Amigas y amigos, constructores de sueños, forjadores de esperanzas: En el inventario de los enfrentamientos bélicos que tuvieron lugar en el territorio carabobeño durante el proceso independentista, hay dos que merecen ser destacados por su especial significación: la Batalla de Bárbula, ocurrida el 30 de septiembre de 1813, y la de Trincheras, ocurrida el 3 de octubre del mismo año.

La significación de ambos enfrentamientos está derivada, por una parte, de la muerte en combate de uno de los oficiales neogranadinos que acompañaba a Bolívar en la llamada Campaña Admirable: Atanasio Girardot, así como de las acciones que ordenó Bolívar para honrarlo; de la otra, la pérdida de mando militar que al poco tiempo tuvo el Capitán General español Domingo Monteverde a consecuencia de las heridas recibidas en la Batalla de Trincheras.

 

DEL MISMO AUTOR: MANIFIESTO DE CARÚPANO

 

Otros involucrados

La independencia fue inicialmente un proceso elitesco conducido por el sector más privilegiado de la sociedad, cuyo principal interés radicaba en sustituir la antigua dominación colonial por una nueva organización jurídico-política que incorporara la aspiración del mantuanaje criollo de ejercer el poder político manteniendo la misma estructura de desigualdad: una sociedad de castas regida por la condición racial, el poder económico y religioso que afianzara sus intereses de clase, en tanto que los sectores esclavizados, mestizos, pardos e indígenas permanecerían en la misma condición de oprimidos en que estuvieron durante la época colonial.

Esto explica, en gran medida —además de los aspectos señalados por Bolívar en el Manifiesto de Cartagena de 1812—, las causas por las que se perdió la Primera República, fenecida oficialmente tras la capitulación acordada entre los generales Domingo Monteverde y Francisco de Miranda el 25 de julio de 1812.

Luego de los polémicos sucesos que culminaron en la captura de Miranda por las fuerzas españolas —de los que tendenciosamente solo se pretende responsabilizar a Bolívar, aunque hubo otros involucrados— éste logró salir del territorio venezolano y trasladarse a Nueva Granada donde se puso a las órdenes del gobierno, obtuvo comando de tropas, logró consecutivos triunfo militares en el Magdalena y se aproximó a la frontera de la antigua Capitanía General de Venezuela por Táchira.

Tras obtener autorización del Congreso neogranadino ingresó con fuerzas de esa nación al territorio venezolano dando inicio así, en mayo de 1813, a lo que la historiografía patria llamará la Campaña Admirable. Del contingente neogranadino que vino con Bolívar hicieron parte tres oficiales que pronto alcanzarían la gloria en suelo patrio: Atanasio Girardot, Antonio Ricaurte y Luciano D’Elhuyar.

Tras un recorrido militarmente exitoso de tres meses, Bolívar entró en Caracas el 6 de agosto de ese año y anunció la restauración del gobierno republicano y sus instituciones. Paralelamente otras fuerzas patriotas, comandadas por el general Santiago Mariño, avanzaban con éxito por el oriente venezolano liberando esa región del territorio.
No obstante, a pesar de estas victorias, la amenaza enemiga era real y continuaba latente. Las tropas realistas atrincheradas en el castillo de Puerto Cabello tenían la posibilidad de movilización marítima y terrestre, de recibir refuerzos desde el exterior y capacidad para una resistencia prolongada. A esto se sumaba el discurso de odio promovido por José Tomás Boves contra los criollos, especialmente los mantuanos, y la criminalización de la República.

Bolívar tomó entonces la decisión de contener la movilización terrestre de Monteverde —quien había recibido refuerzos el día 14 de septiembre de una escuadra española que transportó al regimiento Granada—, poniendo sitio a la plaza de Puerto Cabello desde el cerro de Naguanagua. Este es un espacio geográfico que posee las condiciones de mirador natural al litoral porteño, al valle de San Diego y la ciudad de Valencia; lugar frecuente de pernocta, sitio para recargar bastimentos y encrucijada estratégica en el tránsito hacia Valencia y Caracas.

La anarquía realista

Según el cronista Armando Alcántara, en el año 1782 las autoridades coloniales respondieron a la solicitud de un grupo de vecinos del sector, encabezados por los señores Manuel López y Dionisio Matute, quienes mediante documento requirieron al gobierno eclesiástico de la época la creación de un curato.

