitiendo que el terreno volviera a ser utilizado para la agricultura.

 

Retorno a la historia: el impulso institucional

Años después, la ahora antropóloga Enriqueta Peñalver retomó el proyecto, fundando el Instituto de Antropología e Historia del Estado Carabobo. Con el respaldo del Ejecutivo Regional y la Secretaría de Educación, se reiniciaron las labores arqueológicas en Los Cerritos. Para ello, fue necesario gestionar recursos, permisos oficiales y la autorización del propietario del terreno.

Los Cerritos se ubican al este del municipio Los Guayos, al norte del río homónimo, que desemboca en el Lago de Tacarigua. Frente a este punto, en la margen sur del río, se encuentra el pueblo El Roble, lo que sugiere la existencia de dos comunidades vecinas en la antigüedad.

La estratigrafía del lugar indica que el río era caudaloso y navegable, lo que lo convertía en una vía de comunicación esencial para los antiguos habitantes.

 

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Un cementerio milenario: prácticas funerarias y cosmovisión

Los hallazgos en Los Cerritos de Los Guayos son eminentemente funerarios, lo que indica que el sitio funcionó como cementerio durante milenios. Los estudios revelaron que en las primeras etapas se practicaba la incineración, posteriormente se adoptó el entierro secundario, colocando los restos humanos en grandes vasijas de arcilla finamente elaboradas.

Se encontraron numerosos entierros primarios de cuerpos incinerados, así como tinajas fúnebres con entierros múltiples secundarios. Uno de los aspectos más llamativos fue el hallazgo de más de veinte tinajas con esqueletos de monos, enterrados con el mismo ritual y cuidado que los humanos. Estas prácticas sugieren una profunda estima hacia estos animales, posiblemente considerados seres espirituales o protectores.

 

Simbolismo y espiritualidad: los monos como deidades

Los entierros de simios no solo compartían el espacio con los humanos, sino que también incluían ofrendas alimenticias y collares hechos con dientes de mono. Estos collares, según los estudios, tenían un carácter religioso y funcionaban como amuletos, representando una deidad protectora.

Esta evidencia apunta a una cosmovisión en la que los animales ocupaban un lugar sagrado, compartiendo el más allá con los humanos.

Durante las excavaciones se recuperaron tinajas completas para almacenar líquidos, pulidas con engobe blanco y con restos de carbón, lo que indica que fueron cocidas al fuego abierto.

Algunas piezas, como tazones finamente elaborados, presentan características similares a las cerámicas del estado Lara, lo que sugiere posibles intercambios culturales entre grupos indígenas de distintas regiones.

También se hallaron tinajas funerarias con esqueletos de monos sobre restos humanos desordenados, lo que refuerza la hipótesis de entierros secundarios.

Entre los objetos líticos destacan martillos y otras herramientas, testimonio del desarrollo tecnológico de estas comunidades.

 

Una ventana al pasado que aún nos habla

Los hallazgos en Los Cerritos de Los Guayos no solo revelan prácticas funerarias complejas, sino también una red de creencias, relaciones intercomunitarias y expresiones artísticas que enriquecen la historia prehispánica del centro de Venezuela.

Este sitio arqueológico, aunque parcialmente destruido por la actividad agrícola, sigue siendo una fuente invaluable para comprender la vida y espiritualidad de los pueblos originarios que habitaron los alrededores del Lago de Tacarigua.

A más de seis décadas de aquellas primeras excavaciones, la memoria de estos descubrimientos sigue viva en la comunidad y en los registros académicos. Los Cerritos nos recuerdan que bajo nuestros pies yacen las huellas de civilizaciones que, aunque silenciadas por el tiempo, aún tienen mucho que contar.

 

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Ciudad Valencia/DT/RN