"La Campaña de Oriente de 1813", por Ángel Omar García
Ángel Omar García González

Historia y Memoria / Unidos por el amor a la patria

Amigas y amigos, constructores de sueños, forjadores de esperanzas: La Historia está llena de hechos curiosos que nos resultan casi inverosímiles, bien sea por lo asombroso de los acontecimientos, por lo atípico de las situaciones o, como en el presente caso, por tratarse de personajes cuya percepción en el imaginario colectivo resulta antagónica. Tal es el caso de la coincidencia ideológica que tuvieron, respecto a la defensa de la patria, dos personajes diametralmente opuestos: el general Cipriano Castro y el doctor José Gregorio Hernández Cisneros.

Restaurar la República

Tras haber permanecido algunos años en relativa paz, luego del triunfo de la llamada Revolución Legalista de 1892 y el ascenso al poder del general Joaquín Crespo, la Venezuela de finales del siglo entraría en una profunda crisis política derivada de las denuncias de fraude electoral que, para los comicios del año 1897, señaló el candidato presidencial por el Partido Liberal Nacionalista José Manuel (el Mocho) Hernández, quien se enfrentaba al general Ignacio Andrade, que contaba con el apoyado por el presidente Crespo.

Denunciaba el emblemático candidato que las mesas electorales habían sido ocupadas impidiendo el libre ejercicio del sufragio y forzando un resultado que no respondía a la voluntad de los electores. Luego de estas denuncias, “el Mocho” Hernández fue puesto en prisión, y liberado en febrero de 1898, tras lo cual comenzó a organizar una insurrección armada que comenzó en el occidente de Carabobo el día 2 de marzo, la cual es conocida en la historiografía nacional como Revolución de Queipa.

La muerte en campaña del general Joaquín Crespo en la Mata Carmelera (estado Cojedes), el 16 de abril de 1898, dejó en una situación de minusvalía al naciente gobierno de Ignacio Andrade. La crisis política se agudizaría tras la invasión a Venezuela que, desde Colombia, encabezaba el general Cipriano Castro al frente de la llamada Revolución Liberal Restauradora.

El triunfo de esta Revolución, el 23 de octubre de 1899, produjo la incorporación de los andinos a la vida política nacional y abrió las puertas para un conjunto de cambios en los órdenes político, social y cultural. Desde la jefatura del Estado, Castro prometió “Restaurar la República”. Pronto, la grave situación económica y financiera del país, las medidas que implementó para resolverlas y su atrabiliaria personalidad, lo llevarían a enfrentar dos desafíos de envergadura: la Revolución Libertadora y el bloqueo a las costas venezolanas promovido por Alemania, Inglaterra e Italia.

La situación económica y financiera del Estado venezolano a la llegada de Castro al gobierno eran muy precarias, razón por lo cual el mandatario procuró obtener préstamos de la banca nacional, la cual se negó a otorgarlos. Luego de diversas negociaciones y ante la reiterada negativa de los banqueros, el presidente los sometió a prisión.

Posteriormente, tras su liberación y con el apoyo de la compañía norteamericana New York & Bermúdez Company, se financió un movimiento para derrocar al presidente Cipriano Castro conocido como Revolución Libertadora, que tuvo como jefe máximo banquero Manuel Antonio Matos, acción que terminó en fracaso tras la derrota de todo el caudillaje decimonónico venezolano.

En este contexto compañías transnacionales de Gran Bretaña y Alemania demandaron el pago de viejas deudas, así como, resarcir daños causados a sus connacionales durante el último conflicto armado. El 9 de diciembre de 1902, 15 unidades de la armada británica, alemana e italiana, actuando en conjunto, atacaron el puerto de La Guaira y desembarcaron tropas y produjeron el desalojo de sus representantes diplomáticos.

Esta agresión extranjera el permitió al presidente Cipriano Castro levantar las banderas de la soberanía nacional a través de una célebre proclama: “La planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la patria”, y convocar a la unión de los venezolanos, para lo cual liberó a los presos políticos, entre ellos, el emblemático “Mocho” Hernández. En este contexto y ante el llamado del presidente de la República, hasta el “médico de los pobres” respondió a la convocatoria para defender el suelo patrio.