En respuesta fue creada la Parroquia Eclesiástica Naguanagua, una decisión que denotaba la existencia de un núcleo poblacional relevante al punto de considerar la necesidad de atención religiosa in situ. Era Naguanagua, entonces, el punto estratégico desde donde sitiar a las tropas realistas atrincheradas en el Castillo Puerto Cabello.

Para historiadores como Rafael María Baralt, la salida de tropas desde Puerto Cabello hacia Valencia resultó arriesgada, lo cual habría sido el resultado de la táctica diseñada por Bolívar. Con el propósito de atraerlos a una batalla campal, El Libertador levantó el sitio el día 17 de septiembre trasladando sus fuerzas a Valencia donde obtuvo refuerzos.

El día 26, Monteverde, al frente de una división, salió de Puerto Cabello. Bolívar realizó los reconocimientos del territorio y distribuyó sus fuerzas de forma escalonada desde Naguanagua hasta Valencia tratando de atraer a los realistas al territorio llano, en la seguridad de que el empleo de la caballería le otorgaba ventaja.

El día 30 septiembre de 1813, Bolívar ordenó un ataque ejecutado en 3 columnas comandas por Atanasio Girardot, Luciano D`Elhuyar y Rafael Urdaneta. Vencida la resistencia enemiga, los patriotas se apoderaron de la sabana y las alturas del cerro de Bárbula. Bobadilla, el jefe realista, emprendió la retirada perseguido por el escuadrón Dragones de Caracas. Habría sido en esta acción, en el momento en que intentaba plantar la bandera en lo alto del cerro, que Girardot recibió el mortal disparo que cegó su vida.

Bolívar lamentó profundamente la muerte del valiente oficial y para honrar su heroísmo, dispuso que todos los venezolanos llevaran luto por espacio de un mes, que su familia gozara de pensión perpetua equivalente al sueldo devengado, que su corazón fuese trasladado en pompa triunfal a la ciudad de Caracas y depositado en el mausoleo que debía erigirse en la iglesia metropolitana, y que su nombre fuera inscrito en los registros públicos como bienhechor de la patria.

La muerte de Girardot insufló en las tropas patriotas el deseo de vengar la muerte del ilustre oficial neogranadino. Bolívar no solo lo consintió, sino que lo estimuló encargando al Teniente Coronel Luciano D` Elhuyar para comandar las acciones contra los españoles. Éste no solo era un connacional de Girardot, era un compañero de armas y un hermano de la vida.

Tras la derrota en Bárbula, los realistas permanecieron al acecho en los alrededores de Trincheras, localidad cercana que ofrecía condiciones ideales para la vigilancia enemiga, garantizaba el abastecimiento de agua y una retirada segura al castillo de Puerto Cabello.
El día 3 de octubre, tras un reconocimiento de las posiciones realistas, los patriotas, comandados por Luciano D`Elhuyar, plantaron combate a los españoles. Las condiciones del terreno dificultaban aún más el enfrentamiento; sin embargo, la valentía, intrepidez y el deseo de vengar al oficial caído actuaron de acicate en el combate. Fue en medio de la refriega que el general Domingo Monteverde resultó herido, lesión que en breve tiempo le hizo perder en mando de las tropas realistas.

Con el triunfo en la Batalla de Trincheras no solo se vengó la muerte de Girardot, también se contuvo momentáneamente el avance realista y, lo más importante, el gobierno español perdió a un Capitán General en funciones, situación que alteró el mando del ejército español y facilitó la anarquía desatada por José Tomás Boves.

Es por esta última razón que las Batallas de Bárbula y Trincheras no deben ser consideradas como un episodio militar más en los esfuerzos por sostener el gobierno, sino como punto de inflexión cuyas consecuencias tuvieron repercusión en el desenlace de la llamada Segunda República.

 

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"La Campaña de Oriente de 1813", por Ángel Omar García

Ángel Omar García González (1969): Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales, y Magister en Historia de Venezuela, ambos por la Universidad de Carabobo, institución donde se desempeña como profesor en el Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Educación. En 2021 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Alternativo por la Columna Historia Insurgente del Semanario Kikirikí. Ganador del Concurso de Ensayo Histórico Bicentenario Batalla de Carabobo, convocado por el Centro de Estudios Simón Bolívar en 2021, con la obra “Cuatro etapas de una batalla”. Es coautor de los libros “Carabobo en Tiempos de la Junta Revolucionaria 1945-1948” y “La Venezuela Perenne. Ensayos sobre aportes de venezolanos en dos siglos”.

 

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