Aborto, matrimonio igualitario y legalización de la marihuana es el legado político de Pepe Mujica. Y una vida filosófica como Sócrates o Diógenes. Creo que su verdadero legado es su vida filosófica. Un Sócrates socialdemócrata. Más platón (ironía socrática) y menos Marx.
Pero su República (la de Mujica) no se parece a la Utopía de Tomás Moro. Para no cambiar las estructuras económicas tuvo los pies en la tierra. Y el opio de los pueblos (cannabis con irreligión) fue una de sus formas, aunque entiendo que solo era aficionado al mate. Lo admiro y sé que mis palabras le hubiesen gustado. Apostó como buen reformista a cambiar primero las mentalidades.
No hubo cicuta para el filósofo Pepe (nuestro Chávez sería envenenado) y los medios internacionales propagaron sus ironías contra el poder, en un “por ahora” a su manera, que esperamos que algún día tenga efecto en un cambio del mundo.
Paso del marxismo leninismo de Los Tupamaros a la socialdemocracia del siglo XXI. Y fruto de esa metamorfosis atacó, medio en serio, medio en broma, los procesos revolucionarios de Nicaragua, Cuba y Venezuela, desde una perspectiva que tenía más de crítica que de auto crítica: persuadía Pepe, no trataba de convencer a nadie. Una vida revolucionaria sin duda.
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¿Cambió su vida pero transformará el mundo? Hombres como Samuel Robinson son necesarios para formar un futuro “Simón Bolívar”. Dejó pendiente la lucha frontal contra los poderosos y por la equidad social en Uruguay y en América Latina.
No fue Chávez ni Maduro. El legado político de Pepe Mujica está por verse, es asunto del futuro. Esperemos que en un tiempo no tan lejano confluyan esas distintas formas de lucha.
Ciudad Valencia / Pedro Téllez