Un pacifista toma las armas

Hasta ese entonces el Dr. José Gregorio Hernández no pasaba de ser un hombre de ciencia que venía ejerciendo la docencia en las cátedras de Histología Normal, Patología, Fisiología Experimental y Bacteriología en la UCV, y que había escrito trabajos como: Lecciones de Bacteriología, Estudios de Parasitología venezolana y Elementos de Embriología General.
También, había sostenido un interesante debate público con el eminente Dr Luis Razetti, en el que argumentaba las razones por las cuales la Academia de Medicina no debía acoger como doctrina la llamada Teoría de la Descendencia; un criterio que más allá de los argumentos científicos resultaba una posición comprensible en un hombre devoto como él.
Tras graduarse de Doctor en Medicina en la UCV, en junio de 1888, José Gregorio Hernández regresó a su pueblo natal Isnotú en el estado Trujillo y se dedicó a la atención, especialmente, de los más vulnerables en la región andina. Por su sobresaliente desempeño como estudiante, amigos recomendaron al presidente de la República Juan Pablo Rojas Paúl, que le otorgara una beca realizar estudios en Francia, los cuales comenzó en 1889.
Tras su regreso de Europa se incorpora a la docencia en la UCV y funda las cátedras de Histología Normal y Patología, Fisiología Experimental y Bacteriología, siendo esta última, la primera creada en América Latina. Los estudios sobre bacteriología fueron posibles, entre otras razones, porque el Dr José Gregorio Hernández fue responsable de introducir en el país el primer microscopio, así como equipos médicos y textos de medicina, todo esto siguiendo instrucciones del gobierno nacional quien le encomendó estas gestiones.
Pese al estilo vida dedicado a la investigación científica, la docencia, la devoción a Cristo y a la Santísima Virgen María, entre quienes acudieron al llamado realizado por el presidente Cipriano Castro para defender la patria estuvo uno de sus paisano, no de pueblo sino de región: el Dr Hernández, quien, aunque no compartía los ideales políticos de aquél y era ajeno a cualquier tipo de violencia, pues era un pacifista convicto y confeso; sin embargo, no dudó en manifestar su voluntad en tomar las armas para defender la patria, según quedó registrado en la boleta de inscripción levantada en la Jefatura de Milicias Nº 1 de la parroquia Altagracia de Caracas, el día 11 de diciembre de 1902, documento en el que se asentaron los datos personales de quienes acudieron, voluntariamente, para salir en defensa de la soberanía nacional.

La patria está primero

Este hecho anecdótico cobra una vigencia sustantiva en nuestros días cuando observamos la posición de “venezolanos” que orientados por ideologías contrarias al gobierno actual, promueven la imposición de medidas coercitivas unilaterales, la intervención armada al territorio nacional, la confiscación de activos y la muerte de compatriotas; llamados que se hacen, la inmensa mayoría, desde el exterior a buen resguardo de sus efectos y repercusiones.
Y sobre todo, adquiere significado en momentos cuando se ha convocado la realización de un referéndum en torno a la defensa del territorio Esequibo, un aspecto que debe concitar la unión de todas y todos los venezolanos sin distingos de ninguna naturaleza. En esta coyuntura actual, el ejemplo del Dr José Gregorio Hernández Cisneros es una bofetada histórica que recuerda que la patria, siempre, está primero.

 

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Ángel Omar García González (1969): Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales, y Magister en Historia de Venezuela, ambos por la Universidad de Carabobo, institución donde se desempeña como profesor en el Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Educación. En 2021 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Alternativo por la Columna Historia Insurgente del Semanario Kikirikí. Ganador del Concurso de Ensayo Histórico Bicentenario Batalla de Carabobo, convocado por el Centro de Estudios Simón Bolívar en 2021, con la obra “Cuatro etapas de una batalla”. Es coautor de los libros “Carabobo en Tiempos de la Junta Revolucionaria 1945-1948” y “La Venezuela Perenne. Ensayos sobre aportes de venezolanos en dos siglos”.

 

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